jueves, 2 de febrero de 2012
Columna publicada en Diario Al momento
Pase Buen día querido lector.
http://www.diarioalmomento.com/noticias.php?NT=14326
Diego Pérez Morales
miércoles, 1 de febrero de 2012
La política en 2012
El problema querido lector, reside en el hecho de que en la actualidad la opinión del individuo común no es respetada gracias al anonimato de los medios masivos con participación como el internet. Cada hombre hace su propia lucha por su propio partido predilecto, o en contra de alguno o de todos ellos, la opinión apolítica ha crecido en el país como la espuma y es un problema conveniente para los inscritos como elegibles políticos, y al contrario de lo que piensan los desertores del voto, su desición, el de omitir su boleta no afecta a los políticos -siempre indiferentes con las necesidades de los habitantes- tanto como a la propia sociedad de la que son parte.
Después de las recientes metidas de pata del candidato a PRI Enrique Peña Nieto, un rumor, que si no, (ni de cerca) opinión frente a la ley SOPA se ha propagado en las redes sociales como un mensaje sospechoso, no oficial y sí muy provechoso, al declarar que el guapo del copete se muestra en contra de la Ley e inclusive se muestra como detractor de la misma. Como resultado un sin número de votantes primerizos han manifestado a través de las mismas redes sociales una naciente simpatía con el candidato a posteriori de la identificación creciente de esta problemática tan mencionada en fechas recientes.
Golpe maestro del partido, que sin afirmar de manera oficial nada, se ha metido a un gran número de posibles votantes con un movimiento sencillo y maniatado a jóvenes cuya preocupación nacional no pasa entre el desempleo, la economía, discriminación o educación y se evoca más a las horas que pasan frente al computador cada día.
Para el análisis queda el hecho de que ningún candidato nacional detendrá el asunto del control de internet como medio masivo al ser este un asunto global y no nacional, por lo que México quedará como un simple espectador ante la posible resolución de nuestro poderoso vecino del norte. Pero más preocupante aún, está la situación de cómo los futuros votantes elegirán su propio interés.
La democracia es un arma de dos filos en la que por lo general los cambios cambios radicales surgen de la sangre y no del poder provisto por la propia República como lo dicta la ley; muestra de ello un sin número de casos en nuestra América Latina.
Mientras tanto, los reclamos sociales a la clase política del país por las redes sociales se muestran como hechos cada vez más comunes, constantes y sonantes aunque también inútiles y un tanto cobardes puesto que los reclamos se quedan como eso sin más, pues recordemos que los hechos valen más que las palabras.
¿Será que el internet, con sus múltiples quejas en las redes sociales se convertirá en el nuevo modo de control masivo? ¿O acaso este medio será el nuevo revulsivo de cambio social?
Tantas quedas al día sobre la política de México han creado una nación si, conciente, pero también estática fuera de la pantalla, que a pesar de informarse mediante los medios de las cientos de injusticias diarias vividas en el país por medio de internet terminan su propia participación una vez apagado su computador, como si el trabajo del votante terminase cuando se apaga un enchufe.
Un hombre que se queja pero jamás hace nada para cambiar aquello que le perturba es tan solo otra versión del que ignora las cosas y por lo mismo no hace nada con las aberraciones políticas que acontecen en el país día a día. La omisión o elección del voto por opiniones surgidas de rumores de medios resultan tan ofensivos como aquellos atropellos que sufren los más desfavorecidos del país o inclusive nosotros mismos que tenemos al alcance un tipo de vida -que si no acomodado- resulta cómodo o tolerable frente a lo que miles de mexicanos se enfrentan día a día.
Por lo tanto querido lector, le reitero lo siguiente: piense su voto, si lo omite, aunque es su eleccion, piense que esto no afecta de sobremanera a la política nacional y sobre todo practique la política democrática que va más allá de la queja y la opinión.
Pase buen día.
Diego Pérez Morales.
martes, 31 de enero de 2012
Reflexiones
Entre el sueño plácido y la pesadilla existe una línea diminuta, un espacio apenas perceptible que nos aleja del descanso y del placer para sumirnos en las sombras del desconcierto. Hace apenas unos años los sueños y la pesadillas me resultaban futiles, estaba estancado en el abismo de la gran nada, de la incertidumbre que se pasea entre el miedo total y la ausencia tan presente en la mente como en el cuerpo físico la soledad.
El insomnio acerca a la vida común al surrealismo con temibles alucinaciones sobre la realidad y la realidad entonces pasa a segundo término cuando al hombre común y monótono se aburre de la cotidianeidad. El motivo del presente texto, mi querido lector tiene como motivo mi propia reflexión sobre la realidad de los sueños. Hace años yo soñé con ser un científico y hoy mi camino, aunque cercano a las letras (que son mi pasión) razonablemente me habrían alejado de las ciencias -física para ser exactos- y de un realista me convierto en un soñador soñando en el mundo real. No es que diga que el científico no sueña, son quizá sus sueños los que hacen que su ímpetu por descubrir, tenga como fundamento la realización de los mejores de sus sueños.
Esta mañana me sentía perseguido, no por un ser, ni por un ente, espero -si acaso- que no fuese la muerte, -qué trágico sería que fuese realidad-, me sentía observado por el paso del tiempo y de los sueños y de la realidad. Observé entonces un camión de transporte público con la leyenda "Juguete caro" y entonces comprendí que la naturaleza del ser humano es compartida con la del cuervo. Los cuervos se sienten atraídos según fábulas milenarias por objetos brillantes y se han ganado una pésima fama en la actualidad haciendose acreedores a apócrifos peyorativos terribles. El ser humano de igual forma aprecia lo de valor monetario, ¿qué es un papel?
Es un castigo, una desgracia, un sarcásmo de la vida real, que por un kilo de alimento que da vida se da a cambio un pútrido papel, se mata y se muere a costa de él. Vea usted a los pueblos tarahumaras, vaya usted a las tiendas de ropa en el centro de la capital y apreciará la realidad que se vive en todo el mundo gracias a unos trozos de papel.
Yo no me fio ni de los animales, ni de los hombres ni de los amantes del hombre, ni de los animales; pareciera que el sueño de hombres hace millones de años se convierte en una farsa, en una terrible pesadilla en la actualidad.
Se mendiga no dinero, se limosna la tristeza de aquel que sale de las tiendas con una sonrisa enorme por adquirir aquello que vale quizá una sexta parte del valor que ha pagado y se consume con la mitad del esfuerzo que en condiciones humanas hubiera costado realizar. Todos consumimos y sentimos placer cuando lo hacemos, el problema es según mi -quizá distorsionada mente- el valor que se da a el objeto adquirido o si el dinero con el que se compra es el que produce el satisfactor y no lo adquirido por el mismo. Si usted siente un vacío tras comprar entonces debería pensar si es muy distinto a un simple trozo de papel pintado. Inservible, fútido y ciego.
Del hombre lo que más me gusta es la sonrisa. Observe una sonrisa sincera, no aquella fingida o hipócrita; observe a un niño sonreír por una pelota o por simplemente encontrarse con un perro amigable en la calle y dígame: ¿Cuánto cuesta eso?
No me diga que esas cosas no tienen valor, en este mundo todo tiene valor y recientemente todos buscan ser escuchados. Si no me parece el gobierno, la gente, esta gente, aquella gente, yo mismo, los míos o los tuyos, todos nos creemos líderes de opinión. Si acaso usted pagaría por ello, cuál sería el precio razonable para esa sonrisa. Dígame si no le llenaría un poco el corazón con cálido y ahora piense si eso le haría tan feliz como cuando ha pasado una semana de que compró algo con un precio alto, un "Juguete caro" después de una semana de adquirido. La respuesta que quede en su mente, ojala no tenga pesadillas.
Pase buen año.
Diego Pérez Morales
margot-remi@hotmail.com
martes, 27 de diciembre de 2011
El final (de cualquier escrito)
Al menos para aquellos, a los que el sentimiento les representa en pavor, repulsión o inclusive negación. Existimos otros, a los que la melancolía nos sirve como combustible a toda aquella pasión encerrada tras horas de calma tensa en oficinas y estudios de peli grasientos que se sienten superiores por no poseer siquiera un instante para sí mismos.
El miedo a los finales es una constante del hombre común, y permitame decirle, querido lector, que no existe otra forma de vida más bella y única -aunque suene contradictorio- que el hombre común.
En la actualidad el estereotipo más común dictado por los medios, es el del hombre único, la persona especial, aquel que se distingue por... ¿hacer exactamente lo mismo que los demás?
Y es que, si usted lo percibe con la calma y certeza de los tiempos actuales; todos lo que coexistimos en el mundo, que presumimos de intelecto y razón, buscamos ser distintos, únicos y especiales. ¿pero distintos a qué?
Justamente la carrera de destacar nos hace similares al resto, la búsqueda de especialización, especialidad y de motivos de carisma nos hace -dentro de los límites de la biología, y de la certeza de que cada cabeza piensa de forma distinta-, completamente iguales el uno al otro.
Este fin de año se presenta menos catastrófico que otros, menos emocionante y sí, cada vez más pronto; quizá es la edad, aquello que hablan muchos amargados y llaman madurez, a mí en lo personal, me gusta la idea de que los años pasan cada vez más rápido mientras perdemos paulatinamente el control de nuestras propias vidas.
El tiempo es lo más inevitable y lo menos seguro en nuestras vidas. Pensar que se tiene tiempo para hacer aquello que deseamos o debemos, es quizá demasiado optimista en un universo en que a cada segundo que pasa, muere el universo que habitamos y que nos habita. El reloj interno y el externo son inseparables. Aunque ocurran a distintas velocidades.
Los finales son catástrofes por más pequeños que estos sean, ocurren en el universo, aunque este apenas se percate de que ocurrieron. Y también son los constantes llamativos de la melancolía más habituales y comunes.
Mis letras nacieron con la melancolía provocada por el miedo a los finales. Recuerdo mi primer escrito: una obra de teatro malísima que surgió de mi miedo a que el fin del mundo ocurriera. Sin calidad técnica, ni conocimiento alguno del estilo me embarqué en la carrera de las letras por mi miedo, no sé, infundado quizá por alguna película o documental, no lo recuerdo bien.
Sin darme cuenta, cuando inicié aquel escrito, me dirigía a aquello que aterra al hombre desde sus inicios: lo desconocido.
Desconocemos los inicios, puesto que aún no han sucedido, aunque lo que se avecina se anuncie con bombo y platillo, la duda en el hombre es irremediable, fugaz e incomparable. Y aquella duda algunas veces se convierte en una terrible realidad cuando lo predecido no sucede y lo desconocido nos devora.
En aquel entonces, con la inocencia de la huída a mis miedos más profundos, comencé a escribir sin darme cuenta de que en algún momento me llegaría la necesidad de poner el punto final.
Posiblemente mis letras se alimentan más de la inocencia y de la ignorancia que del conocimiento de la vida. Y es justo esa magia la que me hace soñar al escribir, para mí en un principio, y después para compartirle lo que sueño, estimado lector. En aquella ocasión experimenté por primera vez la fatalidad del punto final. El despedirse de personajes que conoces quizá más que a ti mismo, que están a la merced de tus emociones y caprichos, es más duro de lo que parece.
Nosotros mismos somos personajes de la vida de un planeta que cambia de capítulo cada año para contar nuevas cosas. Unido a eso le digo: pase buenas fechas, y si la melancolía lo atrapa disfrute la calidez de la misma. Que yo, por mi parte, le prometo acompañarle el año que viene con más de aquello que me hace y también me acompaña a mí: las letras.
Hasta pronto.
Mención especial y dedicatoria a mi amigo Vale, "el güero" Palestín, a cuyo cumpleaños no asistí, pero estimo y llevo en mi corazón todo el tiempo.
Diego su escritor.
martes, 8 de noviembre de 2011
Soy nadie
Dicen que mi alma es de otoño; soy un montón de hojas machacadas en el suelo, cetrinas, muertas y a punto de ser olvidadas.
El escritor escribe en hojas y yo lo hago sobre montones de hojas marchitas que caen muertas a mis manos. No les doy vida, no les brindo esperanza, solo las uso como burlándome de su muerte mientras los días se burlan del silencio que recorre mi cabeza en el primer otoño que tengo sin nada qué decir.
Sin embargo, entre sueños escribo, aunque despierto no lo haga, esas hojas marchitas un día se rompen pues escribo con solidez, locura, pasión.
Entonces, un día sueño despierto, y dejo de comprender la realidad y la fantasía, me muevo lentamente entre dos oficios innegables: las letras literarias y aquellas que resumen lo pronto, prestas a la historia: el periodismo.
Entonces, déjeme decirle, estimado lector, las letras y el ofico de las mismas apasionan al hombre desde tiempos inmemorables, pero estas se han transformado, ni el escritor es apto para escribir periodismo, ni el periodista lo es para vivir ese romance con la lteratura.
Aquellos que eligen, vivir entre ambos mundos deben saber que el periodismo y la literatura son mundos distintos que se alimentan de la misma tierra, son montañas enormes y mortales, entre las que existe un infinito abismo, y que, aquellos que se deciden a pasear entre ambas andan a ciegas en una cuerda floja.
La seriedad del periodismo es compartida por la literatura, sin embargo, en una la ética es importante y en la otra mientras menos ética se tenga, más claridad se atribuye al texto.
El periodista debería desnudar al mundo, el literato se desnuda a sí mismo, a todo aquello que tiene inmediato, demuestra a sus próximos todo aquello que no quieren saber de él y se deja de formalidades burras, el literato se tira al abismo para descubrir qué existe en esa zona que es impoobservar.
El periodista dista mucho de ser un tipo tranquilo que observa todo de lejos; sin embargo, al contrario del literato, debe excluir en la medida humana de lo posible su propio ser. Podrá opinar en algunas ocasiones, pero debe buscar ignorar la pasión propia en bien de su oficio.
!Qué terrible es aquello!, dirá usted, ¿acaso el periodista no se aprecia o valora lo suficiente?
Yo le digo que sí, y quizá demasiado.
Este año escribí mucho, pero demasiado poco al mismo tiempo. Siempre que me llega el otoño, año tras año, cada vez más veloz, recapacito sobre mis procesos literarios, sabiendo a nadie le importan, pero yo me los tomo muy seriamente, y digo comunmente que esto o aquello me dejaron parcialmente satisfecho pero en esta ocasión no podría decir lo mismo.
Es complicado cumplir espectativas; seguramente usted o yo lo hemos hecho más de una vez en la vida, hacemos lo que debemos y no lo que queremos, obedecemos al mundo pretendiendo funcionar en él y no con él.
Entonces, desde hace un buen rato soy funcional en materia de lo posible, y no, no dejo de imaginarme cosas que quizá a muchos asustarían o juzgarían de absurdas, hombres en calzoncillos llorando en el metro, mujeres coqueteando con desconocidos sin motivo alguno (ni placer), flores tumbando camiones en las avenidas u hojas de otoño convirtiéndose en mariposas, todas esas cosas nada funcionales y quizá ociosas me hacen. Pero todas ellas han sido calladas, mis letras se han multiplicado siguiendo una línea de la que la propia literatura se sentiria avergonzada y frente al espejo me miro y el hecho de agradarle al grueso de la gente que no me soportaba antes, me hace sentir como una imitación barata de mi propio ser.
A menudo mi novia me dice que yo no sería capaz de hacer tal o cual cosa, situaciones de locura que antes me sacaban una sonrisa ahora parecen oprimidas, toda aquella amargura suele ocultarse estos días tras un montón de ocupaciones que dejan a todos esos seres que invento en el tintero, silenciosos esperando a que mi locura vuelva a funcionar.
Entonces, cuando me dice que no soy capaz de hacer cosas que parecieran malas ante el grueso de la gente e creo incapaz de hacerlas y me siento un poco vacío.
¿Tan malo es abrigar la idea de que un día enloqueceré por completo y haré lo que nadie se atreve?
toda mi adolescencia acobijé la idea de fingir demencia un buen día y salir a matar a toda aquella gente que se siente feliz con tanta nada, soñé con escuchar a los viejos e ignorar los bríos de los jóvenes que tienen una esperanza mustia en sí mismos y soñé con brincar de un edifico alto un día para separar mi alma del cuerpo antes de quedar convertido en puré.
¿Pero qué hace a un hombre pegar los pies en el suelo?
¿Acaso es la necesidad de algo o alguién?, ¿miedo a la muerte, al futuro?
A recientes fechas he visto al que fue mi mejor amigo convertido en una pena.
Si hoy estuviera de moralino diría que no soy nadie para calificarlo de algo, pero tristemente hoy siento que si lo soy.
Crecimos y aprendimos cosas juntos, soñamos con futuros y al mismo tiempos hicimos que nuestros tiempos peligraran, él hoy es un recuerdo de sí mismo y yo hoy aunque hago algo que encaja con los modelos de todos, siento que también soy un recuerdo de aquel soñador que tiene un rumbo definido y tristemente esperanzado en aquello que todos suelen llamar futuro.
Escribir no es lo mismo, algunos escriben por escribir y otros como yo, escriben porque escriben, analice lo que digo y no tiene tan poco sentido estimado lector.
Ha llegado otoño y me gusta pensar que todos esos cambios, la calma estática y mi reciente acercamiento con los convencionalismos por mantener la paz no se apoderen de mí hasta hacerme olvidar el motivo por el que hago todo esto.
lunes, 25 de julio de 2011
Desde el fin del mundo.

El mundo era un sitio completamente silencioso, los mares parecían inmensos, fríos e interminables, su hermosura era ignorada por estatuas que eran despreciadas también; silenciosas, contemplando pasar los segundos como horas y los años como instantes, mirando al horizonte en medio de calles vacías, automóviles sucios con las puertas abiertas y las llaves pegadas, columpios oxidados, mecidos solamente por el viento. En este nuevo mundo los árboles eran los seres más ruidosos, los mares eran tumbas de cadáveres conservados por la sal, la tierra era testigo de la más completa soledad: plantas y flores crecían y se abrían sin pudor, frutos caían y se pudrían por el paso del tiempo, ni niños, ni madres se acercaban a probar sus mieles. Simplemente todos ellos se habían ido de pronto.
Vestigios de que antes sucedían vidas a diario eran las estatuas: efigies de desesperanza, visoras del mundo, condenadas a la inamovilidad, al silencio, a escuchar por siempre la música del viento.
En algún punto del final del mundo, cuando todo acabó y la era del silencio comenzó, una estatua se distingue de entre el tiempo detenido. Es tan real que el tiempo, aunque no existe más, le ha causado arrugas.
Se preguntarán que hace una estatua con arrugas, pues sí, lo mismo que todos hacemos cuando sufrimos por arrugas: envejecemos. Fue tallada con magnificencia, creada con formas perfectas y de pronto, ahí, frente a la inmensidad de un mundo casi sin vida se encontraba platicando a ciegas con otras estatuas cercanas a ella.
Todas ellas recordaban a turistas con olor a bloqueador solar tomándoles fotografías, a hombres y mujeres admirándoles, sonrojando por las formas curvas que algunas de ellas mostraban sin pudor. El último reloj útil se había detenido hace mucho, las alarmas dejaron de sonar hace tiempo, y Mármol, una estatua en pose de atleta, siente que su brazo se vence, se encuentra agotada tras cargar tal vez por décadas una jabalina inmensa. Siente angustia, sabe que no podrá soportar mucho más, hacía tiempo había pensado que nadie la vería nunca más, quizá no fallaría a su utilidad si descansara por un momento, había olvidado si en realidad era una estatua o se había convertido en una por algún motivo extraño. Aunque recordaba en cierto modo su nacimiento: era un frío pedazo de piedra helada tallada con esmero y dedicación, posada sobre una plataforma hermosa que fue su casa por mucho… quizá demasiado tiempo.
La jabalina es más pesada cada noche, cada hora, cada día, se siente como un castigo minuto a minuto, Mármol debe romper las reglas o verá cómo se desprende su brazo al igual que otras estatuas han perdido miembros por no desobedecer las reglas de la estatua.
Entonces de reojo se fija en todos lados, ni una hormiga ni un niño ni un auto a lo lejos, Petra, la estatua de una regidora mira a Mármol con temor, le dice que es peligroso revelarse a los modos de la estatua, pero Mármol no quiere quedarse manca. Es hermosa desde siempre y no soportaría tal pérdida con la misma mesura que sus compañeras. Pide disculpas a su creador en sus adentros y lanza tal vez tras siglos, la jabalina con gran técnica. Petra suelta una lágrima temerosa de que alguien la vea. Pero no, ni las plantas, ni las flores, ni los insectos que quedan y sobreviven tienen ojos. Un gran estallido retumba por toda la tierra.
Es la jabalina quebrándose y también Mármol cambiando de pose, nadie la ha visto, nadie gritó ni se atemorizó ante lo imposible.
Entonces, cansada de tanto silencio decide bajarse de su pedestal ante las súplicas de Petra, camina por calles abandonadas y silenciosas, se encuentra desnuda y no tiene frío, por fin se siente libre, no está nadie más que ella en todo el mundo.
Después se acerca a un espejo mira sus formas talladas, la magnificencia ha sido reemplazada por vejez, ahora tiene barba, arrugas y formas holgadas. Sí, era cierto: las estatuas son jóvenes cuando son admiradas, cuando son enterradas en el olvido envejecen, se pudren y desvanecen. Se toca la cara ¿adónde está esa forma curva y perfecta?
Solo queda piedra, arrugas y polvo.
Mármol se siente destrozada, se tira al suelo a llorar, se da cuenta que las estatuas están solas, se tira a la muerte y comienza a desmoronarse. Moverse le ha roto extremidades y el cuerpo, vuelve a su pedestal y se da cuenta que no puede colocarse de nuevo, se fragmenta hasta que queda en el piso. Piezas de aquel que fue un atleta han caído vencidas por el tiempo, Mármol ya no es bella, ahora es tan solo una pila más de escombros desde algún lugar en el fin del mundo.
(Fotografía: http://www.ldelisto.com/2010/01/las-estatuas-mas-curiosas.html)
Diego PM
martes, 14 de junio de 2011
Novela Corta completa
http://www.diarioalmomento.com/noticias.php?NT=8690&CONTENT=fabrica-de-nubes
Diego Christian Pérez Morales