El soñar en medio de un mundo regido tan cruelmente por celulares, relojes, gritos y sexo es como ser un toro embistiendo a un tren.
Ayer Fabiola me dijo algo que hace mucho no me decían.
En alguna época (cuando mi vida, según Perla era como una comedia de humor negro muy entretenida)lo escuchaba muy a menudo, a tal grado que siempre temía de los futuros inmediatos, y por supuesto, ni hablar de los futuros lejanos, que desde siempre prefiero evitarlos en cualquier plática ya que, soy malísimo para idealizarme en unos años.(o quizá solo tengo miedo de que todo lo que se dice de mí sea cierto)
"Uno nunca sabe si lo que vemos que está pasando-pasa en realidad; lo que sucede nunca es lo que parece, o en el dado caso que si lo fuera terminamos rindiéndonos porque es demasiado tarde cuando nos damos cuenta que pudo-pasar algo con un poco de ayuda".
Esta frase la encontré en el diario de mi abuelo, la verdad no la entiendo, pero creo que se puede aplicar a distintas circunstancias en la vida de todos si nos ponemos en un sentido filosófico. ( y espero le encuentren relación con lo que a continuación contaré)
Ayer estaba comiendo con Marina, que (a modo de pequeño chisme, que los ubicará en el contexto)me contaba sobre la reciente enfermedad encontrada en su hermana Sandra, seis años mayor a ella, y de su incapacidad para contarle a su madre ya que no se llevan bien desde que ambas terminaron sus matrimonios para irse con personas más jóvenes y se quisieron dar (entre ellas) un sermón de moralidad y del concepto de "familia".
Marina también me habló de su relación con ambas y de lo grave de la situación en cuanto a salud se refiere de Sandra; ella me aseguró, que no podía contarle a su misma madre sobre el cáncer de su hermana, pues su hermana se enojaría, pero tampoco le parecía correcto no contar nada puesto que de algún modo "todas las personas esperamos una mano de vez en cuando".
Y después, ignorando toda mi incomodidad soltó la bomba y me metió en un asunto que no es para nada de mi incumbencia:
"Por favor Dieguito, diles, yo no tengo el valor":
Cuando más tarde fui al cine con Fabiola, le conté esta situación y ella me recordó algunos casos que fueron harto incómodos para mí, puesto que algunas personas a lo largo de mi vida se han sentido en tanta confianza conmigo como para encargarme tareas feas y complicadas:
Alguna vez me tocó decirle a mi propia madre que su papá había muerto. Esa fue mi imagen fundante de la muerte; mi primer contacto con ella en la que, mi mamá lloró como una chiquilla, y se tiró al suelo.
La otra fue cuando: por cobardía no pude aceptar durante un largo año que Sócrates era un fantasma ya, de hecho no pude decirle a nadie en mi familia. (y creo que aún piensan que anda por ahí)
Cuando a mi abuela la desauciaron y tuve que decirle a mi padre que dejara de ser tan duro con ella: "tu mamá se va a morir" le dije y se quedó callado mirando al suelo.
Cuando los papás (paás) de Samuel se separaron y me pidió que lo acompañara a contarle a su hermanito.
Cuando Camila se regresó con su maá y le tuve que decir a Samuel (su paá) pues ella no se tomó la amabilidad de informarle.
Cuando la Abuela de Camila se murió, tambien viví una escena feísima; En ese entonces los papás de Camila recién se habían divorciado, Camila me iba a visitar seguido hasta mi casa en ese entonces, pues huía de su casa y de todos sus dolores. Antes de que ella llegara a mi casa recibí una llamada de su madre en la que me pedía que le avisara que volviera.
"Cata se quedó dormidita mi amor"
Me dijo Blanca llorando para que yo atenuara la situación al arribo de mi amiga.
Entonces empecé a preparar café, a tronarme los dedos, a sentir pulgas en el culo de puro miedo a lo que debía decir.
Camila lloraba mucho cuando hablábamos esos días, se veía demacrada y más creyente de la soledad que jamás.
Cuando ella llegó, vino con esas pelis de Disney que sirven para levantar el ánimo, con chistes blancos, personajes "mecas"(citando a la palabra que aprendí de Susana Hernández)y tramas todas iguales.
"¡Mira Ike!, vamos por una pizza y vemos estas. ¿Vale?"
Y yo me quedé queriendo llorar sentado en la mesa con un tono de luz deprimente mirando al suelo.
Pensé lo muy pequeños que somos todos; que somos demasiado poco en medio de tanta nada.
Añorando juegos pasados, tonteras de tiempo libre de sobra y risas por cosas no entendidas por completo.
Deseé no estar ahí ni ser yo el que debía decirlo.
Pero aunque no lo pedì tuve que contarle tan solo para que ella se quitara esa máscara de ánimo y me mostrara sus fantasmas a tope.
"Cata"
Fabiola entonces me dijo:
"Siempre te pasan esas cosas Diego", y es cierto, no se a qué se deban, pero no son nada disfrutables.
Y es que a veces uno olvida como medir el tiempo, a veces uno solo deja que pase hasta que algo o nada llega.
A veces uno lucha para que pase algo; otras veces uno desearía que no pasara nada, pero siempre existe algo en común:
Nada se detiene.
Desde hace años no uso un reloj en mi muñeca, ultimamente siento que necesito uno, llego más cansado a casa que nunca, más fastidiado y más desencantado de las personas.
Cada vez gasto menos para ahorrar y hago las cosas con más coraje o "espíritu" como dice Mario Campa, pero si soy sincero lo hago justamente porque desde pequeño he tenido mucha conciencia de lo que es la muerte y no quiero que me rebase sin que yo, al menos haya hecho algunos intentos.
También platicaba con mi amigo Román sobre lo que es "vivir la vida" ya que desde que "anda de novio" con Jos, una chica sumamente religiosa, él cree saber lo que es la vida y cómo se debe vivir: "al tope".
Quizá no entiendo el verdadero significado de esa palabra y jamás lo haré; por distintas razones como lo son todos mis tráumas.
Pero eso si, me esfuerzo todos los días por hacer algo que al menos pueda recordar cuando me vaya, no como si fuera el último día de mi vida, que esa frase me parece sumamente pendeja.
No quiero vivir al diario con el miedo de que mañana ya no estaré acá, eso jamás me va a funcionar.
Por eso estoy vivo de vuelta acá, sabiendo más que nunca que el mundo está lleno de mierdas, osos, putas, leones, panas, "divertidores", divertidos, personas muy atractivas, bailarines, mosquitos, músicos, músicas, parejas de siameses, gatos y alguna persona por ahí que ocupa mis pensamientos.
¡Oh! y también yo estoy ahí.
Gracias y feliz primavera. (o algo así)
jueves, 19 de marzo de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
Cantando con la boca cerrada
“Si guardas silencio tendrás un poco en los bolsillos cuando lo necesites.”
Siempre callada y con la mente en blanco miraba Dafne a su abuelo tocar el piano de cola, negro e inmenso, ese piano era el espejo en que mejor se veía ella.
Cerraba los ojos, así se veía.
Bailando y cantando en medio de un espectáculo de bambalinas en el que ella era la atracción especial. Su figura entallaba un bello vestido blanco, pulcro, con vuelos que la hacían parecer una hermosa ave exótica. Una ninfa, la musa más adecuada al mundo idólatra.
Alzaba la voz y quebraba vidrios, rompía corazones se convertía en un sueño inalcanzable.
Era un sueño inalcanzable.
Rosas caían al escenario tras su canto, hombres perdían el corazón al verla caminar, a algún afortunado le guiñaba el ojo y entonces este moría de amor.
Despierta y se ve sangrando, aprieta una rosa roja del tallo y las espinitas de esta la han lastimado.
Entonces toma el periódico e intenta leerlo: Cierra los ojos tratando de concentrar su vencido sentido de la vista, hace todo lo posible por captar cada letrita que de pronto se maña y se empeña en ser incomprensible.
“Hoy en la noche María Callas se presenta en el teatro del ayuntamiento.”
El puente de su calzón se humedece por su sobre estimulado y oculto sexo, la desea, desea probar esos labios que entonan notas tan magníficas.
Desea ese cuello, morderlo, comerlo, hacerlo rojo, lamerlo por completo, deseaba que María Callas fuera suya.
De fondo su abuelo toca una canción lenta con cierta lujuria, al parecer esos momentos jamás terminarán, pero después de tanto tiempo esa luz, esos sonidos, el olor a caoba del estudio, su abuelo y el crujir de la madera en la época de frío se tendrían que terminar.
La tetera sonó:
¡Fshyyyyy!
En la mesa solo se escuchaba el golpe de la cuchara con la taza y los sorbos que de vez en cuando, o su abuelo o ella daban a la bebida.
Ella estaba inmersa en el deseo de ir a verla, de sentir su voz al oído, de olerla, de poseerla por un día.
De contarle sus pasiones más bajas, de mostrarle su secreta excitación.
-Ni lo pienses que hoy tengo dolor en mis huesos- Dijo su abuelo sin dirigirle la miraba mientras se frotaba los brazos.
Y ella ocultó sus lágrimas tras el humo que salía de la taza de té, se ocultó tras la caída de su largo y negro cabello. Bebió té con lágrimas salinas mientras su sueño se esfumaba cuando el equilibrio hacía que su bebida se enfriara.
Mucho tiempo de una paz maldita, de guerras, ruidos, facas y abandono en su interior.
De un deseo incontrolable entre sus piernas, de una nostalgia gigante en su corazón.
Soledad tenía que llamarse ella.
Su abuelo tosió flemático, asqueroso, sin recato alguno sobre su bebida.
Y ella se dio cuenta que hace mucho podía escuchar el caminar de las ratas detrás de las paredes.
Mucha calma para un corazón joven.
“María Callas”
No podía quitársela de la cabeza.
Suspiraba mientras la escuchaba entre sueños.
En el patio, la fuente se enfriaba aún más, a lo lejos se veía el humo de la fábrica de carbón y el cielo que se mostraba rojo, un cielo oxidado que estaba a punto de dar posada a un cuarto menguante casi finiquito.
Una parvada de aves volaban a lo lejos para enmarcar el ocaso.
Ese día oscureció temprano.
Después del té el abuelo siempre dormía una siesta al arrullo de la práctica de Soledad en el piano.
Ese era el trabajo de ella, ser lenta, recatada, noble, súbita como un té, paciente y hermosa como las melodías que tocaba mientras su abuelo dormía.
Odiaba eso, se odiaba por eso.
Y comenzó entonando “Patética” de Beethoven mientras gotitas de lágrimas salinas caían a sus dedos y disfrutaba obscenamente de ello.
Soledad vivía una excitación secreta que solo el cuerpo femenino puede comprender.
Al son de primer movimiento, se imagina de nuevo, ahí, en medio del escenario, dejando detrás a ese piano que desde niña tuvo que aprender con virtuosismo.
Las ratas detrás de las paredes, la madera crujiendo, la noche cayendo, sus lágrimas y su sexo estimulado por el banco, todo está en sintonía con su música.
Ve a su abuelo, ahí quieto, sin moverse ni un poco, en una calma insoportable, Soledad toca deseando hacer que el tiempo ocurra más pronto, no puede quitarse de la cabeza la idea de que, debe verla, debe decirle lo que siente cuando la ve, cuando piensa en ella.
Su abuelo parece quieto, demasiado, inclusive podría…
Y su pecho se le oprime, no sabe si de gusto o tristeza, esta será la última pieza para él, la toca como nunca antes lo hizo.
Ahí su abuelo con silencio de tumba entre las ratas, la madera, la noche y las lágrimas de la sobre-estimulada Soledad escuchando su última pieza.
Soledad ríe incontrolablemente mientras toca las últimas notas para su abuelo con tanta pasión, que sus dedos cortados han dejado las teclas del piano con manchitas rojas como si esta fuera la escena de un asesinato.
Se pone de pie y tras darle un beso en la frente al vejete corre a su habitación a arreglarse.
Las ratas, la madera, la noche, las lágrimas y el sobre-estimulado sexo de Soledad al fin tendrían saciedad esta noche si todo salía bien.
Hoy vería al fin a “María Callas”
Y este lo terminé apenitas.
REmi
Siempre callada y con la mente en blanco miraba Dafne a su abuelo tocar el piano de cola, negro e inmenso, ese piano era el espejo en que mejor se veía ella.
Cerraba los ojos, así se veía.
Bailando y cantando en medio de un espectáculo de bambalinas en el que ella era la atracción especial. Su figura entallaba un bello vestido blanco, pulcro, con vuelos que la hacían parecer una hermosa ave exótica. Una ninfa, la musa más adecuada al mundo idólatra.
Alzaba la voz y quebraba vidrios, rompía corazones se convertía en un sueño inalcanzable.
Era un sueño inalcanzable.
Rosas caían al escenario tras su canto, hombres perdían el corazón al verla caminar, a algún afortunado le guiñaba el ojo y entonces este moría de amor.
Despierta y se ve sangrando, aprieta una rosa roja del tallo y las espinitas de esta la han lastimado.
Entonces toma el periódico e intenta leerlo: Cierra los ojos tratando de concentrar su vencido sentido de la vista, hace todo lo posible por captar cada letrita que de pronto se maña y se empeña en ser incomprensible.
“Hoy en la noche María Callas se presenta en el teatro del ayuntamiento.”
El puente de su calzón se humedece por su sobre estimulado y oculto sexo, la desea, desea probar esos labios que entonan notas tan magníficas.
Desea ese cuello, morderlo, comerlo, hacerlo rojo, lamerlo por completo, deseaba que María Callas fuera suya.
De fondo su abuelo toca una canción lenta con cierta lujuria, al parecer esos momentos jamás terminarán, pero después de tanto tiempo esa luz, esos sonidos, el olor a caoba del estudio, su abuelo y el crujir de la madera en la época de frío se tendrían que terminar.
La tetera sonó:
¡Fshyyyyy!
En la mesa solo se escuchaba el golpe de la cuchara con la taza y los sorbos que de vez en cuando, o su abuelo o ella daban a la bebida.
Ella estaba inmersa en el deseo de ir a verla, de sentir su voz al oído, de olerla, de poseerla por un día.
De contarle sus pasiones más bajas, de mostrarle su secreta excitación.
-Ni lo pienses que hoy tengo dolor en mis huesos- Dijo su abuelo sin dirigirle la miraba mientras se frotaba los brazos.
Y ella ocultó sus lágrimas tras el humo que salía de la taza de té, se ocultó tras la caída de su largo y negro cabello. Bebió té con lágrimas salinas mientras su sueño se esfumaba cuando el equilibrio hacía que su bebida se enfriara.
Mucho tiempo de una paz maldita, de guerras, ruidos, facas y abandono en su interior.
De un deseo incontrolable entre sus piernas, de una nostalgia gigante en su corazón.
Soledad tenía que llamarse ella.
Su abuelo tosió flemático, asqueroso, sin recato alguno sobre su bebida.
Y ella se dio cuenta que hace mucho podía escuchar el caminar de las ratas detrás de las paredes.
Mucha calma para un corazón joven.
“María Callas”
No podía quitársela de la cabeza.
Suspiraba mientras la escuchaba entre sueños.
En el patio, la fuente se enfriaba aún más, a lo lejos se veía el humo de la fábrica de carbón y el cielo que se mostraba rojo, un cielo oxidado que estaba a punto de dar posada a un cuarto menguante casi finiquito.
Una parvada de aves volaban a lo lejos para enmarcar el ocaso.
Ese día oscureció temprano.
Después del té el abuelo siempre dormía una siesta al arrullo de la práctica de Soledad en el piano.
Ese era el trabajo de ella, ser lenta, recatada, noble, súbita como un té, paciente y hermosa como las melodías que tocaba mientras su abuelo dormía.
Odiaba eso, se odiaba por eso.
Y comenzó entonando “Patética” de Beethoven mientras gotitas de lágrimas salinas caían a sus dedos y disfrutaba obscenamente de ello.
Soledad vivía una excitación secreta que solo el cuerpo femenino puede comprender.
Al son de primer movimiento, se imagina de nuevo, ahí, en medio del escenario, dejando detrás a ese piano que desde niña tuvo que aprender con virtuosismo.
Las ratas detrás de las paredes, la madera crujiendo, la noche cayendo, sus lágrimas y su sexo estimulado por el banco, todo está en sintonía con su música.
Ve a su abuelo, ahí quieto, sin moverse ni un poco, en una calma insoportable, Soledad toca deseando hacer que el tiempo ocurra más pronto, no puede quitarse de la cabeza la idea de que, debe verla, debe decirle lo que siente cuando la ve, cuando piensa en ella.
Su abuelo parece quieto, demasiado, inclusive podría…
Y su pecho se le oprime, no sabe si de gusto o tristeza, esta será la última pieza para él, la toca como nunca antes lo hizo.
Ahí su abuelo con silencio de tumba entre las ratas, la madera, la noche y las lágrimas de la sobre-estimulada Soledad escuchando su última pieza.
Soledad ríe incontrolablemente mientras toca las últimas notas para su abuelo con tanta pasión, que sus dedos cortados han dejado las teclas del piano con manchitas rojas como si esta fuera la escena de un asesinato.
Se pone de pie y tras darle un beso en la frente al vejete corre a su habitación a arreglarse.
Las ratas, la madera, la noche, las lágrimas y el sobre-estimulado sexo de Soledad al fin tendrían saciedad esta noche si todo salía bien.
Hoy vería al fin a “María Callas”
Y este lo terminé apenitas.
REmi
jueves, 26 de febrero de 2009
No soy un buen ciudadano.
El día 14 de Febrero empezó de un modo muy bello.
Desperté y llegó a mi el olorcito ese a té que de vez en cuando mi madre prepara con buen humor, esa noche había soñado esa pesadilla que viene a mí muy seguido:
ese en el que veo a mi abuela y ella toma del brazo a mi abuelo, me dice cruelmente:
"¿Si pudieras te irías con él verdad?"
Esta vez no desperté llorando.
Entonces decidí que quería escribir ese sueño, ver si de algún modo algo mejoraba cambiando el final. Me senté solemne en el computador y lo prendí.
Una taza de té y mi mente perturbada de nueva cuenta.
"Podría revisar mi correo, si encuentro alguno de esos que me asustan, como las cadenas mala leche, me ayudaría*". Pensé.
Encontré, entonces cosas que me hicieron sonreir como jamás antes lo había hecho.
El primero era un correo del periódico para renovar mi contrato.
El segundo era un correo con las posibles portadas de mi libro.
El tercero era una carta escrita por mi amiga Camila en la que me contaba una nueva receta que había adquirido gracias a las coincidencias del destino de un fundido de queso con salsa de salmón que publicaré más adelante.
Al final leí un mensaje de mi amiga Fernanda, quien siempre está ahí, se le necesite o no deseandome, según ella por suceptibilidad un día maravilloso, en el que hacía recuento de nuestra amistad y todo lo que esta ha traído con ella.
Y se me quitaron las ganas de escribir.
Pues sonreí de forma increíble.
Así que decidí salir a "asolearme" a la calle, ahí justo adonde el resto de las personas existen; adonde todos están tratando de escribir sus propias vidas de forma interesante, todos tratando de crear momentos para "recordar":
Por ahí unos novios tomándose fotografías de esas con cuerpos falsos.
Por allá una niñita de la mano de su abuela y venían del mercado.
Un organillero extendiéndome su sombrero.
Palomas que volaban como posando para una fotografía entre el parque pequeñito aquel.
Y yo que me senté un momento y saqué mi libretita, mi pluma de Bob Esponja y empuñando mi imaginación hasta el infinito escribo a modo de memorandum una frase:
"Si guardas silencio, tendrás un poco en los bolsillos para cuando lo necesites"
El resto de la semana, me sentí con ese mismo halo que me invade de vez en cuando, nostálgico y apático, como si viviera en medio de un momento que la historia olvidará, uno de esos momentos en los que se posa el Sol de algún modo que los vuelve sombra. Como los dos días después del fin de una guerra.
Sintiéndome víctima de un futuro olvido.
Yo llevado por el impasible tiempo, por el abrumador espacio, terminaré siendo polvo por guardar tantos silencios.
Obediente.
Educado.
Amable.
Correcto.
Paciente.
Pacífico.
Fome.
"Olvidado".
Aunque no sé si quiero ser inmortal.
Después fuí a ese mercado que se encuentra en Pugibet a comprar carnes y quesos.
Miré por los aparadores como un niñito vagabundo. Sonreí, pues amo comprar alimentos.
y más tarde debía ir a un bautizo, pero no lo hice, no sé, quizá solo estaba de mamón, y mi educación me impidió ir a ver a mis amigos de siempre con mi cara de "Popeye"(citando a Javier).
Y salí en la noche con una amiga a uno de esos sitios que odio, escuchando música de trova, bebiendo micheladas y viendo el espectáculo de un payaso idiota.
A las siete de la mañana, escuchando su despertador, una clase de alarma insoportable que ella no escuchó.
La noche no tuvo la bondad de dejarme beber en paz.
Entre esa semana, cuando caminaba, yo parecía volar entre nubes, parecía encantado por Valiums o algún tipo de no se qué.
Fuí de nuevo un bailarín derrochando talento por las calles.
Fue una semana veloz.
el martes me encontré a mi amiga Joyce pues fuímos a ver la exposición de David Lachapelle, me pareció fea, había mucha gente y las fotografías no me dijeron nada. Eran tontas e irrespetuosas con el arte clásico.
Al final terminamos en "ese cafecito" cercano al zócalo comiendo y hablando de nuestras familias: "la mía es re fea". "No, la mía más".
y al final tratando de demostrarme que era bueno haber renunciado a un trabajo me dijo algo muy extraño:
"Tu cutis está muy terso".
Ese sábado me reencontré con mis amigos, esos de siempre a los que había huído una semana antes, los vi como siempre cada uno con sus problemas de siempre, con las cosas que todos se callan siempre, con lo que hablan siempre.
Inclusive yo, lo que sería insoportable, si no me importara aunque sea un tanto mi propia vida.
Los quiero mucho a todos.
Bebimos en tres cantinas que conocemos bien, todas se nos hicieron feas ya.
Fuímos a una fiestecilla por ahí que Memito nos mencionó por esos días, para sacudirnos la aburrición.
Entré a la fiesta y sin más, un tipejo que se parecía a Jack White me dijo:
"Vienes tú, Alardeando escritorcillo."
-¿Te conozco?- Le pregunté.
No, ni yo a ti.
-Bien, entonces no tengo nada qué decirte- le respondí.
Y toda esa noche en medio de la fiesta (en la que se prestó la cursilería de escribir un deseo que volaría por las calles del centro en la madrugada en un papelito en el que yo dibujé una Margot para darle libertad), me estuvo jodiendo y acercándose para decirme: "hola, tú que no me conoces".
Después gracias al cielo aquel jodón se fue sin más.
Repito:
Odio que me agredan sin razón alguna.
Más tarde, mientras bebía mis ricas Tecates en compañía de mi amigo recién abandonado (por su chica) una mujer me dijo algo a lo lejos y no la escuché.
Me acerqué:
¿Perdón?-Dije
¿Tienes fuego?
No, disculpa, no fumo- le contesté.
Oye y ¿como te llamas?.
Diego, ¿tú?-
Y me dijo su nombre aunque no me acuerdo cual era.
Tienes unos ojos bien bonitos, dame tu correo que no marco por teléfono.
¿Cuántos años tienes?-le dije
29 ¿y tú?-me dijo.
21-contesté.
No te creo, ¿tan chico?-
Ajá-le contesté.
Afortunadamente llegó su amigo marica que me dijo que me parecía al principito tomándome del pelo y regresé con mis amigos.
Esa noche Richie y yo terminamos ocultos en la parte trasera de una camioneta viendo el cielo y las fachadas del centro hasta llegar a Garibaldi.
El Viernes pasado fuí al tomar té (ese rico que alguna vez mencioné antes) con mi amiga Susana, contamos el ¿qué tal? y el ¿cómo te va?, y a pesar de que a ella no le gustó el té que elegí, yo lo amé.
Mencionó algo que me dió mucha risa cuando hablaba de su psicólogo (eso creo, quizá sea psquiatra)que iba más o menos así: "puedo presentartelo, no tengo incoveniente, al fin, no le hablo de ti".
Y eso, me dio mucha risa, por majadero, mucha gente es más simpática cuando lo es y ella es una de esas personas. De hecho mi otra amiga llamada Susana es del mismo tipo, quizá sea situación del nombre y entre su significado esté algo respecto al tema.
Al final de la noche terminé riéndome mucho al recordar esa situación.
El sabado fuí aun lugar "chic" con un primo que es aún más "chic" y me encontré con Tamayo, esa que baila a MIA de forma muy sensual, me saludó y me asusté, (por motivos que no contaré por malcriado) y decidí cobardemente volver a mi casa temprano a ver pelis que me aburrieron.
Hoy saldré para Sonora a cubrir notas policiacas, un amigo (Raulito) me mostró su fea colección de periódicos Metro y entre ellos vi el titular que decía "POZOLE ROJO" y narraba la historia de un narco que metía a sus víctimas en ácido que cuando lo decantaba parecía pozole.
Y que se joda también, ojala que no me pase eso.
Jajajajajajajaja
au revoir (queridísimos lectores)
Desperté y llegó a mi el olorcito ese a té que de vez en cuando mi madre prepara con buen humor, esa noche había soñado esa pesadilla que viene a mí muy seguido:
ese en el que veo a mi abuela y ella toma del brazo a mi abuelo, me dice cruelmente:
"¿Si pudieras te irías con él verdad?"
Esta vez no desperté llorando.
Entonces decidí que quería escribir ese sueño, ver si de algún modo algo mejoraba cambiando el final. Me senté solemne en el computador y lo prendí.
Una taza de té y mi mente perturbada de nueva cuenta.
"Podría revisar mi correo, si encuentro alguno de esos que me asustan, como las cadenas mala leche, me ayudaría*". Pensé.
Encontré, entonces cosas que me hicieron sonreir como jamás antes lo había hecho.
El primero era un correo del periódico para renovar mi contrato.
El segundo era un correo con las posibles portadas de mi libro.
El tercero era una carta escrita por mi amiga Camila en la que me contaba una nueva receta que había adquirido gracias a las coincidencias del destino de un fundido de queso con salsa de salmón que publicaré más adelante.
Al final leí un mensaje de mi amiga Fernanda, quien siempre está ahí, se le necesite o no deseandome, según ella por suceptibilidad un día maravilloso, en el que hacía recuento de nuestra amistad y todo lo que esta ha traído con ella.
Y se me quitaron las ganas de escribir.
Pues sonreí de forma increíble.
Así que decidí salir a "asolearme" a la calle, ahí justo adonde el resto de las personas existen; adonde todos están tratando de escribir sus propias vidas de forma interesante, todos tratando de crear momentos para "recordar":
Por ahí unos novios tomándose fotografías de esas con cuerpos falsos.
Por allá una niñita de la mano de su abuela y venían del mercado.
Un organillero extendiéndome su sombrero.
Palomas que volaban como posando para una fotografía entre el parque pequeñito aquel.
Y yo que me senté un momento y saqué mi libretita, mi pluma de Bob Esponja y empuñando mi imaginación hasta el infinito escribo a modo de memorandum una frase:
"Si guardas silencio, tendrás un poco en los bolsillos para cuando lo necesites"
El resto de la semana, me sentí con ese mismo halo que me invade de vez en cuando, nostálgico y apático, como si viviera en medio de un momento que la historia olvidará, uno de esos momentos en los que se posa el Sol de algún modo que los vuelve sombra. Como los dos días después del fin de una guerra.
Sintiéndome víctima de un futuro olvido.
Yo llevado por el impasible tiempo, por el abrumador espacio, terminaré siendo polvo por guardar tantos silencios.
Obediente.
Educado.
Amable.
Correcto.
Paciente.
Pacífico.
Fome.
"Olvidado".
Aunque no sé si quiero ser inmortal.
Después fuí a ese mercado que se encuentra en Pugibet a comprar carnes y quesos.
Miré por los aparadores como un niñito vagabundo. Sonreí, pues amo comprar alimentos.
y más tarde debía ir a un bautizo, pero no lo hice, no sé, quizá solo estaba de mamón, y mi educación me impidió ir a ver a mis amigos de siempre con mi cara de "Popeye"(citando a Javier).
Y salí en la noche con una amiga a uno de esos sitios que odio, escuchando música de trova, bebiendo micheladas y viendo el espectáculo de un payaso idiota.
A las siete de la mañana, escuchando su despertador, una clase de alarma insoportable que ella no escuchó.
La noche no tuvo la bondad de dejarme beber en paz.
Entre esa semana, cuando caminaba, yo parecía volar entre nubes, parecía encantado por Valiums o algún tipo de no se qué.
Fuí de nuevo un bailarín derrochando talento por las calles.
Fue una semana veloz.
el martes me encontré a mi amiga Joyce pues fuímos a ver la exposición de David Lachapelle, me pareció fea, había mucha gente y las fotografías no me dijeron nada. Eran tontas e irrespetuosas con el arte clásico.
Al final terminamos en "ese cafecito" cercano al zócalo comiendo y hablando de nuestras familias: "la mía es re fea". "No, la mía más".
y al final tratando de demostrarme que era bueno haber renunciado a un trabajo me dijo algo muy extraño:
"Tu cutis está muy terso".
Ese sábado me reencontré con mis amigos, esos de siempre a los que había huído una semana antes, los vi como siempre cada uno con sus problemas de siempre, con las cosas que todos se callan siempre, con lo que hablan siempre.
Inclusive yo, lo que sería insoportable, si no me importara aunque sea un tanto mi propia vida.
Los quiero mucho a todos.
Bebimos en tres cantinas que conocemos bien, todas se nos hicieron feas ya.
Fuímos a una fiestecilla por ahí que Memito nos mencionó por esos días, para sacudirnos la aburrición.
Entré a la fiesta y sin más, un tipejo que se parecía a Jack White me dijo:
"Vienes tú, Alardeando escritorcillo."
-¿Te conozco?- Le pregunté.
No, ni yo a ti.
-Bien, entonces no tengo nada qué decirte- le respondí.
Y toda esa noche en medio de la fiesta (en la que se prestó la cursilería de escribir un deseo que volaría por las calles del centro en la madrugada en un papelito en el que yo dibujé una Margot para darle libertad), me estuvo jodiendo y acercándose para decirme: "hola, tú que no me conoces".
Después gracias al cielo aquel jodón se fue sin más.
Repito:
Odio que me agredan sin razón alguna.
Más tarde, mientras bebía mis ricas Tecates en compañía de mi amigo recién abandonado (por su chica) una mujer me dijo algo a lo lejos y no la escuché.
Me acerqué:
¿Perdón?-Dije
¿Tienes fuego?
No, disculpa, no fumo- le contesté.
Oye y ¿como te llamas?.
Diego, ¿tú?-
Y me dijo su nombre aunque no me acuerdo cual era.
Tienes unos ojos bien bonitos, dame tu correo que no marco por teléfono.
¿Cuántos años tienes?-le dije
29 ¿y tú?-me dijo.
21-contesté.
No te creo, ¿tan chico?-
Ajá-le contesté.
Afortunadamente llegó su amigo marica que me dijo que me parecía al principito tomándome del pelo y regresé con mis amigos.
Esa noche Richie y yo terminamos ocultos en la parte trasera de una camioneta viendo el cielo y las fachadas del centro hasta llegar a Garibaldi.
El Viernes pasado fuí al tomar té (ese rico que alguna vez mencioné antes) con mi amiga Susana, contamos el ¿qué tal? y el ¿cómo te va?, y a pesar de que a ella no le gustó el té que elegí, yo lo amé.
Mencionó algo que me dió mucha risa cuando hablaba de su psicólogo (eso creo, quizá sea psquiatra)que iba más o menos así: "puedo presentartelo, no tengo incoveniente, al fin, no le hablo de ti".
Y eso, me dio mucha risa, por majadero, mucha gente es más simpática cuando lo es y ella es una de esas personas. De hecho mi otra amiga llamada Susana es del mismo tipo, quizá sea situación del nombre y entre su significado esté algo respecto al tema.
Al final de la noche terminé riéndome mucho al recordar esa situación.
El sabado fuí aun lugar "chic" con un primo que es aún más "chic" y me encontré con Tamayo, esa que baila a MIA de forma muy sensual, me saludó y me asusté, (por motivos que no contaré por malcriado) y decidí cobardemente volver a mi casa temprano a ver pelis que me aburrieron.
Hoy saldré para Sonora a cubrir notas policiacas, un amigo (Raulito) me mostró su fea colección de periódicos Metro y entre ellos vi el titular que decía "POZOLE ROJO" y narraba la historia de un narco que metía a sus víctimas en ácido que cuando lo decantaba parecía pozole.
Y que se joda también, ojala que no me pase eso.
Jajajajajajajaja
au revoir (queridísimos lectores)
martes, 3 de febrero de 2009
Que se jodan las cosas...
Hoy sentí algo que no me gustó.
Fuí a comer a mi eterno Trevi, me senté en la silla que siempre ocupo cuando voy solo, el paisaje era como siempre: ameno y viejo.
Ahí estaban unos cuantos camaradas de comidas en solitario a los cuales ni veo cuando voy acompañado.
"joven, no le di su regalo de fin de año"- me dijo la mesera-
Y la vidé, con su siempre seguro fleco de estilo noventas, extendiéndome un cuchillo de mantequilla con la estampa impresa del Trevi.
¿Es un regalo?- Pensé nervioso, pero despues esa calma que me visita tan seguido ultimamente me hizo recapacitar.
_No Tú, lo pagaste ya con tantas comidas, con tanto tiempo, con tantos escritos, con tantas...tantas._
-Vale- le dije sonriendo y volví a mi tema recurrente estos días-
¿Qué palabra decir en vez de "gracias"?
Mientras comía mis ricos ravioles a la romana, pensaba en la respuesta.
Jamás llegó.
Unas viejillas, de esas típicas por las que los estereotipos se inventaron se sentaron junto a mí:
-Jimena, te digo: ¡solo existe una tortilla española, no seas necia!-
-¡Que si existe, el otro día ...blablabla... con zanahoria!-
Y entonces como siempre me tomo las licencias de entrometerme en lo que no, hablé hacia ellas.
De hecho si existen dos estilos de tortillas españolas:
ambas llevan:
Aceite de oliva (adceite de olivas)
1/4 de Cebolla picada (dceboia picaá)
2 papas peladas crudas (2 papas pelaás cruas)
4 huevos (se dice igual)
Sal (sal, también)
Preparación:
En una olla se coloca el aceite de oliva, una taza nomás, no se deja tanto pues no se quiere que nade y que las papas se hagan fritas. Se mete la cebolla y la papa al mismo tiempo, ojo la sal va al último, si no se hace así, sabrá muy feo. Después de aproximadamente dos minutos en cadela fuerte, se colocan los huevos previamente batidos (o revueltos, como deseen)y la sal.
Se deja a fuego hasta que se puede voltear para la cocción uniforme en ambos lados.
(Volviendo)
A las viejitas rancias, les dije que la diferencia entre las tortillas Asturiana y la Madrileña, es el corte de la papa, que aunque no lo crean, si tiene mucha influencia en el sabor:
Madrileña: rodajas.
Asturiana: Cubitos.
Las viejitas me invitaron a comer con ellas:
¡Venga joven!, ¿Cómo es que sabe uste´ eso?-
-No, muchas gracias, tengo algo de prisa y no quisiera hacer la grosería.-
Y la mesera volvió con mi cambio:
-¿Vive solo joven?-
-No, soy casado-le respondí.
-¿Tan joven?-
-Si, uno comete errores- Terminé a lo que ella sonrío:
-Tenga buena tarde-
A la mañana siguiente mi padre y yo andabamos por el circuito interior en medio de ese tìpico tráfico citadino; él últmimamente se comporta extraño (Si, eso de extraño depende mucho de mí)y de pronto solto una bomba de la nada:
-¿Alguna vez pensaste que estas en este mundo por alguna razón en especial Diego*?-
Mi padre es amante de la metafìsica y le da seguido la cosa de verme como futuro salvador de algo (quizá de las nueces, o algo así).
-Si, para escribir-le respondí.
Y quedé perturbado evadiendo la plática del destino del mundo.
Por último, por si no lo saben, sufro de alucinaciones de vez en cuando; ultimamente veo a una niña (y no, no veo muertos)por lo que me haré unos estudios clínicos.
Yo pensaba que podía ser cansancio o en el peor de los casos epilepsia, pero (y no sé si sea mejor) mi amigo Rodrigo (que está enojado conmigo porque lo dejé plantado)me dijo con un humor negro que me dejó chispeando:
Si es esquizofrenia, estas a tiempo para tratarla, es tratable y controlable, claro, no te descuides que luego harìas cosas como Van Gogh que sin darse cuenta se cortó la oreja para su mujer.
¡Chis!
Que se joda
¿Que no?
REmi
*Hace mucho no me asumía como "Diego", de hecho siempre detesté mi nombre pues lo relacionaba de algún modo con los higos del árbol de mi abuela.(Detesto los higos)
Fuí a comer a mi eterno Trevi, me senté en la silla que siempre ocupo cuando voy solo, el paisaje era como siempre: ameno y viejo.
Ahí estaban unos cuantos camaradas de comidas en solitario a los cuales ni veo cuando voy acompañado.
"joven, no le di su regalo de fin de año"- me dijo la mesera-
Y la vidé, con su siempre seguro fleco de estilo noventas, extendiéndome un cuchillo de mantequilla con la estampa impresa del Trevi.
¿Es un regalo?- Pensé nervioso, pero despues esa calma que me visita tan seguido ultimamente me hizo recapacitar.
_No Tú, lo pagaste ya con tantas comidas, con tanto tiempo, con tantos escritos, con tantas...tantas._
-Vale- le dije sonriendo y volví a mi tema recurrente estos días-
¿Qué palabra decir en vez de "gracias"?
Mientras comía mis ricos ravioles a la romana, pensaba en la respuesta.
Jamás llegó.
Unas viejillas, de esas típicas por las que los estereotipos se inventaron se sentaron junto a mí:
-Jimena, te digo: ¡solo existe una tortilla española, no seas necia!-
-¡Que si existe, el otro día ...blablabla... con zanahoria!-
Y entonces como siempre me tomo las licencias de entrometerme en lo que no, hablé hacia ellas.
De hecho si existen dos estilos de tortillas españolas:
ambas llevan:
Aceite de oliva (adceite de olivas)
1/4 de Cebolla picada (dceboia picaá)
2 papas peladas crudas (2 papas pelaás cruas)
4 huevos (se dice igual)
Sal (sal, también)
Preparación:
En una olla se coloca el aceite de oliva, una taza nomás, no se deja tanto pues no se quiere que nade y que las papas se hagan fritas. Se mete la cebolla y la papa al mismo tiempo, ojo la sal va al último, si no se hace así, sabrá muy feo. Después de aproximadamente dos minutos en cadela fuerte, se colocan los huevos previamente batidos (o revueltos, como deseen)y la sal.
Se deja a fuego hasta que se puede voltear para la cocción uniforme en ambos lados.
(Volviendo)
A las viejitas rancias, les dije que la diferencia entre las tortillas Asturiana y la Madrileña, es el corte de la papa, que aunque no lo crean, si tiene mucha influencia en el sabor:
Madrileña: rodajas.
Asturiana: Cubitos.
Las viejitas me invitaron a comer con ellas:
¡Venga joven!, ¿Cómo es que sabe uste´ eso?-
-No, muchas gracias, tengo algo de prisa y no quisiera hacer la grosería.-
Y la mesera volvió con mi cambio:
-¿Vive solo joven?-
-No, soy casado-le respondí.
-¿Tan joven?-
-Si, uno comete errores- Terminé a lo que ella sonrío:
-Tenga buena tarde-
A la mañana siguiente mi padre y yo andabamos por el circuito interior en medio de ese tìpico tráfico citadino; él últmimamente se comporta extraño (Si, eso de extraño depende mucho de mí)y de pronto solto una bomba de la nada:
-¿Alguna vez pensaste que estas en este mundo por alguna razón en especial Diego*?-
Mi padre es amante de la metafìsica y le da seguido la cosa de verme como futuro salvador de algo (quizá de las nueces, o algo así).
-Si, para escribir-le respondí.
Y quedé perturbado evadiendo la plática del destino del mundo.
Por último, por si no lo saben, sufro de alucinaciones de vez en cuando; ultimamente veo a una niña (y no, no veo muertos)por lo que me haré unos estudios clínicos.
Yo pensaba que podía ser cansancio o en el peor de los casos epilepsia, pero (y no sé si sea mejor) mi amigo Rodrigo (que está enojado conmigo porque lo dejé plantado)me dijo con un humor negro que me dejó chispeando:
Si es esquizofrenia, estas a tiempo para tratarla, es tratable y controlable, claro, no te descuides que luego harìas cosas como Van Gogh que sin darse cuenta se cortó la oreja para su mujer.
¡Chis!
Que se joda
¿Que no?
REmi
*Hace mucho no me asumía como "Diego", de hecho siempre detesté mi nombre pues lo relacionaba de algún modo con los higos del árbol de mi abuela.(Detesto los higos)
jueves, 29 de enero de 2009
La desesperación
Entró en su habitación, lento, pero sin la menor perturbación, deseoso, maldito y obeso. Sonreía y el niño no sabía que hacer, solo fingir que seguía durmiendo, la noche se tornaba más obscura, las siluetas menos delineadas, la Luna desaparecía tras una malévola sonrisa. Era otra noche para llorar.
Entonces la cobija bajaba lentamente, su padre se acostaba a sus espaldas y después lo manoseaba aunque llorara, su padre jamás conoció el no. Un halo apestoso se hacia presente, lo más espantoso de todo se disipaba antes de suceder.
Entonces despertaba como muchas noches: apretando sus largas uñas, cerrando sus puños hasta que estos sangraban, orinado a sus diez y siete años de edad. Hasta que la amarga noche lo hacía caer dormido nuevamente por el cansancio de su lloriqueo.
Existían horribles recuerdos eternos aún, para el.
Un día como hoy
Ike, callado, burla del mundo tan grande, tan inmenso, tan espantoso se sentaba diario hasta atrás queriendo desaparecer del todo, queriendo ser nada, queriendo desafiar esa ley de antimateria, preguntando, deseando saber como desaparecer completamente. Un círculo de farsantes, odiosos, malditos adolescentes intransigentes y crueles de los que era victima día tras día, lo hacia menos: ¿cómo no temerle al mundo? si el mundo te desprecia por temerte a ti.
Y joven, enamorado, miraba a la chica de su corazón, aquella en la cual pensaba cuando lloraba, aquella que con solo una sonrisa hubiera logrado calmar las aguas, una completa desconocida a la que miraba por ya mucho tiempo, aquella que deseaba jamás tener contacto con el.
Una tarde más en la que el reloj de pared avanzaba lento, horas más en las que Ike ignoraba a su total vida, en la que lo único que lo mantenía despierto, ausente a su dolor puro, era el lento disiparse del haz de luz que entraba en la ventana, las miradas esporádicas a María, aquella ingrata y eterna que jamás volteaba, ni por accidente. El nunca saber las respuestas, ni una, el deseo de ser otro. Y entonces piensa: jamás me han besado, y eso, aunque pequeño, lo habría cambiado todo, nadie lo veía con amor, eso de su padre, definitivamente no era amor.
Y empieza de nuevo a golpear con la pluma la mesa, recostado sobre la paleta, mirando el reloj, a María, al maestro, a los muchachos que le aventaban cosas, al sol que ya casi moría. Entonces el maestro le pide que guarde silencio, tiene que ver la lista para saber su nombre, y eso que el año esta a punto de terminar. En verdad, jamás habló mucho, y le pedían que guardara silencio.
Entonces va al baño y se mira al espejo: Ike es horrible piensa, por eso su padre lo odia, por eso su madre se ha muerto, también le avientan cosas, lo golpean, lo ignoran y hasta a veces deja de existir, y se pone a llorar. Un poquito, para que nadie se de cuenta que tarda mucho, si alguien acaso lo hace.
Y recorre el pasillo, escucha sus pasos uniformes, huecos, ve el piso: de ajedrez y limpio, en la puerta del salón está su profesora con el director. Ese chico es un problema dicen, sabe que hablan del pésimo Ike.
Llaman a su padre, y espera en la oficina, nada asustado, pero con un dolor en el pecho, su alma llora, no solo es nada, también es un problema; golpea nuevamente con la pluma, es un tic nervioso que molesta al director, le pide nuevamente silencio y en ese momento, baja la vista, no quiere que vean esas lágrimas que están al abismo respirando por salir, no quiere que lo vean sufrir.
Su padre de nuevo, obeso y maldito, lo mira deseoso, lo toma del cabello y en ese momento las lágrimas se ven recorriendo sus mejillas, el director parece disfrutarlo y le habla a Sergio sobre el hijo tan canalla que tiene. Hipócrita, el hijo de puta lo tacha en su cara, Ike jamás le hizo nada, parecía un plan que le impediría tener siquiera un amigo.
Se siente triste, no tiene más que decir, no piensa en otra cosa, un dolor que crece más rápido que nunca lo inunda, es mucho dolor, se siente lento y torpe, tiene hambre, y odio también. Hambre y dolor en el estómago.
Su padre se lo lleva temprano a casa, otra noche de lágrimas…
La premeditación
Despierta con esa salinidad en las mejillas, las lágrimas ya no le saben tan bien como antes, no relajan, son más pesadas, más grandes y cansadas cada vez. Su cabeza esta caliente, tiene rabia; esa ira es lo que crecía poco a poco se da cuenta, al fin tiene algo sin dudar.
Y entonces va a la habitación de su padre, jala el cajón prohibido y ve el viejo revólver del abuelo, lo toma, lo mira mucho tiempo en sus manos. Es la única memoria del abuelo, con este mismo él se dio un tiro en la sien, estas balas guardan su alma. El aire se hace denso, escucha voces en su interior, la habitación esta semioscura, poca luz entra por un resquicio escondido, sentado en la cama, se mira y se queda perplejo. Se da cuenta que no quiere suicidarse. Entonces comienza a llover, se siente incapaz de hacer algo, se siente un cobarde, no sabe que hacer con ese odio. Esos ojos furiosos ya no desaparecen cuando ve el espejo.
Se va a dormir, quiere esa noche soñar con María, a pesar de su padre esta no será una noche de lágrimas.
La metamorfosis
Una mariposa volaba esa mañana en círculos en el patio, la mañana es muy húmeda, muy fría, se escucha a una cigarra cantando en algún lado, anoche Ike tuvo un sueño hermoso que hoy va a convertir en realidad.
Una mañana hermosa, es muy temprano, va a la habitación de su padre, Sergio duerme en la cama de Ike aún, el niño va al cajón prohibido, quiere hacer sus sueños realidad y sonríe cuando ve el espejo, se va a convertir en lo que siempre ha soñado. Va a ser libre.
En ese momento no escucha nada, solo siente paz, todo va en cámara lenta, disfruta cada instante. Entonces lo mira, obeso y detestable, jala la cortina para que ese hermoso viento matutino entre de tajo, su padre despierta, intenta no salir de su sueño cubriéndose el rostro, Ike sabe que tiene que despertar. No dice nada, lo ve con esa herencia en mano y Sergio acepta su destino, lo esperaba, aunque no tan pronto. A sus espaldas, el niño deja la imagen más hermosa que jamás había imaginado, un río de color carmín, el olor a pólvora, la cara de espanto. Se tomará un baño, decide, para salir a cumplir su sueño.
Al salir, tiene una manzana en mano, hace mucho no sentía el pecho descongestionado, la fruta es jugosa, a eso deben saber los labios de María, siempre lo ha creído al menos. Respira hondo, el rocío esta hermoso, el sol que se asoma también, camina a la escuela, tiene mucho tiempo para ver esas calles, esas que ahora ya no parecen espantosas grietas. Ve muchas mariposas, ve a la gente apareciendo poco a poco.
La escuela se le hace pequeña, apenas abre, es martes, el menos espantoso de todos, espera la llegada del director, es paciente, esta contento.
Esta vez no hace ningún ruido molesto, espera callado, con buena cara, como jamás lo habían visto, el señor entra con su eterno mostacho, llega de malas, Ike le enseña buenos modales, desafortunadamente lo que le entra por un oído le sale por el otro. Se da cuenta que el color carmín es su favorito, tanto tiempo que desperdició sin saber eso.
En el salón, están todos, por primera vez, se percatan de su llegada, no tenía un día más feliz que este: su maestra lo mira fijamente, sus compañeros también, lo miran porque ese día no debería estar ahí, son los quince minutos de fama de Ike y no los piensa desperdiciar. Comienza a correr carmín, se detiene con María, disfruta, que al fin lo vea, esa mirada es de asombro. Está más enamorado que nunca. Corre carmín de ella también, se le queda viendo, y con vergüenza, con sutileza se acerca, su corazón palpita como nunca, está a punto de cumplir su sueño, ella está hermosa, inmóvil, parece que también lo desea, la besa. Adiós María, piensa y se va a su casa, lleva en sus labios ese hermoso néctar, no sabía que los besos fueran tan bellos.
Y entonces se va, muy contento, ya no tiene rabia, ya besó, María lo miró, y sabia que nada más malo podía pasar. Le da las gracias a su abuelo y camina tanto, que llega a calles desconocidas, ya tiene un buen rato que no ve mariposas.
El sueño
Al fin del día, ve el atardecer en las afueras de la ciudad, tiene sus pies cansados, quiere dormir, tiene hambre y no le duele el estómago, está exhausto, quiere dormir. La culpa no roza su conciencia ni un segundo. Esa noche tiene el mejor de los sueños, lo cobijaban hermosas estrellas, mañana, sería otro gran día.
Blablabla.Si este no es de Hoy no sale el Sol
REmi
Entonces la cobija bajaba lentamente, su padre se acostaba a sus espaldas y después lo manoseaba aunque llorara, su padre jamás conoció el no. Un halo apestoso se hacia presente, lo más espantoso de todo se disipaba antes de suceder.
Entonces despertaba como muchas noches: apretando sus largas uñas, cerrando sus puños hasta que estos sangraban, orinado a sus diez y siete años de edad. Hasta que la amarga noche lo hacía caer dormido nuevamente por el cansancio de su lloriqueo.
Existían horribles recuerdos eternos aún, para el.
Un día como hoy
Ike, callado, burla del mundo tan grande, tan inmenso, tan espantoso se sentaba diario hasta atrás queriendo desaparecer del todo, queriendo ser nada, queriendo desafiar esa ley de antimateria, preguntando, deseando saber como desaparecer completamente. Un círculo de farsantes, odiosos, malditos adolescentes intransigentes y crueles de los que era victima día tras día, lo hacia menos: ¿cómo no temerle al mundo? si el mundo te desprecia por temerte a ti.
Y joven, enamorado, miraba a la chica de su corazón, aquella en la cual pensaba cuando lloraba, aquella que con solo una sonrisa hubiera logrado calmar las aguas, una completa desconocida a la que miraba por ya mucho tiempo, aquella que deseaba jamás tener contacto con el.
Una tarde más en la que el reloj de pared avanzaba lento, horas más en las que Ike ignoraba a su total vida, en la que lo único que lo mantenía despierto, ausente a su dolor puro, era el lento disiparse del haz de luz que entraba en la ventana, las miradas esporádicas a María, aquella ingrata y eterna que jamás volteaba, ni por accidente. El nunca saber las respuestas, ni una, el deseo de ser otro. Y entonces piensa: jamás me han besado, y eso, aunque pequeño, lo habría cambiado todo, nadie lo veía con amor, eso de su padre, definitivamente no era amor.
Y empieza de nuevo a golpear con la pluma la mesa, recostado sobre la paleta, mirando el reloj, a María, al maestro, a los muchachos que le aventaban cosas, al sol que ya casi moría. Entonces el maestro le pide que guarde silencio, tiene que ver la lista para saber su nombre, y eso que el año esta a punto de terminar. En verdad, jamás habló mucho, y le pedían que guardara silencio.
Entonces va al baño y se mira al espejo: Ike es horrible piensa, por eso su padre lo odia, por eso su madre se ha muerto, también le avientan cosas, lo golpean, lo ignoran y hasta a veces deja de existir, y se pone a llorar. Un poquito, para que nadie se de cuenta que tarda mucho, si alguien acaso lo hace.
Y recorre el pasillo, escucha sus pasos uniformes, huecos, ve el piso: de ajedrez y limpio, en la puerta del salón está su profesora con el director. Ese chico es un problema dicen, sabe que hablan del pésimo Ike.
Llaman a su padre, y espera en la oficina, nada asustado, pero con un dolor en el pecho, su alma llora, no solo es nada, también es un problema; golpea nuevamente con la pluma, es un tic nervioso que molesta al director, le pide nuevamente silencio y en ese momento, baja la vista, no quiere que vean esas lágrimas que están al abismo respirando por salir, no quiere que lo vean sufrir.
Su padre de nuevo, obeso y maldito, lo mira deseoso, lo toma del cabello y en ese momento las lágrimas se ven recorriendo sus mejillas, el director parece disfrutarlo y le habla a Sergio sobre el hijo tan canalla que tiene. Hipócrita, el hijo de puta lo tacha en su cara, Ike jamás le hizo nada, parecía un plan que le impediría tener siquiera un amigo.
Se siente triste, no tiene más que decir, no piensa en otra cosa, un dolor que crece más rápido que nunca lo inunda, es mucho dolor, se siente lento y torpe, tiene hambre, y odio también. Hambre y dolor en el estómago.
Su padre se lo lleva temprano a casa, otra noche de lágrimas…
La premeditación
Despierta con esa salinidad en las mejillas, las lágrimas ya no le saben tan bien como antes, no relajan, son más pesadas, más grandes y cansadas cada vez. Su cabeza esta caliente, tiene rabia; esa ira es lo que crecía poco a poco se da cuenta, al fin tiene algo sin dudar.
Y entonces va a la habitación de su padre, jala el cajón prohibido y ve el viejo revólver del abuelo, lo toma, lo mira mucho tiempo en sus manos. Es la única memoria del abuelo, con este mismo él se dio un tiro en la sien, estas balas guardan su alma. El aire se hace denso, escucha voces en su interior, la habitación esta semioscura, poca luz entra por un resquicio escondido, sentado en la cama, se mira y se queda perplejo. Se da cuenta que no quiere suicidarse. Entonces comienza a llover, se siente incapaz de hacer algo, se siente un cobarde, no sabe que hacer con ese odio. Esos ojos furiosos ya no desaparecen cuando ve el espejo.
Se va a dormir, quiere esa noche soñar con María, a pesar de su padre esta no será una noche de lágrimas.
La metamorfosis
Una mariposa volaba esa mañana en círculos en el patio, la mañana es muy húmeda, muy fría, se escucha a una cigarra cantando en algún lado, anoche Ike tuvo un sueño hermoso que hoy va a convertir en realidad.
Una mañana hermosa, es muy temprano, va a la habitación de su padre, Sergio duerme en la cama de Ike aún, el niño va al cajón prohibido, quiere hacer sus sueños realidad y sonríe cuando ve el espejo, se va a convertir en lo que siempre ha soñado. Va a ser libre.
En ese momento no escucha nada, solo siente paz, todo va en cámara lenta, disfruta cada instante. Entonces lo mira, obeso y detestable, jala la cortina para que ese hermoso viento matutino entre de tajo, su padre despierta, intenta no salir de su sueño cubriéndose el rostro, Ike sabe que tiene que despertar. No dice nada, lo ve con esa herencia en mano y Sergio acepta su destino, lo esperaba, aunque no tan pronto. A sus espaldas, el niño deja la imagen más hermosa que jamás había imaginado, un río de color carmín, el olor a pólvora, la cara de espanto. Se tomará un baño, decide, para salir a cumplir su sueño.
Al salir, tiene una manzana en mano, hace mucho no sentía el pecho descongestionado, la fruta es jugosa, a eso deben saber los labios de María, siempre lo ha creído al menos. Respira hondo, el rocío esta hermoso, el sol que se asoma también, camina a la escuela, tiene mucho tiempo para ver esas calles, esas que ahora ya no parecen espantosas grietas. Ve muchas mariposas, ve a la gente apareciendo poco a poco.
La escuela se le hace pequeña, apenas abre, es martes, el menos espantoso de todos, espera la llegada del director, es paciente, esta contento.
Esta vez no hace ningún ruido molesto, espera callado, con buena cara, como jamás lo habían visto, el señor entra con su eterno mostacho, llega de malas, Ike le enseña buenos modales, desafortunadamente lo que le entra por un oído le sale por el otro. Se da cuenta que el color carmín es su favorito, tanto tiempo que desperdició sin saber eso.
En el salón, están todos, por primera vez, se percatan de su llegada, no tenía un día más feliz que este: su maestra lo mira fijamente, sus compañeros también, lo miran porque ese día no debería estar ahí, son los quince minutos de fama de Ike y no los piensa desperdiciar. Comienza a correr carmín, se detiene con María, disfruta, que al fin lo vea, esa mirada es de asombro. Está más enamorado que nunca. Corre carmín de ella también, se le queda viendo, y con vergüenza, con sutileza se acerca, su corazón palpita como nunca, está a punto de cumplir su sueño, ella está hermosa, inmóvil, parece que también lo desea, la besa. Adiós María, piensa y se va a su casa, lleva en sus labios ese hermoso néctar, no sabía que los besos fueran tan bellos.
Y entonces se va, muy contento, ya no tiene rabia, ya besó, María lo miró, y sabia que nada más malo podía pasar. Le da las gracias a su abuelo y camina tanto, que llega a calles desconocidas, ya tiene un buen rato que no ve mariposas.
El sueño
Al fin del día, ve el atardecer en las afueras de la ciudad, tiene sus pies cansados, quiere dormir, tiene hambre y no le duele el estómago, está exhausto, quiere dormir. La culpa no roza su conciencia ni un segundo. Esa noche tiene el mejor de los sueños, lo cobijaban hermosas estrellas, mañana, sería otro gran día.
Blablabla.Si este no es de Hoy no sale el Sol
REmi
jueves, 22 de enero de 2009
Hoy no sale el Sol parte VII
El plan de conquista y la llegada de Miguel
El capítulo 35 habla de la noche antes de la boda de Ike, cuando lo leo recuerdo justo todo aquello que me fascinó de Violeta, llamada en mi historia Priscila, en ese personaje junto a las mujeres de las que recuerdo nombre y aroma. Todo sería más fácil así, pero sueno detestable con tan solo pensarlo:
“La noche ocultaba un poco de ilusión, un tanto de nostalgia, mi pecho estaba a punto de colapsarse por la imagen que mañana podría hacerse presente.
Mi corazón palpitaba desenfrenado, estaba caliente, cada vez más, mis lágrimas cuando salían parecían evaporarse, tenía que salvarla, esta historia no tenía que ocurrir”.
Pero Ike no lo lograba:
“Ella no estaba en casa esa noche, la busqué como loco, hasta debajo de las piedras, gritando en la calle y nunca me contestaba.
Ojala que mañana la vea antes de que ocurra, me quedo tirado en la banqueta de su casa. Cuando amanece ella no llegó.”
Y suena el timbre de la casa, esta lectura me perturba, mejor abriré, puede que sean muestras gratis de algún producto tóxico, una carta de Violeta, las mismísima Iris o Gabriel.
No, es Miguel el editor con cara de cárcel y aroma a tequila.
Está muy ebrio como para ponerse digno, al menos eso está bien, pienso y de forma inusitada, inesperada, me da un abrazo fuerte. Se suelta a llorar.
“¿Quién es?”- Me grita Sergio
“Mi jefe”- le contesto
Me dice mucho, lo oigo muy poco, estoy más nervioso por el momento que me pregunte del avance de que me cuente preocupado por su vida.
Resulta que lo van a correr de la editorial si no publica otro éxito; se une al club de Gabriel y mío. Su esposa lo dejó hace dos meses.
En ese instante ya siento un poco de camaradería por el, no sabe adonde se fue Lucrecia, puede que todas las esposas estén en el mismo lado hablando mal de nosotros, claro, en un sentido poético y sarcástico.
Cuando Sergio pretende salir a la sala e integrarse a la plática, decido que es mejor que vayamos con Gabriel. Antes de salir del departamento pregunto a Sergio el paradero de Violeta; a lo que el cabrón malagradecido me responde que es mi esposa, no suya.
Miguel recoge ya unos cuantos kilos de hojas de mi bíblico libro, lo dejaré, no voy a huir más.
En casa de Gabriel todos los adornos han desaparecido, huele a comida echada a perder y cerveza, en el cenicero las bachas de porros que nos hemos fumado estos días, aún está la cerveza que no me terminé en la mesita de centro.
Una caja de cereal rancio a medio comer frente al televisor, Gabriel ebrio y deprimido, otro cuarentón patán y canalla del montón.
“traigo dos botellas de tequila en mi carro”- dice Miguel
Entonces nos las empezamos a beber.
Horas después ya éramos hermanos, sabíamos la vida del otro a la perfección, el único con empleo aquí lo odiaba, estábamos solos, sin rumbo fijo ni historia. Parecíamos adolescentes, pero nos veíamos más patéticos, panzones, medio calvos y arrugados.
“¿Me darás el avance de la novela?” – Me pregunta Miguel
¿De que trata la novela?” –Me dice Gabriel
Yo me quedo callado, tomo tequila, tengo las venas y las lágrimas a punto de salir, lloraré como un niñito, eso lo sé.
“es muy larga, ¿ya la terminaste?”-Me dice Gabriel
“El otoño de las rosas era muy breve te aseguro que esta será un éxito más” –Miguel que no se calla.
“¿Cual es el tema de la novela?” –Otra vez Gabriel
“Deberíamos preocuparnos primero por nuestras vidas y nuestras esposas” –Digo cruelmente
“Odio a la mía, me preocuparé cuando me llegue la demanda del divorcio” –Miguel
“Se fue con su amante de hace tres años”-Gabriel
“yo amo a la mía” –Les contesto
“Pero no sé adonde está”
¿Qué le pasa al mundo?, todos se engañan, se olvidan y se pierden en sentimientos insulsos y torpes. Todos somos un gran club de perdedores conformistas.
Entonces se escucha el silencio, ese incómodo que a menudo se ríe en su percepción de las situaciones. Todos renombran su vida en cabeza quieta, Miguel ama a su esposa también, pero no quiere dar más pena de la que ha mostrado hoy, esta cansado de hacerlo por todos lados. De rodillas le rogó a Lucrecia que no lo abandonara, con todo y sus canas prematuras y lentes de fondo de botella.
Lástima es el último adjetivo que ella le dijo: “Me das lástima”
Gabriel se casó sin saber porque, fue una tontería de la juventud, un error que lo absorbió hasta los cuarenta años. Todo ese tiempo miró a otras mujeres con deseo, al principio ellas a él también, el matrimonio solo le sirvió para ganarse un gesto más pesado del que tenía antes. Se está quedando calvo, está mas relleno y su mirada busca la muerte que se aproxima.
Desde hace años ninguna mujer lo mira con deseo, Soledad tampoco, no con deseo, ni con amor, ni cariño, parece una muñeca estúpida que está ahí porque debe.
Lo trata como idiota, le daba de comer cosas que él odiaba, le pedía dar gracias a Dios hasta por el sexo que tendrían, por eso fingió este último año que tenía disfunción eréctil. Esa mujer le arruinó la vida.
Y conmigo el alcohol había dado resultado: es cierto que los borrachos y los niños dicen siempre la verdad. Antes de que me fuera a dejar de perder al tiempo con ellos, desempatan la idea, de que si uno de nosotros puede ser feliz, vale la pena ayudarle.
El alcohol es mágico, no deberían estigmatizarlo.
Si, pinches "estereotipos" jajaja ¡¡¡buh!!!
REmi
El capítulo 35 habla de la noche antes de la boda de Ike, cuando lo leo recuerdo justo todo aquello que me fascinó de Violeta, llamada en mi historia Priscila, en ese personaje junto a las mujeres de las que recuerdo nombre y aroma. Todo sería más fácil así, pero sueno detestable con tan solo pensarlo:
“La noche ocultaba un poco de ilusión, un tanto de nostalgia, mi pecho estaba a punto de colapsarse por la imagen que mañana podría hacerse presente.
Mi corazón palpitaba desenfrenado, estaba caliente, cada vez más, mis lágrimas cuando salían parecían evaporarse, tenía que salvarla, esta historia no tenía que ocurrir”.
Pero Ike no lo lograba:
“Ella no estaba en casa esa noche, la busqué como loco, hasta debajo de las piedras, gritando en la calle y nunca me contestaba.
Ojala que mañana la vea antes de que ocurra, me quedo tirado en la banqueta de su casa. Cuando amanece ella no llegó.”
Y suena el timbre de la casa, esta lectura me perturba, mejor abriré, puede que sean muestras gratis de algún producto tóxico, una carta de Violeta, las mismísima Iris o Gabriel.
No, es Miguel el editor con cara de cárcel y aroma a tequila.
Está muy ebrio como para ponerse digno, al menos eso está bien, pienso y de forma inusitada, inesperada, me da un abrazo fuerte. Se suelta a llorar.
“¿Quién es?”- Me grita Sergio
“Mi jefe”- le contesto
Me dice mucho, lo oigo muy poco, estoy más nervioso por el momento que me pregunte del avance de que me cuente preocupado por su vida.
Resulta que lo van a correr de la editorial si no publica otro éxito; se une al club de Gabriel y mío. Su esposa lo dejó hace dos meses.
En ese instante ya siento un poco de camaradería por el, no sabe adonde se fue Lucrecia, puede que todas las esposas estén en el mismo lado hablando mal de nosotros, claro, en un sentido poético y sarcástico.
Cuando Sergio pretende salir a la sala e integrarse a la plática, decido que es mejor que vayamos con Gabriel. Antes de salir del departamento pregunto a Sergio el paradero de Violeta; a lo que el cabrón malagradecido me responde que es mi esposa, no suya.
Miguel recoge ya unos cuantos kilos de hojas de mi bíblico libro, lo dejaré, no voy a huir más.
En casa de Gabriel todos los adornos han desaparecido, huele a comida echada a perder y cerveza, en el cenicero las bachas de porros que nos hemos fumado estos días, aún está la cerveza que no me terminé en la mesita de centro.
Una caja de cereal rancio a medio comer frente al televisor, Gabriel ebrio y deprimido, otro cuarentón patán y canalla del montón.
“traigo dos botellas de tequila en mi carro”- dice Miguel
Entonces nos las empezamos a beber.
Horas después ya éramos hermanos, sabíamos la vida del otro a la perfección, el único con empleo aquí lo odiaba, estábamos solos, sin rumbo fijo ni historia. Parecíamos adolescentes, pero nos veíamos más patéticos, panzones, medio calvos y arrugados.
“¿Me darás el avance de la novela?” – Me pregunta Miguel
¿De que trata la novela?” –Me dice Gabriel
Yo me quedo callado, tomo tequila, tengo las venas y las lágrimas a punto de salir, lloraré como un niñito, eso lo sé.
“es muy larga, ¿ya la terminaste?”-Me dice Gabriel
“El otoño de las rosas era muy breve te aseguro que esta será un éxito más” –Miguel que no se calla.
“¿Cual es el tema de la novela?” –Otra vez Gabriel
“Deberíamos preocuparnos primero por nuestras vidas y nuestras esposas” –Digo cruelmente
“Odio a la mía, me preocuparé cuando me llegue la demanda del divorcio” –Miguel
“Se fue con su amante de hace tres años”-Gabriel
“yo amo a la mía” –Les contesto
“Pero no sé adonde está”
¿Qué le pasa al mundo?, todos se engañan, se olvidan y se pierden en sentimientos insulsos y torpes. Todos somos un gran club de perdedores conformistas.
Entonces se escucha el silencio, ese incómodo que a menudo se ríe en su percepción de las situaciones. Todos renombran su vida en cabeza quieta, Miguel ama a su esposa también, pero no quiere dar más pena de la que ha mostrado hoy, esta cansado de hacerlo por todos lados. De rodillas le rogó a Lucrecia que no lo abandonara, con todo y sus canas prematuras y lentes de fondo de botella.
Lástima es el último adjetivo que ella le dijo: “Me das lástima”
Gabriel se casó sin saber porque, fue una tontería de la juventud, un error que lo absorbió hasta los cuarenta años. Todo ese tiempo miró a otras mujeres con deseo, al principio ellas a él también, el matrimonio solo le sirvió para ganarse un gesto más pesado del que tenía antes. Se está quedando calvo, está mas relleno y su mirada busca la muerte que se aproxima.
Desde hace años ninguna mujer lo mira con deseo, Soledad tampoco, no con deseo, ni con amor, ni cariño, parece una muñeca estúpida que está ahí porque debe.
Lo trata como idiota, le daba de comer cosas que él odiaba, le pedía dar gracias a Dios hasta por el sexo que tendrían, por eso fingió este último año que tenía disfunción eréctil. Esa mujer le arruinó la vida.
Y conmigo el alcohol había dado resultado: es cierto que los borrachos y los niños dicen siempre la verdad. Antes de que me fuera a dejar de perder al tiempo con ellos, desempatan la idea, de que si uno de nosotros puede ser feliz, vale la pena ayudarle.
El alcohol es mágico, no deberían estigmatizarlo.
Si, pinches "estereotipos" jajaja ¡¡¡buh!!!
REmi
sábado, 17 de enero de 2009
Hoy no sale el Sol Parte 6
En busca del Romance
(Ojo, escribí Romance con R mayúscula)
Soñé que salía de viaje rumbo al norte, que pasaba por Texas, ese lugar lo visité a los ocho años y me divertí como loco.
Quiero volver a ir, en mi cuenta del banco ya tengo poco dinero, muy poco.
Casi todo se me ha ido en comprar cervezas, comida rápida, mis revistas tontas y mi marihuana ilegal.
Modestamente lo hice rendir, quiero sentirme joven de nuevo, viajar por aventura, irme con amor en el pecho, con amigos y sin destino.
Solo tengo un amigo: Gabriel, no sé si tengo amor en mi vida, mi vida no tiene destino, en eso sigo igual que de joven. Me vería muy “coqueto” aventurándome como joven a mi edad.
Aún tengo un poco de soñador, eso lo demuestra mi esperanza a creer que me espera algo mejor, aún a mi edad y como me veo.
Creo que si le cuento de esto a alguien me vería con tristeza, me dirían inmaduro, patán, mantenido, canalla.
Pobre diablo, unos cuantos insultos que me los guardo. No quiero ser como Gabriel, buscaré a Iris para arreglar mis dudas, lo intentaré de nuevo con Violeta.
Si es que vuelve, ¡qué fácil suena!
Cuando vuelvo a casa Paris me grita:
“Un Chat! Je veux un Chat!”
Ahora si le entiendo, esta niña quiere un gato y yo con mi bobo ánimo de rejuvenecido, sin pensarlo grito al fondo del departamento a Sergio que iré a pasear con Paris.
“aja”- Me contesta
Y me llevo a Paris a la tienda de mascotas, le compraré un gato, al menos si a alguien puedo hacer feliz lo haré.
Cuando entramos me mira, veo su gran sonrisa, salta emocionada, grita y corre por todos lados. Ve gatos de todos los colores y habla con ellos:
“¿tu te quieres venir conmigo?”
El trabajador del lugar se me acerca: “le entregamos certificado de autenticidad si se lo lleva, además le registramos con su nombre en un acta de adopción, su hija estará muy contenta”.
Escoge una gata fea que parece mapache, llora más que los otros animales.
“¿cómo se llamará amor?”-le pregunta el trabajador a Paris
“Salvador” – Le dice la insolente niña
“Es niña como tú”- Le dice el trabajador
“¡Salvador se va a llamar, es mía, no tuya!” – Paris le contesta
El trabajador me mira y sonríe, yo estoy desconcertado.
“¿a nombre de quién la nota?- Me pregunta
Sin levantar la vista y rascándome la ceja le contesto en voz baja:
“Salvador Platas” –Esta niña me asusta, le puso a su gata mi nombre.
Para Sócrates mi gato fantasma...
REmi
(Ojo, escribí Romance con R mayúscula)
Soñé que salía de viaje rumbo al norte, que pasaba por Texas, ese lugar lo visité a los ocho años y me divertí como loco.
Quiero volver a ir, en mi cuenta del banco ya tengo poco dinero, muy poco.
Casi todo se me ha ido en comprar cervezas, comida rápida, mis revistas tontas y mi marihuana ilegal.
Modestamente lo hice rendir, quiero sentirme joven de nuevo, viajar por aventura, irme con amor en el pecho, con amigos y sin destino.
Solo tengo un amigo: Gabriel, no sé si tengo amor en mi vida, mi vida no tiene destino, en eso sigo igual que de joven. Me vería muy “coqueto” aventurándome como joven a mi edad.
Aún tengo un poco de soñador, eso lo demuestra mi esperanza a creer que me espera algo mejor, aún a mi edad y como me veo.
Creo que si le cuento de esto a alguien me vería con tristeza, me dirían inmaduro, patán, mantenido, canalla.
Pobre diablo, unos cuantos insultos que me los guardo. No quiero ser como Gabriel, buscaré a Iris para arreglar mis dudas, lo intentaré de nuevo con Violeta.
Si es que vuelve, ¡qué fácil suena!
Cuando vuelvo a casa Paris me grita:
“Un Chat! Je veux un Chat!”
Ahora si le entiendo, esta niña quiere un gato y yo con mi bobo ánimo de rejuvenecido, sin pensarlo grito al fondo del departamento a Sergio que iré a pasear con Paris.
“aja”- Me contesta
Y me llevo a Paris a la tienda de mascotas, le compraré un gato, al menos si a alguien puedo hacer feliz lo haré.
Cuando entramos me mira, veo su gran sonrisa, salta emocionada, grita y corre por todos lados. Ve gatos de todos los colores y habla con ellos:
“¿tu te quieres venir conmigo?”
El trabajador del lugar se me acerca: “le entregamos certificado de autenticidad si se lo lleva, además le registramos con su nombre en un acta de adopción, su hija estará muy contenta”.
Escoge una gata fea que parece mapache, llora más que los otros animales.
“¿cómo se llamará amor?”-le pregunta el trabajador a Paris
“Salvador” – Le dice la insolente niña
“Es niña como tú”- Le dice el trabajador
“¡Salvador se va a llamar, es mía, no tuya!” – Paris le contesta
El trabajador me mira y sonríe, yo estoy desconcertado.
“¿a nombre de quién la nota?- Me pregunta
Sin levantar la vista y rascándome la ceja le contesto en voz baja:
“Salvador Platas” –Esta niña me asusta, le puso a su gata mi nombre.
Para Sócrates mi gato fantasma...
REmi
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