viernes, 13 de mayo de 2011

Tenía que ser él.








Muchos decían que era un super héroe aburrido con enemigos debiluchos cuya peor preocupación era no perder jamás el rizo. Sin embargo, los reclamos de estos aficionados a las historietas cómicas se terminaron en 1992 cuando DC Comics decidió acabar -parcialmente- con la vida de Supermán enfrentándolo a un fortachón proveniente de las entrañas de la Tierra que no pasaría un exámen de pre primaria llamado Doomsday. Posteriormente el mundo estuvo en caos y al final muchos de los fanboys reclamaron el regreso del más grande de los super héroes cuando al final en otra edición especial vio su regreso triunfante para proteger a los ciudadanos de Estados Unidos.
Si enfrentarse a la belicosidad de nuestro país vecino era terrible, imaginen ahora si llegaban a usar a su arma secreta: el hombre de calzoncillos rojos y goma en el cabello que con tan solo un esfuerzo de rutina podía apaciguar a ejércitos enteros en bien de la "libertad mundial".

Ahora, Superman es un indocumentado viviendo en E.E.U.U. y además es utilizado por el gobierno para resolver los asuntos de nuestro país vecino. Pues eso ya no más.
Así es señores en el ACTION COMICS #900 Superman se cuestiona por primera vez la política estadounidense y renuncia a su calidad de ciudadano y servidor del presidente de los Estados Unidos. Tras una visita a Teherán para apoyar a protestantes contra los ataques de America recibe un llamado de atención de parte de la presidencia Norteamericana.
Entonces, molesto vuela a Washington y se entrevista con Barack Obama es ahí cuando Supermán le dice a la cara al presidente de Norte America que el camino Americano no es suficiente para él y se divorcia de los Norteamericanos después de apoyarlos desde la segunda guerra mundial.

Muchos deberían seguir el ejemplo de este (ahora si) jefe de los super héroes y cuestionarse la razón de por qué cuando un americano mata es héroe y cuando un extranjero lo hace es un terrorista. Por más razones que se den (como la libertad del mundo) que resultan falacias tristes y maniatadas, matar está mal. De mi parte un aplauso a Supermán.

Diego Pérez Morales.

sábado, 7 de mayo de 2011

A capela

El papel de los medios sobre la formación de la opinión pública en general es preocupante. México es un país que sufre desconocimiento de su propio origen desde hace siglos; desde épocas de la revolución el mexicano se ha desmexicanizado y ha tratado de adaptarse al mundo global con un éxito dudable dejando de lado su origen y tratándose de ubicar en el mundo sin éxito tangible.

La democracia de mayorías dejó desprotegidas a minorías en los estados que en suma forman un gran número de mexicanos en pobreza extrema, con falta de servicios básicos y sobre todo desinformados de sus propios derechos.

En gran parte son este gran número de mexicanos los que se informan sobre lo que sucede en el país con medios desinformantes, aquellos a los que su voto (gran arma democrática) se ve como un objetivo jugoso por aquellos partidos políticos con estrategias populachistas e irrespetuosas, aquellas que atentan contra la dignidad y a cambio de una bicoca obtienen un poder casi omnipotente ante aquellos mexicanos que decimos saber el poder de nuestro voto pero no ejercemos la democracia como tal.

Es triste ver las pláticas recurrentes del mexicano promedio sobre la política: que todo va mal, que todos están mal, que el país está jodido y que mejor debemos votar “al menos peor”. La inconformidad con los gobernantes electos tampoco es un secreto a voces, sin embargo las quejas no pasan de eso, por desinformación, por des unificación entre los ciudadanos tan psicotizados y embobados por los medios que lo engañan y lo distraen como si viviéramos en un país de autoridad totalitarista.

¿Cuántas personas en el país votarán por un político porque tiene buenos comerciales?, Vicente Fox, un candidato sin objetivo claro más allá de un supuesto cambio que significó mal adaptar el plan económico del PRI y priorizar las timoratas relaciones exteriores (con nuestro vecinos del norte sobre todo) es muestra de aquello. Comerciales inteligentes sin contenido se ganaron la simpatía de un candidato que no propuso pero si se opuso a lo que estaban hartos los mexicanos: una vida estática sin cambios ni mejoras.

El actual presidente Felipe Calderón, vanagloriado por los medios con una guerra contra el narco en primera instancia y luego contra la delincuencia; guerra de los mexicanos para la imagen exterior del país, realmente la sociedad solo siente la guerra por las carencias, la violencia y la impunidad de la autoridad. La guerra es del presidente, la violencia sigue, el uso de drogas también; ¿Quién no ha visto desde hace años a jóvenes drogándose en las calles?, ¿acaso eso ha cambiado?, no, no lo creo.

Y es que los medios mismos lo catapultaron como el presidente del empleo, y esos mismos medios manipulados ante el fracaso del gran líder del país nos cambiaron el chip con futbol, telenovelas, tristes reality shows en los domingos llenos de luces, de actores, de soñadores, llenos de tanta nada. Ahora su lucha es una guerra sin inicio ni fin, una guerra que la televisión vanagloria y a la vez crítica, pero de críticas no vive la democracia, la democracia vive de la participación.

Si miramos el panorama es más que desalentador: un país sin educación se mantiene así porque le teme al cambio, en eso está de acuerdo con los gobiernos aunque estos cambien de manos, un país sin educación vuelve ricas a las empresas de medios que invirtiendo poco ganan mucho dinero, un país educado por la televisión que desinforma, es un país con un gobierno pleno, que en vez de títere es titiritero.

Diego Christian Pérez Morales

domingo, 1 de mayo de 2011

Mis muchos yo

Anoche soñé con mi amigo Javier, él es quizá la persona que más conoce mis sueños y las cosas incontables que hice y algunas veces no quiero recordar. Javier y yo crecimos juntos, desde niños tuvimos sueños que se encontraron y caminaron a la par. Queríamos ser famosos, nos creíamos talentosos y pensábamos que nuestra amistad sería tan fuerte que nos apoyaríamos hasta que murieramos.
Muchas veces platicábamos por horas sobre todas las cosas del mundo, cualquier tema era buen aliciente para vernos y platicar. Muchos jóvenes se juntan para hacer algo, Javier y yo escribíamos, paseábamos, platicábamos y escuchábamos música como todos lo habrán hecho, éramos dos adolescentes vulgares buscando un lugar en el mundo.
Realmente siempre pensé que estaríamos juntos, cuando las cosas nos comenzaron a separar mostrábamos una actitud que me decía que siempre seríamos amigos.
No sé en qué momento nos separamos, no tengo idea de cuándo nos volvimos desconocidos, de pronto nuestros sueños se estancaron y comimos realidad. Durante mucho tiempo lo extrañé, no verlo, ya que lo visitaba a menudo, extrañaba a mi mejor amigo aunque lo tuviera cerca, dejó de ser mi incondicional y se convirtió primero en un conocido, después en un extraño.
A menudo me acuerdo de él y lo extraño, no somos los mismos, tampoco la amistad sigue ahí tan fuerte. Pero lo que vivimos jamás se perderá, el recuerdo de esos sueños, aunque intangibles y hoy no se quedan mas que como sueños, ahí quedan.
Ahora tengo otros amigos, no sé que tan cierto es que estarán ahí siempre también, pero el humano tiende a confiar. Uno que aprecio mucho, El buen Vale me ha leído y me ha escrito como hacen los amigos en tiempos difíciles, actualmente no vivo tiempos sencillos, no es fácil conservar la calma ante sucesos tristes, hoy puedo decirle que estoy triste, pero he encontrado que la calma de la tristeza es cálida y tierna.
Para la gente de esta época no tengo más que agradecer el hacerme más humano, de pronto cuando nuestras personas entran en razón uno se queda perplejo e intranquilo. No todas las calmas son iguales, existen las quietas y las tensas, y ahora mismo estoy en una calma tensa.
Estos días quiero saber qué es eso que tengo en el pecho, aquello que me estruja y me tiene taciturno, pensativo, distante de mi propia razón de existir.
Vale me dijo algo muy cierto: "lo que tienes es enojo, no conmigo ni con el mundo, ni con las cosas, ni con ninguna persona en particular, tu estás enojado contigo mismo, necesitas hacer un trato con todos tus rostros y lograr la paz que desde hace mucho no tienes".
Me dijo que en mí existe el Diego buen amigo, el grosero, el barbaján, el humano, el escritor, el silencioso, el lider, el agresivo y el comprensivo. Dice que estoy enojado y necesito reconciliarme con mi persona, que mis facetas están irreconciliables y tienen batallas que desean librar unas con otras, yo estoy en el campo de la batalla.
No es fácil sincerarse con uno mismo, platicar hacia adentro no es tarea común ni sencilla, uno puede encontrar cosas terribles que durante años ha silenciado, y también encuentra a todos sus "yo" luchando entre sí por la supremacía del dominio.
Mucha gente que me aprecía me ha dicho admirable en estos días, yo no encuentro admiración en buscar un lugar en el mundo, no me refiero a ser "alguien" para el resto de la gente, me refiero a existir personalmente, a encontrar aquello que busqué conocer de más joven y no pude.
La verdad es que la gente espera muchas veces que yo sea el que guarde la cordura y la calma, alguien necesita hacerlo siempre, pero no me siento culpable de no saber qué está pasando. Cuando lo pienso, si, estoy enojado conmigo mismo desde hace años y jamás se me ocurrió remediar la situación. Tengo muchas cosas que decir que no diré porque no es el momento, espero que la gente no haga juicios sin saber lo que tengo en mi persona. No se olvida jamás, eso es cierto, también es cierto que mucha gente piensa que tengo una cordura magnífica cuando no es así. Estoy siendo un espectador de lo que ocurre en mi propia vida, es como si a usted lo obligaran a ver la peor y más larga película del mundo y no tuviera más opción que abrir los ojos y procesar todo aquello. Soy como una computadora de un modelo viejo que se queda pasmada, no es cierto que uno acepte la soledad y punto, tampoco que su servidor sabe mucho de estos temas ni que lo que hago lo hago con toda la razón. Estoy más bien, a la espera de que mis "yo" se reconcilien y entonces, después, me digan que carajo tengo que hacer.
Agradezco su lectura y espero saber de usted pronto querido lector.
Aqui le dejo una canción que escuchaba mucho con mi amigo Javier, una canción que hoy creo, nos avisaba lo que estaba por venir:
http://www.youtube.com/watch?v=SDsxkQk6DWw
Diego

lunes, 25 de abril de 2011

Alma de flor.






Muchos hombres tenemos alma de flor, por eso cuando llega el otoño nos sentimos muertos por dentro.

http://www.youtube.com/watch?v=v_obPAPkFAA

Imagino que en la vida somos parecidos a las flores, vivimos y somos víctimas de lo que sucede y de lo que no.
Muchos esperan toda su vida a que pasen cosas, otros esperan a que dejen de suceder, a que todo se llegue en calma, como si fuera primavera, con brisas refrescantes y esporádicas iluminados por la tierna luz del sol.

Entonces quizá, las lágrimas sirven de algo más que para entristecerse. Alguna vez escribí en otro de mis blogs:

http://icaronohabla.blogspot.com/2010/11/para-que-sirve-llorar.html

¿Para qué sirve llorar?

Lloramos de alegría y de tristeza.
Nos ahogamos al final sin un sentido -sinsentido-.
¿Para qué sirve llorar?.
Para dormir bonito queridos lectores, el llanto tranquiliza nuestras mentes y alimenta a las plantitas con algo parecido al suero.
Si usted llora hágalo cerca de un árbol, así esas hojas, flores y quizá frutos que nazcan serán su medicina de alegría y/o tristeza.

Hoy agrego algo que no sabía en ese entonces sobre el alma.
A esos hombres con alma de flor las lágrimas les sirven para alimentarse, y quizá, si contamos a las flores nuestras penas, ellas podrán alimentarse solas, quizá algún día nosotros también.

Muchas veces las cosas ocurren de tajo, cuando alguien se va de pronto, sin esperarse con antelaciòn queda un vacìo, queda la certeza de que las cosas no debieron darse de ese modo.

Decía Borges que el olvido no existe, que siempre perdura y arde todo lo que perdemos, decir adiós no es fácil, y ese es el motivo de este texto querido lector. Muchos me decían que tener tres blogs era una exageración, los alimenté con devoción, cariño, con gusto. Sobre todo con necesidad.
Si usted algún día me ha leído, si lo ha hecho más de una vez, entenderá que lo que escribo es lo que siento, posiblemente usted mismo entienda a los hombres con alma de tinta, que se viven de las letras, que conviven con las letras.

Estos últimos días han sido extraños, impactantes, duros y determinantes, tan solo le cuento que varias cosas han cambiado en su humilde servidor que tuvo que dar un adiós que lo dejó con un sabor amargo.
Espero que usted comprenda por vivencias propias a lo que me refiero cuando hablo de los momentos maravillosos. Es dificil edificar las cosas, no así destruirlas, el decir adiós es un modo distinto de destruir, y yo, tengo pasión creadora, no destructora.

Algunas veces, apresurarse a tomar desiciones no es lo correcto, entonces el recuerdo de esos momentos maravillosos es una losa pesada que se carga a costa de la paz y tranquilidad que todos buscamos, di un adiós que me dejó con la sensación de abandono, de desesperanza e inquieto.

Quisiera decir muchas cosas que no haré por respeto a alguien, sé que algún día me leerá y deseará dejar de hacerlo, solo le pido que entienda que el enojo no es un buen acompañante para tomar desiciones correctas. Del pasado me quedo con lo mejor, lo malo lo olvido, lo perdono y pido perdón.

Quizá te dije cosas que te lastimaron, no han sido ciertas, eres y serás grande, personas como esas que comienzan su vida como lectores de uno, no puedo más que agradecerles. A esa persona no solo le agradezco eso, le agradezco compartirme y enseñarme a compartir la vida, quisiera decir muchas cosas innecesarias, el pasado no se borra. Pero siempre nos queda lo que podemos hacer con su sombra.

De las cosas buenas y malas nos quedamos con lo que queremos, y no siempre queremos quedarnos con lo mejor, de las tragedias, todas y cada una de ellas las agradezco porque me hacen aprender.
No sé que pasará en días, semanas, meses, pero al igual que con aquellos ídolos que tengo del periodismo que el destino me permitió conocer, te digo a ti que si en realidad ese amargo adiós fue tajante, sé que siempre estaremos hermanados de una u otra forma, sé que creceremos y lucharemos cada día por cumplir nuestros sueños.

Nadie nos ha conocido tanto como lo hicimos nosotros dos, y esa unión, aunque en momentos turbios duele, no me crea arrepentimiento. Me da confianza en saber que las cosas bellas de la vida existen y que tú eres una de ellas.

Me ayudaste a creer en mí, me hiciste saber que si existía un humano en mi interior y me volviste cálido. De lo que pasó solo nosotros sabremos bien qué ocurrió, y si la vida en realidad quiere que nos despidamos, espero que este sabor amargo que tengo de acabar las cosas con silencio se disipe pronto al saber que estás bien.

Yo prefiero guardar silencio, no por desatención, lo hago por respeto a las cosas bellas, detrás de tu cámara y de tus letras tienes magia, jamás la pierdas, esa belleza, ilusión y alegría son la ambrosía de la flor que eres.

No te tires, no dejes que la flor se marchite, tu también tienes alma de flor, con eso me quedo, cuidate y ojala se de la oportunidad de platicar en calma. No por nada cada persona en el mundo busca tener calma de vez en cuando.

http://www.youtube.com/watch?v=ihiKoTXHQ8U&feature=fvst


A usted, querido lector, le debo más que su atenta lectura, le agradezco ser mi acompañante entrañable, indiscutible y constante. A usted le agradezco ayudarme a saber que no estoy solo.


http://www.youtube.com/watch?v=oHTFmJk7fH0

jueves, 14 de abril de 2011

La mirada perdida de mi padre.

Quizá con el calor sus neuronas se derretían como la miel.
La mañana que mi padre murió, ocurrió un día hermoso, se levantó y se observó en el espejo.
Ese día todos sabíamos que su fin estaba cerca, dos días atrás apenas había tomado agua, su rostro estaba escuálido, demacrado, cadavérico.
Se despertó y sin decirnos adiós, se despidió de la mejor forma forma posible: frente al espejo observó con atención, sus ojos estaban opacos, quizá guardó esos meses fuerzas para llegar a ese momento de culminación: tocó su rostro, sintió todos esos caminos que el tiempo, la vida y el tiempo en la vida le hicieron a su cuerpo, a su rostro.
Me observó a mí y a todos los que estábamos ahí y dijo:

-Vaya que me veo jodido-

Sonrió y se acostó dificultosamente en su cama de nueva cuenta.
Le acerqué, agua, comida y dulces, rechazó todo: "no me duele nada" nos dijo y se reposó para morir.

Diego Christian Pérez Morales.
margot-remi@hotmail.com

martes, 15 de febrero de 2011

El adiós a un maestro

El siguiente texto fue publicado también en el periódico "diario al momento", ese es mi antiguo trabajo y tengo una gran amistad con el actual director del mismo el señor Mario Andrés Campa Landeros que decidió publicarlo a pesar de que yo ya no estoy ahí como homenaje a nuestro recién fallecido amigo Fernando Gonzales Mora y podrá leerlo si gusta en el siguiente link:

http://diarioalmomento.com/index.php?option=com_content&task=view&id=10642&Itemid=90

Además le comparto lo que el señor Mario Andrés Campa me envió en mi correo:

HOLA. DIEGO.
GRACIAS POR COMPARTIRME TU PESAR POR LA MUERTE DE
NUESTRO GRAN AMIGO FERNANDO GONZALEZ MORA Y POR LA MENCION
QUE HACES DE MI PERSONA. ERES AGRADECIDO Y ESO TE COLOCA EN
UN LUGAR ESPECIAL.
SI DON FERNANDO HUBIERA LEIDO LO QUE ESCRIBISTE, CREEMELO QUE
SE HUBIERA SENTIDO, ES MAS CREO QUE AHORA SE SIENTE, MUY ORGULLOSO DE
TI. ASI COMO YO. HAS SUPERADO A LOS MAESTROS...
DIOS NOS COLOCO A LOS TRES EN UN SOLO CAMINO: EL PERIODISMO Y ES DESDE
DONDE ESTAMOS AHORA HERMANADOS.
GRACIAS NUEVAMENTE
SALUDOS CORDIALES
MARIO ANDRES CAMPA LANDEROS
TU AMIGO

P.D. PUBLIQUE TU SENTIDO ARTICULO EN NUESTRO PERIODICO
www.diarioalmomento.com
PERDONA EL ATREVIMIENTO
PERO EL MUNDO LO TIENE QUE SABER



Don Fernando Gonzales Mora era un periodista ejemplar, de esos de la vieja escuela que están en extinción, con vocación, astucia, inteligencia y descaro. Era un viejo con voz ronca, enojón, sonriente, sarcástico y dedicado. Siempre usaba gafas de aumento rosadas que me hacían imaginarlo en su época plena, allá por los setentas en los que todo era tan parecido y la gente era tan distinta. Fue la segunda persona en no solo brindarme una oportunidad dentro de las aras del periodismo, me dio su amistad y me acogió como su alumno principal, a lo que puedo decir que toda mi vida estaré profundamente agradecido.

Para muchos será extraño pensar que alguien diga que extrañará a su jefe del trabajo, que le hace triste su muerte y que no tiene más que buenos recuerdos de esa persona. La mayoría de los trabajadores odia a su patrón, ya sea porque es despectivo, odioso, maldoso, perezoso, desentendido o simplemente porque es su jefe y odia su empleo por lo que pensar en su muerte le sacaría una gran sonrisa; sin embargo este no es mi caso, puedo decir que ese gran hombre me enseñó con tal viveza que se ganó mi franca admiración. Si algo me entristece de gran forma sobre todas las cosas es el hecho de la forma en que me enteré de su muerte.
Y es que estos días no he estado para todo el mundo, la verdad que sí; me gusta encerrarme y olvidarme de que en este planeta somos tantos y a la vez tan poco, entonces a momentos deseo ignorar que tengo amigos y de que existo y estoy ahí sin ser yo y por eso guardo silencios. Casi un mes llevo en la ausencia de mi yo social y ayer entré a revisar mi página de facebook, entonces encontré un breve mensaje de mi amigo Sergio Muriel que me decía en no más que tres pares de palabras que Don Fernando había muerto.
Es gracioso pensar en que es la vida en la actualidad y las leyes y tradiciones que se han formado a lo largo de los años como lo son los servicios de perfiles sociales electrónicos. Sirven para conocer gente profesional, amistosa, románticamente, para estar en contacto con gente que quizá no está cerca y ahora, como es mi caso, para enterarte de que alguien no estará más ahí.
¿Qué se ha hecho mi vida que hoy me entero de que alguien murió por mi red social?
Cuando conocí a Don Fernando fue a través de otro gran maestro; el señor Mario Andrés Campa Landeros, otro gran periodista de esos que menciono que ya no existen más, ellos eran amigos quizá con un par de ideas distintas, pero siempre la misma vocación. De ellos aprendí que lo importante no es quien informa, es la noticia en sí, que la firma se gana, que las formas al momento de informar importan y que el periodista es un ser que nace, pero que nunca deja de hacerse. Aquellos hombres me enseñaron que en la vida real no existe tiempo para dar un vistazo a lo aprendido, lo aprendido se debe manejar con maestría y lo demás es improvisar sobre lo imprevisto, me enseñaron que el periodismo es otro tipo de literatura al que no todos se atreven a entrar porque es complicada pero siempre apasionante.
Don Fernando siempre me contó de sus épocas de periodista, cuando se inició y cuando ya estaba avanzado, me enseñó mañas y me dio carácter, me hizo sentir la verdadera naturaleza del periodismo y por ello jamás le olvidaré. De hecho le extrañaré.
Siempre me hizo sentir que yo tendría un gran futuro dentro de esta profesión, me mostró que yo era capaz y no solo eso, también me enseñó la ética del trabajo, me dio las bases para que, si algún día llegaba a ser lo que él creía lo hiciera del modo más correcto. Me habló de lo frecuente y de lo infrecuente, me mostró las situaciones dentro de oficina noticiosa, de eso que debía cuidarme y de lo importante que es para un periodista de verdad tomar decisiones correctas no por dinero ni fama, por profesionalismo.
Me enseñó a mirar críticamente los hechos que acontecían en el mundo de todos y en el mío propio, a bajar de pedestales a los ídolos y a los temidos y a mirarles de frente, a la par; me enseñó a distinguir entre periodistas que se ocupan de informar y de otros que se encargan de ser ellos mismos la noticia. De aquellos que se creen mesías y de otros cuantos que “bajita la mano” hacen el trabajo de informar real. Me abrió los ojos un sinfín de ocasiones sin creerse más que yo, por eso él era un verdadero jefe, jamás se sintió más que otros, en el oficio simplemente demostraba porque era el mismo y a los que sabíamos menos nos enseñaba sin faltarnos en ningún aspecto jamás.
De qué pasará conmigo en esta vida no lo sé, lo que sí puedo decir es que lo que bien sé es gracias a él, ojala muchos jóvenes que van para periodistas hubieran tenido la oportunidad de conocerle, seguramente aprenderían mil cosas, muchos se darían cuenta que van por un camino incierto pero apasionante, otros muchos se quedarían callados y sabrían que el periodista no está ahí para que lo escuchen; que está ahí para decir las cosas -que no es lo mismo- y que la comunicación no es fama y reconocimiento. En cambio, el verdadero periodista estará ahí, quizá en las sombras realizando su labor con entrega y oficio.
El verdadero periodista no está ahí en busca de reconocimientos, los obtiene por méritos reales, su labor es más entregada y detrás de bambalinas, tampoco es ese que sale en la televisión y en el radio y opina a destajo sin darse cuenta de que le están escuchando y que lo que dice quizá tenga peso. Es aquel que muchas veces se traga su pasión y dice las cosas que son le agraden o no. A menudo me enviaba sus artículos a mi correo y yo los leía con gusto y esmero, tratando de aprenderle en cada uno un poco más, me da nostalgia pensar que esto no sucederá otra vez, que el último correo que me envió fue efectivamente el postrimero.
Sin embargo me alegra saber que hace no más que un par de meses cuando leí una columna suya le escribí un breve correo en que le decía que era un maestro y que estaba de acuerdo con un par de cosas que mencionaba. Le dije que por eso mismo yo le consideraba mi mentor y le mandé un abrazo. Su respuesta fue breve y concisa respetando siempre su énfasis en no crecerse ni decrecerse ante las críticas:

“gracias Diego, te sigo leyendo y estamos en contacto. Que estés bien. Un abrazo”.

Hasta algún día Don Fernando.

margot-remi@hotmail.com

sábado, 18 de diciembre de 2010

Icaro mirando la Luna


Dedico este cuento a mi buen amigo Vale, le pido una inmensa disculpa por faltar al festejo de su natalicio por una cita personal que proximamente le explicaré en persona. Un abrazo buen hombre, usted -como le dije hace poco- es de las mejores personas que conocí desde siempre jamás. Que la vida no le sea ingrata.

Su amigo Diego.




Una sofisticada y bien vestida mujer está suspirando a la orilla del barco que irá a América, luce agotada y hermosa, su velo se vuela y ni siquiera voltea, sigue impasible como esperando encontrar algo en el horizonte, un espejo de mano se cae al mar, no quiere verse y no entiendo porqué, es hermosa. Tiene pelo negro y corto, unos labios regordetes y piel pálida como una hoja de papel. Una lágrima se asomaba a sus ojos delineados y su rimel segundos después corría sobre sus mejillas marcando cruelmente el recorrer de su dolor. Sus ojos azules, color agua como las lágrimas que seguro ya había derramado esta misma noche en la soledad de su camarote. El cielo estrellado en el que tiritaban unas estrellas sordas, muchas aún sin nombre. Para mi esa mujer no tenía nombre aún.

Algo ocultaba en su silencio, su mirada nostálgica me decía mil cosas: que extrañaba a alguien que quizá no llegó, que estaba huyendo, o regresaba de algún sitio, que había sido exiliada de casa como nosotros, que huía de la muerte como fuera que se le acercase. Una cruel enfermedad, una casa silenciosa, un rechazo matrimonial, un engaño de su esposo, un odio en su vida, una enfermedad, locura, depresión, decepción o reciente pobreza, pensé muchas cosas. Eso ya me concernía pues me he enamorado a primera vista de ella.

De cuando el velo voló, llegó a mí un poderoso perfume a gardenias, calculo que la mujer tiene de entre 27 y 35 años, yo solo tengo 17 y vengo con mis padres, somos exiliados españoles y juraría que esa hermosa dama también lo es. Así nos trató la guerra, ingrata es: aleja y obliga al olvido, vamos a un país bárbaro, allá no tenemos nada, no esperamos nada.

Sacó un cigarrillo de su bolso, su belleza parecía extinta, pero yo aún veía esas cenizas, limpió las líneas crueles que el destino y el rimel le habían dejado sobre la cara con un pañuelo que igual dejó caer al agua. En tan solo minutos, esa sirena triste de mirada ausente, de fe perdida, sin nombre y solitaria me había atrapado con su canto, un canto llamado llanto. Tan tierna, yo quería ir a sus brazos a que me comiera vivo una y otra vez. Mi madre la vio y la llamó cabaretera, “seguro una dejada o una perdida”, “¿Qué le ves Saúl?, deja la tontería ¿adónde están tus hermanitos?”.

Soy el mayor de cinco, tres hermanas insoportables y un hermano demasiado chico como para serme una molestia, apenas camina.

Nos esperaba un largo viaje y lo fue más esa noche que la mujer sirena desapareció tempestivamente y yo miré como tonto el ancho mar, la curvatura de la Tierra, la nada rodeando mi persona, un mar negro y una lenta marea. Un calor tropical que a ratos traía a mi cabeza el aroma a gardenias de un velo que seguro estará ya volando junto a las estrellas.

Las estrellas, la Luna arriba callada siendo visor y testigo de mis pensamientos más bajos.

Hemos dejado atrás todo lo que mi abuelo cimentó, nos han corrido y mi padre está deprimido tomando vino de amontillado con otros que viven situación similar, “¿adonde vamos?”, “¿qué a pasado?”, América luce horrible ante nuestra imaginación. No sabemos que barbaridades se viven allá, quisiera volver a la casa del abuelo y recostarme en mi cama.

Pero no, estoy en medio del Atlántico en un barco sucio, sin retorno y por ahí una sirena con el rimel corrido que se me ha metido en la cabeza, seguro llora aún.

Entonces soñé con todo lo que dejábamos, a mis hermanas esto les parecía una aventura desconocida, a mi madre el terror de tierras hostiles la tenían muy irritable y yo prefería mantenerme alejado. Mi padre bebía todo el día con un tal José como lo repito de un amontillado terrible.

Esa tarde comimos mariscos y pescado blanco frito, sabían terribles.

En la noche me empecé a sentir mareado hasta que vomité.

A la mañana siguiente la brisa de mar me ha hecho mucho mejor, desayunamos bananas fritas y vi a la sirena más serena, con gafas oscuras bebiendo agua simple.

En el vaso de vidrio deja la marca de su grueso labial rojo y yo no puedo dejar de mirarle. José el amigo de mi padre me sirve de ese amontillado, no se con cuanto cargan, pero empiezo a pensar que han traído para todo el viaje.

La sirena me llama con su aroma a gardenias, ha notado que la miro con deseo y morbo, con curiosidad casi de niño y se quita las gafas, tiene ojeras grandes pero me observa mientras yo le sonrío, después doy un trago torpe al amontillado y no puedo evitar hacer un gesto, seguro le parezco estúpido y muy niño. Pero me sonríe y mi corazón enloquece, me pongo rojo y termino mi plato. Estoy harto del aroma a sal, todo es el mar y ninguna gaviota se asoma, voy a ver el halo de agua lenta que deja el barco, una línea blanca de resaca marítima que se borra a los pocos metros, no regresaremos a casa ya, parecido al cuento de Hansel y Gretel que pierden la pista de vuelta a casa comida por las aves, a nosotros el camino que marcamos se lo come Zeus, nos da el verdadero mensaje. Allá en Asturias ya no somos bienvenidos, adonde vamos no tenemos la menor idea.

Me saco la camisa pues estoy sudando, empieza a anochecer, mi padre aún toma con José se han metido al camarote de ese hombre que va solo, entonces veo a la sirena siendo poseída por el mar negro y la Luna inmensa nuevamente. Y yo me siento a sentir en mi febril cuerpo la brisa del mar, que pasa por todo mi pecho, la miro de reojo, como su cabello es ondeado por el viento fresco, una gota de sudor que baja por su fino cuello hasta partes incomprensibles a mi persona.

Me llama niño mientras se acerca y siento entre coraje, vergüenza y emoción, se sienta junto a mí y ese aroma a gardenias es mas fuerte que nada, no puedo controlarme a mirar su escote y su piel está enchinada.

Soy Penélope- me dice, ¡ya se el nombre de la sirena!

Yo Ike- le respondo disimulando tranquilidad e indiferencia.

¿Me podrías abrazar?- me pregunta y yo miro sus pechos incontrolablemente de nueva vez.

Y yo la abrazo torpemente cuando vuelve a llorar en mi hombro que siente sus cálidas lágrimas bajar por mi tórax desnudo. Siento su pecho contra mi estómago, es cálido y suave, el palpitar lento de su corazón tan fuerte como si me lo hubiera comido y yaciera en mi barriga.

Sus brazos rodeándome, su piel es tersa y de su cabello el aroma a gardenias venido directo del fruto, la escucho susurrar perdones, siento sus labios hablando en mis pezones y estos endurecen. El agua de sus ojos recorre mi cuerpo aún, lleva mucho y no se calla.

Con la parte anterior de su mano limpia sus lágrimas y suspira con los ojos cerrados, se aleja de mí y me toma de la cara, acerca sus labios a los míos y siento su bouquet femenino con un grado de cigarro, me besa dulcemente y después mete su lengua en mi boca.

Después la mano derecha en mi pantalón y empieza a halar.

Se levanta de pronto y me toma de la mano, en la oscuridad nuestras sombras, nuestra silueta se ve desapareciendo hasta la entrada de su camarote adonde me recuesta en la cama y se monta en mí, se levanta su vestido de una pieza y queda desnuda por completo. Acerca sus pechos a mi boca y yo los beso, siento su sexo posarse sobre mis pantalones perfectamente, ella retrocede y me los quita diestramente. La recibo como hombre en la penumbra del camarote diminuto, ella me besa mientras lo hago. Después siento por mi mejilla escurrirse otra lágrima gruesa hasta mi oído, toma mis manos y las lleva a sus pechos para que acaricie su suculenta punta. A ratos mete su traviesa lengua a lucha con la mía tan torpe, besa mi cuelo y mi lóbulo, todo hasta sus lágrimas. Creo que me he enamorado. Soy un torpe muchacho.

Cuando exploto me da un último beso en la boca, de esos de lengua cálida y me deja besarle el cuello por última vez, probé su hipnotizante sudor. Esa sirena me dejó vivo.

Después comenzó a llorar en la orilla de la camita y me corrió.

Yo salí corriendo de júbilo a pedirle a José y a mi padre un amontillado, ya era todo un hombre yo, cuando abrí el camarote emparejado vi a José besando a una mujer en los labios, la mujer voltea. No es una mujer, es mi padre vestido de mujer.

Y fui al camarote de Penélope llorando buscando un abrazo como el que yo le di, pero no está y me quedo llorando ahí solo toda la noche sintiendo un hueco en la barriga enorme, miedo a la oscuridad que aseguraba haber superado ya vuelve repentino. ¿Adonde está mi sirena, esa de la que me he enamorado?

Se aventó al mar esa noche, volvió a casa nadando mi sirena de los labios amargos.

Y el resto del viaje miré el horizonte pensando encontrarla como ella buscaba encontrar algo que nunca supe que era, no dije nada de mi padre ni de José.

Nunca había hablado de esa noche.

Llegamos a la tierra hostil y ahí nos quedamos hasta hacernos parte de ella.

Y siempre que miro el mar, sé que la sirena está ahí, sé que se llama Penélope y que está esperando a que yo vaya y le haga la pregunta que jamás hice:

¿por qué llora?

DPMCH