(Un aviso a todos mis queridos lectores: lo que está pronto a leer se encuentra registrado por lo que cualquier uso sin permiso, inadecuado o plagio del mismo está penado por las leyes de INDAUTOR- para aquellos que ligan diciendose escritores-)
....................
Esa mañana no mostraba algo distinto a lo que los otoños en la ciudad representan: Frío, neblina, colores poderosos en el paisaje, cielos grises y gente achacosa con reumas y caras coloradas por el frío.....
Ana había despertado tras un sueño plácido; había soñado con su fallecido abuelo que siete años atrás había muerto en un accidente automovilístico en la carretera cuando viajaba a visitarla a la capital en víspera de invierno.....
Román despertó tras una pesadilla terrible y pidió a Ana que trajera de desayuno pan, carne y queso para desayunar con un jugo de naranja de bote que ambos guardaban en el refrigerador.....
Ana se levantó en bragas, llevaba unas color vino con encaje de las cuales disfrutaba mucho Román a la vista y tacto, este se encontraba tirado en la cama sin la menor intención de levantarse; miró cómo Ana se ponía un pantalón tirado en el piso y una blusa apretada que simple vista dejaba ver sus pezones marcando su aureola.....
Se puso una chamarra gigantesca y salió de la habitación.....
El edificio estaba pintado de color arena y era psicológicamente depresivo, por eso Ana unos meses atrás, había pintado las paredes del departamento de color lila y había puesto – a modo de significante romántico- huellas verdes de ambos plasmadas por toda la casa que figuraban pinturas rupestres y eran prueba de la existencia de ambos como pareja.....
La calle estaba casi vacía, inclusive algunos negocios se encontraban cerrados, la florería de Niní; una vieja con los ojos muy azules, comenzaba a soltar el aroma de las gardenias que artificialmente habían sido cultivadas para brotar en esas fechas.....
El pan de la bisquetería aún estaba caliente, olía poderosamente y Ana quebró uno en sus manos para irlo comiendo mientras pagaba el total de su cuenta:....
-Luce preciosa este día señorita- Le dijo el rabo verde de Jacinto y ella respondió con una sonrisa enorme al detalle del jovato que se perdió a sus espaldas cuando esta salió del establecimiento.....
En el parque se encontró a Susana, una vieja vagabunda que temblaba de frío mientras yacía tumbada en una banca metálica intentando conciliar el sueño.....
Ana metió la mano en la bolsa y le regaló un trozo de pan. Susana fue muda de nacimiento y nadie sabía si en realidad entendía las palabras del resto de las personas; alguna leyenda local la ubicaba como una Alemana que había enloquecido en un viaje de vacaciones y que se había quedado inevitablemente abandonada en un país ajeno.....
Prendió un cigarrillo, Román odiaba los cigarros con toda su alma. Le producían migraña, se sentó un momento en la orilla de la húmeda fuente con forma de angelito orinador a disfrutar de su vicio y después se levantó a la cremería con el culo mojado.....
En la cremería compró queso de cabra, le recordaba a los canapés de salmón que le preparaba su abuela cuando la visitaba en verano, un poco de fuet que el carnicero envolvió ostentosamente en papel encerado y se detuvo en la cafetería a comprar grano molido y bolsitas de té para la tarde.....
Amaba acurrucarse en Román para ver caer el Sol; este le tarareaba canciones improvisadas al oído mientras bebían algo cálido tirados en la cama con las ventanas abiertas acobijados por los últimos rayos de la estrella madre.....
La última parada antes de volver al departamento fueron los abarrotes de Miguel, él era –casi como a caricatura- un viejo español barbón con boina que ceceaba, llegado desde las épocas de conquista con cara de pocos amigos.....
Con él compró un bote de arándanos secos, pagó y volvió al edificio que quedaba ya a unos pasos y subió sus escaleras frías de mármol.....
A diferencia de la calle, el departamento era acogedor, de reojo Ana vio el pie de Román en la cama y se dispuso a preparar el desayuno: encendió la tetera llena, sacó el jugo del refrigerador y lo vertió en dos vasos sobre la mesita de madera de la cocina, partió fuet que frió en la sartén, corto trocitos de melón, los colocó intercalados con la carne en un platón y al último tostó trocitos de pan para hacer croutones que al final untó con queso y coronó con una rebanada de tomate fresco.....
-Román, ¡ven a desayunar!- dijo a la lejanía y no recibió respuesta alguna.....
Entonces entró en la habitación: ....
-Román, vamos a desayunar, preparé el desayuno- dijo con más decisión. ....
Román parecía completamente dormido, en sueño mohr y no respondía ni una palabra.....
Ana se acerca a la cama y se quita nuevamente los pantalones, se recuesta sobre Román para despertarlo cariñosamente y lo besa en la boca hundiendo su lengua en la del durmiente.....
-Su pecho está frío, sus labios secos y su lengua flácida.-....
Entonces Ana retrocede con el corazón a galope, le mira con detenimiento y comienza a gritarle; -no responde- le da palmaditas en las mejillas y comienza a llorar.....
Le abre los ojos: están perdidos, al final se recarga contra su pecho. Su corazón no late.....
Dura un buen rato tendida sobre su amor llorando de pánico.....
Al final se da cuenta: Román no está más ahí, el departamento está lleno de vapor, toda el agua de la tetera se ha evaporado y condensado formando nubecitas dentro del departamento.....
Ana toma los dos jugos, prepara más café y se lleva el plato de jamón con fuet a la cama, se acurruca en el cuerpo inmóvil de Román y se queda mirando al horizonte con la vista melancólica mientras los últimos rayos del Sol le tuestan las lágrimas.....
Se da cuenta, este será el último ocaso que pasará en el regazo de su amado.....
REmi (Diegpo PM) diegrocker@att.net.mx
miércoles, 5 de agosto de 2009
viernes, 24 de julio de 2009
Excuseme señor.
Dos noches en vela editando lo que según será mi primer publicación y he aprendido mucho de mi.
Siempre trato de evitar convivir en demasia conmigo mismo, no es que tenga miedos o fantasmas- o tal vez si-, es solo que no me simpatizo y por lo tanto se me vuelve insoportable estar a solas con mi propia conciencia; siempre que me pasa esto comienzo a esribir algo, lo que sea (justo como ahora) para no terminar de mal humor.
En la edición de un libro, no se tiene más: estas ahí y ya no tienes nada que inventar, solo debes pulir lo que has creado ya, no te entregas a fantasear idear destajar crear ni destruir.
Editar un libro supongo será un poco como hacer una estatua; todo está ahí, solo le das forma. Acá en estos días no le doy ni siquiera forma, a veces pienso que la forma está, que solo doy vueltas en círculos omitiendo cosas y cuidando otras religiosamente para no perder hilo en las historias.
Entonces, entre tanto tiempo, termino en absurdos totales retomo mi pasado, pienso en mi futuro e ignoro mi presente, me distraigo de lo que debo hacer y eso me preocupa mucho, he recibio inclusive regaños por mi displacencia actual.
Escribo cosas como la siguiente que les comparto con gusto:
El abuelito se hizo un fantasma
Tic, tic, tic…tic, tic, tic…tic, tic.
Hacía ya una semana que el abuelito había fallecido y no podía quitarme de la mente su cara flácida, pálida y helada, tenía la vista perdida mirando a los cielos, nadie tenía idea de qué fue lo último que vio.
Murió justo el día de su cumpleaños, por lo que exactamente vivió 77 años en los que la pesca y el box fueron sus principales aficiones y desde entonces las noches se me hacían infinitas, terribles, más negras de lo común. No era que yo pensara siquiera que el abuelo me visitaría en las noches en forma de espectro, era mi miedo a la muerte la que me ocupaba de forma terrible, la muerte de mis padres; la propia mía, aquella calavera con su hoz en algún rincón esperando a que yo me descuidara para hacer de nuevo de las suyas me mantenía en pánico constante.
En la calle no podía dejar de ver a todos lados: por algún lado podía llegar de mil formas, podía ahogarme comiendo una uva, me podían atropellar, el conductor del autobús podría haber tenido una mala noche y en un descuido perdido entre el sueño o el coraje podría chocar. No sé, la muerte de Rubén ha sido lo peor que me pudo haber pasado.
Un domingo antes de su muerte lo visitamos y soltó entre sus locuras de viejo que la abuela le había dicho que lo engañó mil veces con Fausto. Fausto era su rival de amores en la juventud, sin embargo el sinvergüenza llevaba más de diez años muertos a cuatro de la abuela.
Recuerdo con rencor los cocazos que de niño me propinaba por no comerme los apestosos hígados que la abuela me preparaba; sus regaños por comer demasiados caramelos, la vez que criticó que mi novia parecía una puta por el piercing que llevaba en el ombligo, cuando lo acompañé a la playa de vacaciones y mientras me bañaba me dijo que mi miembro me hacía lucir como una niña, en fin.
Sin embargo el viejo tenía buenas puntadas, de todas las cosas desagradables que hacía como sonarse la nariz en la cabecera de la mesa a media comida o de llamarme cuando tenía el cabello largo Hippie comunista, re cuerdo también cuando más pequeño me llevó a la feria y a pesar de sus achaques en la espalda me acompañó a todos los juegos que quise, también de cuando me llevaba a comer pizza –que a él no le gustaba- y la llamaba comida de traidores a la patria.
Las noches con calor son terribles, te crean incomodidad en todo el cuerpo, si tienes hambre empeora, si estas enfermo también, si prendes el clima amaneces constipado, si te pones a pensar un poco te da insomnio.
Justo como a mí.
Cuando vi al abuelo muerto en su caja sentí ganas de reírme. Estaba muy triste, es la verdad, pero por algún motivo no puedo mostrarle a nadie mis sentimientos, menos a mi abuelo desde que me llamó hippie comunista o nena.
Hoy tenemos Luna llena, se ve desde mi ventana y no puedo dejar de recordar las historias sobre los lobos que me contaba; un día me dijo que mató a un lobo para sobrevivir cuando se perdió en el bosque con su hermano Samuel.
Mi abuelo fue un hombre de campo, humilde, casi montañés que jamás se sintió complacido con la ciudad como sus hijos si lo hicieron.
De vez en cuando se le veía nostálgico, de seguro añorando su infancia en el campo mientras miraba el cielo antes de caer irremediablemente dormido, así mismo estaba yo, intentando imaginar todo lo que el viejo vivió y jamás nos contó, seguramente algún día me iba a morir yo, no me imaginaba ese día.
Tic, tic, tic…tic, tic, tic…tic, tic.
El árbol que golpeaba mi ventana había sido plantado por él en un verano, fue un naturalista amante de los paisajes, parecía mi abuelo mismo que pedía asilo en mi cuarto para contarme alguna historia más, la sombra del árbol se proyectaba sobre mi cama a modo de espectro amenazante; cuando me percaté de esto sentí miedo.
De pronto al igual que de más pequeño el hueco de mi cama se me hizo un abismo en el que todo podía esconderse, los golpecitos de la rama se me hicieron un aviso de que la muerte me pedía asilo, el cuarto se hizo pequeño y me tapé con la cobija, con todo en medio del calor sofocante para ocultarme del miedo en si.
Según yo mi abuelo jamás sintió miedo.
Oculto en las cobijas me doy cuenta de que el aire es escaso, siento pesado todo el cuerpo, tengo demasiado sueño y siento justo en mi cara una respiración profunda y terrible.
Mi abuelito se hizo un fantasma.
Solo espero que en vez de tanta pendejada, me pueda evocar a editar bien mi libro.
jajajaja
gracias
Diego
margot-remi@hotmail.com
Siempre trato de evitar convivir en demasia conmigo mismo, no es que tenga miedos o fantasmas- o tal vez si-, es solo que no me simpatizo y por lo tanto se me vuelve insoportable estar a solas con mi propia conciencia; siempre que me pasa esto comienzo a esribir algo, lo que sea (justo como ahora) para no terminar de mal humor.
En la edición de un libro, no se tiene más: estas ahí y ya no tienes nada que inventar, solo debes pulir lo que has creado ya, no te entregas a fantasear idear destajar crear ni destruir.
Editar un libro supongo será un poco como hacer una estatua; todo está ahí, solo le das forma. Acá en estos días no le doy ni siquiera forma, a veces pienso que la forma está, que solo doy vueltas en círculos omitiendo cosas y cuidando otras religiosamente para no perder hilo en las historias.
Entonces, entre tanto tiempo, termino en absurdos totales retomo mi pasado, pienso en mi futuro e ignoro mi presente, me distraigo de lo que debo hacer y eso me preocupa mucho, he recibio inclusive regaños por mi displacencia actual.
Escribo cosas como la siguiente que les comparto con gusto:
El abuelito se hizo un fantasma
Tic, tic, tic…tic, tic, tic…tic, tic.
Hacía ya una semana que el abuelito había fallecido y no podía quitarme de la mente su cara flácida, pálida y helada, tenía la vista perdida mirando a los cielos, nadie tenía idea de qué fue lo último que vio.
Murió justo el día de su cumpleaños, por lo que exactamente vivió 77 años en los que la pesca y el box fueron sus principales aficiones y desde entonces las noches se me hacían infinitas, terribles, más negras de lo común. No era que yo pensara siquiera que el abuelo me visitaría en las noches en forma de espectro, era mi miedo a la muerte la que me ocupaba de forma terrible, la muerte de mis padres; la propia mía, aquella calavera con su hoz en algún rincón esperando a que yo me descuidara para hacer de nuevo de las suyas me mantenía en pánico constante.
En la calle no podía dejar de ver a todos lados: por algún lado podía llegar de mil formas, podía ahogarme comiendo una uva, me podían atropellar, el conductor del autobús podría haber tenido una mala noche y en un descuido perdido entre el sueño o el coraje podría chocar. No sé, la muerte de Rubén ha sido lo peor que me pudo haber pasado.
Un domingo antes de su muerte lo visitamos y soltó entre sus locuras de viejo que la abuela le había dicho que lo engañó mil veces con Fausto. Fausto era su rival de amores en la juventud, sin embargo el sinvergüenza llevaba más de diez años muertos a cuatro de la abuela.
Recuerdo con rencor los cocazos que de niño me propinaba por no comerme los apestosos hígados que la abuela me preparaba; sus regaños por comer demasiados caramelos, la vez que criticó que mi novia parecía una puta por el piercing que llevaba en el ombligo, cuando lo acompañé a la playa de vacaciones y mientras me bañaba me dijo que mi miembro me hacía lucir como una niña, en fin.
Sin embargo el viejo tenía buenas puntadas, de todas las cosas desagradables que hacía como sonarse la nariz en la cabecera de la mesa a media comida o de llamarme cuando tenía el cabello largo Hippie comunista, re cuerdo también cuando más pequeño me llevó a la feria y a pesar de sus achaques en la espalda me acompañó a todos los juegos que quise, también de cuando me llevaba a comer pizza –que a él no le gustaba- y la llamaba comida de traidores a la patria.
Las noches con calor son terribles, te crean incomodidad en todo el cuerpo, si tienes hambre empeora, si estas enfermo también, si prendes el clima amaneces constipado, si te pones a pensar un poco te da insomnio.
Justo como a mí.
Cuando vi al abuelo muerto en su caja sentí ganas de reírme. Estaba muy triste, es la verdad, pero por algún motivo no puedo mostrarle a nadie mis sentimientos, menos a mi abuelo desde que me llamó hippie comunista o nena.
Hoy tenemos Luna llena, se ve desde mi ventana y no puedo dejar de recordar las historias sobre los lobos que me contaba; un día me dijo que mató a un lobo para sobrevivir cuando se perdió en el bosque con su hermano Samuel.
Mi abuelo fue un hombre de campo, humilde, casi montañés que jamás se sintió complacido con la ciudad como sus hijos si lo hicieron.
De vez en cuando se le veía nostálgico, de seguro añorando su infancia en el campo mientras miraba el cielo antes de caer irremediablemente dormido, así mismo estaba yo, intentando imaginar todo lo que el viejo vivió y jamás nos contó, seguramente algún día me iba a morir yo, no me imaginaba ese día.
Tic, tic, tic…tic, tic, tic…tic, tic.
El árbol que golpeaba mi ventana había sido plantado por él en un verano, fue un naturalista amante de los paisajes, parecía mi abuelo mismo que pedía asilo en mi cuarto para contarme alguna historia más, la sombra del árbol se proyectaba sobre mi cama a modo de espectro amenazante; cuando me percaté de esto sentí miedo.
De pronto al igual que de más pequeño el hueco de mi cama se me hizo un abismo en el que todo podía esconderse, los golpecitos de la rama se me hicieron un aviso de que la muerte me pedía asilo, el cuarto se hizo pequeño y me tapé con la cobija, con todo en medio del calor sofocante para ocultarme del miedo en si.
Según yo mi abuelo jamás sintió miedo.
Oculto en las cobijas me doy cuenta de que el aire es escaso, siento pesado todo el cuerpo, tengo demasiado sueño y siento justo en mi cara una respiración profunda y terrible.
Mi abuelito se hizo un fantasma.
Solo espero que en vez de tanta pendejada, me pueda evocar a editar bien mi libro.
jajajaja
gracias
Diego
margot-remi@hotmail.com
viernes, 17 de julio de 2009
"Maldiciones"
"ahí frente a nosotros un árbol muerto, pero más muertos estamos tu y yo por dentro:
¿Qué ves en mis ojos?-Buscando ego.
No vi nada.
Quizá otro muerto como el árbol, como yo.
No somos tan distintos, ambos practicamos la desaparición de Houdini, sin vernos nos amamos a nosotros mismos.
A nadie más sabemos amar,aunque pasemos mil años juntos, jamás nos vamos a amar."
¿Qué es un árbol muerto?
un tronco que no ve ni siente, ni tiene hojas que hablen por él éntico, se queda mudo, sin verso ni gloria, ni lágrimas, ni hambre, es un alma penando en las azoteas, un tono del horizonte ignorado por los que no estamos ahí.
Es una lágrima segura a los tristes que vagan cuando el ocaso se muere.
Justo en el momento en que sabemos que no somos nadie.
Ni sentimos nada adentro del pecho.
¿Qué tengo yo?
Mis letras, mi amadas letras y mil y un farsantes que me odian y me admiran.
Y dos mil que se preguntan quién soy, y trece mil a quienes caigo mal, y millones que no saben que existo y que por eso me simpatizan.
Me tengo a mi, a mi soledad, a mis fantasmas y a mis miedos.
Tengo letras, voz y miles de yos dentro de mí.
Un pecho vacío que sangra y al mismo tiempo es un hoyo negro.
Que se libera de los espacios de soledad y tiempo, que mide con vara y descarta verdades obvias como la blancura del blanco o la podredumbre de lo cetrino.
Demasiado egoista, pasivo y apático.
¿Qué tienes tú?
Unos labios, unos ojos sin nada-o con nada-,un pasado al que temes y una historia que me es indiferente.
Un cuerpo de pecado que impúdico se muestra de pronto como un rato de olvido.
¿Que es el olvido?
Según Borges, el olvido es la peor venganza y el único perdón.
Porque tenemos un deseo frívolo y pequeño, no arde pasión, no soy pasional ni cálido.
Solo un caradura que ve con ojos de espejo, en mis ojos se ven todos reflejados. Mis ojos son trampa.
Y tú estas espléndida y hermosa temiendo, arrepintiéndote y disfruntando cada noche en mil regazos, disfrutando tú misma tu pálida piel y tu cuerpo curvo y fino.
Y ambos jugamos a hacernos los listos porque la vida lo quizo así.
Cercanos, pero lejanos, acompañándonos en nuestra soledad, a unos pasos, distantes a millones de años.
No sé donde dejaste tu corazón.
El mío se encuentra perdido, prestado con algún estafador empeñado.
Y ahí fingímos los dos que todo esta bien.
Esta bien siempre y cuando no nos preguntemos:
¿Cómo estas?
diegrocker@att.net.mx
¿Qué ves en mis ojos?-Buscando ego.
No vi nada.
Quizá otro muerto como el árbol, como yo.
No somos tan distintos, ambos practicamos la desaparición de Houdini, sin vernos nos amamos a nosotros mismos.
A nadie más sabemos amar,aunque pasemos mil años juntos, jamás nos vamos a amar."
¿Qué es un árbol muerto?
un tronco que no ve ni siente, ni tiene hojas que hablen por él éntico, se queda mudo, sin verso ni gloria, ni lágrimas, ni hambre, es un alma penando en las azoteas, un tono del horizonte ignorado por los que no estamos ahí.
Es una lágrima segura a los tristes que vagan cuando el ocaso se muere.
Justo en el momento en que sabemos que no somos nadie.
Ni sentimos nada adentro del pecho.
¿Qué tengo yo?
Mis letras, mi amadas letras y mil y un farsantes que me odian y me admiran.
Y dos mil que se preguntan quién soy, y trece mil a quienes caigo mal, y millones que no saben que existo y que por eso me simpatizan.
Me tengo a mi, a mi soledad, a mis fantasmas y a mis miedos.
Tengo letras, voz y miles de yos dentro de mí.
Un pecho vacío que sangra y al mismo tiempo es un hoyo negro.
Que se libera de los espacios de soledad y tiempo, que mide con vara y descarta verdades obvias como la blancura del blanco o la podredumbre de lo cetrino.
Demasiado egoista, pasivo y apático.
¿Qué tienes tú?
Unos labios, unos ojos sin nada-o con nada-,un pasado al que temes y una historia que me es indiferente.
Un cuerpo de pecado que impúdico se muestra de pronto como un rato de olvido.
¿Que es el olvido?
Según Borges, el olvido es la peor venganza y el único perdón.
Porque tenemos un deseo frívolo y pequeño, no arde pasión, no soy pasional ni cálido.
Solo un caradura que ve con ojos de espejo, en mis ojos se ven todos reflejados. Mis ojos son trampa.
Y tú estas espléndida y hermosa temiendo, arrepintiéndote y disfruntando cada noche en mil regazos, disfrutando tú misma tu pálida piel y tu cuerpo curvo y fino.
Y ambos jugamos a hacernos los listos porque la vida lo quizo así.
Cercanos, pero lejanos, acompañándonos en nuestra soledad, a unos pasos, distantes a millones de años.
No sé donde dejaste tu corazón.
El mío se encuentra perdido, prestado con algún estafador empeñado.
Y ahí fingímos los dos que todo esta bien.
Esta bien siempre y cuando no nos preguntemos:
¿Cómo estas?
diegrocker@att.net.mx
miércoles, 8 de julio de 2009
La creación de una novela.
¿Cual es la magia de escribir un libro?
¿Por que muchos dicen que no habrán vivido sin jamás haber escrito un libro?
Para muchos resulta intrascendente, aburrido, inútil, inservible, irrelevante o simplemente les causa indiferencia el escribir un libro, sin embargo, a pesar de todo lo que nos muestra el mundo actual existen románticos aún que seguimos creyendo en las letras, en la escritura, en la lectura y en que, para los escritores es un deber crear lectores.
La escritura es un medio de expresión útil y liberador, es un suceso recordable ausente del olvido si se practica, es una terapia, una necesidad para algunos, una gran experiencia para otros.
En esta ocasión les hablaré de mis primeras novelas, de mi primer escrito en el mundo, de mi escrito más "casquivano", y de todo aquello que las obras largas terminadas me han regalado a lo largo de ya -afortunadamente- muchos años amando las letras.
Como lo había mencionado tiempo antes en otro relato en este mismo medio, mi primer escrito fue una obra de teatro. A mi parecer es una obra mala, lenta, con demasiada información, muy engreída y científica, sin embargo jamás -sabiendo lo que esto signifique- escribiré en mi vida algo tan mío, tan natural, sincero y simple.
de esa obra recuerdo una frase demasiado inglesa (y mala) que se encuentra casi al final de la historia:
"...y entonces los que nacemos sabiendo cosas, las olvidamos cuando morimos, porque lo que somos en vida, no es nada en la muerte..."
Quizá lo que rescato de ese entonces es que me atreví a opinar sobre temas universales como la muerte y la justicia con -dicho con toda modestia- una idea inocente de lo que es la vida, con una idea del humano nacionalista y un orgullo por las patrias casi romántico.
Después crecí un poco más, comencé a escribir una novela (jamás finalizada) de ciencia ficción llamada "Soledad" -si, desde el inicio mis pésimos títulos- desarrollada en un futuro no muy lejano en el que la noche se apoderaba de una ciudad y en esta un niño de la que era mi edad entonces, desarrollaba una vida solitaria matizada por la aparición de algunos personajes que desaparecían a la brevedad. En ese trabajo se reflejaba mi innegable miedo a la muerte y a la soledad en ese entonces:
"...sombras se acercaban a mí todo el tiempo, no había noche y todo era noche..."
Actualmente considero que la historia no era mala, si mi forma de abordarla, y al final el hilo y el desarrollo de la trama resultó inconsistente por lo que dejé el proyecto tras tres meses.
En este hilo de escritos, unos meses después comencé una novela corta, jamás terminada también, llamada Susana; trataba de una familia de campo, en específico una niña que tras una pelea con su familia deseó su desaparición y como resultado obtiene misteriosamente el cumplimiento de su deseo. Como en "La dimensión desconocida" resulta que la chica tras el goce de descubrirse sola encuentra anomalías en la realidad y descubre que tras caminar horas fuera de su casa resulta imposible salir del prado. Atrapada en la nada, en un mundo paralelo sabe pues, que su vida llegará a su fin tarde o temprano.
"...algo no estaba bien, el mundo estaba, o demasiado grande, y al mismo tiempo lo sentía muy chico..."
Después me evoqué a la poesía, durante mucho tiempo me volví el típico aficionado tras sentirme derrotado, por mis historias malas, me di cuenta que debía hacer algo por mi causa y me refugié en los típicos poemas que quedaron muy ad hoc para mi adolescencia.
Algunos me gustan, otros no, y cuando me siento de ganas escribo alguno aún, pero debo decir que se me ha pasado el encanto por ellos.
Jamás me gustó declamar, además se prestaba mucho a que (por la misma edad) me pidieran constantemente que "les escribiera algo bonito".
Y fue justamente en el asunto del "caradurismo" en el que retomé las historias; la oportunidad se me presentó ante unos ojos verdes y claros, hermosisimos que un buen día se acercaron a mi:
"Oye, hola, ¿que tu escribes?"
Y entonces, atontado por dos ojos, una boca y un cabello castaño con aroma a violetas que me miraron un cuanto de tiempo y me pidieron como proyecto artístico hippie-un guión en el que "aquella musa", sería el amor imposible de algún tipo feo.
Para mi ese fue un proyecto demasiado coyoacanesco, pero lo hice, entonces metí todo mi resentimiento de ser un jovencito nerd, torpe socialmente y poco popular en la creación de aquel desairado amoroso.
Como resultado salió mi guión para "el espejo", lo escribí en tiempo record de cuatro días del cual rescato una frase:
"...y en todo ese mundo estaba yo en él, pero ausente. Y frente al espejo estaba también yo, que no quería estar en mi..."
Mi siguiente trabajo fue una novela larga llamada "En la nada", sin dudarlo puedo decir, que ha sido la que con más cariño y esfuerzo finalicé, la que más disfruté y con la cual descubrí que amaba escribiry que eso de la literatura sería algo que jamás-bueno o malo- podría dejar.
La historia es la primera de dos partes, de un grupo de sicarios de Ciudad Juarez que hacen de las suyas por toda la frontera del país; la historia comienza con la muerte de uno de los suyos y la trama trata de los problemas morales con los que estos se encuentran a lo largo del camino que recorren al descifrar la razón de la muerte de su compañero.
Cuenta con toques de ficción, es una novela basa sin embargo en la realidad de acción y tardé dos años en finalizarla, cuenta con trece capítulos y de ella rescato una frase:
"Imagina esto: en el Dart color azul Acapulco ibamos cinco matones en los asientos, y un muerto en la cajuela que cuando la abrimos apestaba a vicios de muerte..."
A la par de la realización de esta novela, escribí una novela corta también llamada "Lisa la Imposible", ubicada en la ciudad de chicago en finales de la segunda guerra mundial que trata del amor devoto que tiene un chico de catorce años a una casquivana y coqueta Lisa de 18 años con la que vive el romance de su vida.
"Lisa como la seda, lisa como mi lengua sobre su cuerpo, me mira Lisa y poco a poco cae la noche."
Tiempo después escribí la segunda parte de "En la Nada" esta obra lleva el nombre de "El sentir del silencio" y habla de la vida del hijo de uno de los personajes de la primer novela y la búsqueda de una venganza a ciegas.
"...Al día siguiente el periódico diría en su titular: Asesinato con maña en minisuper, cuatro muertos, uno de ellos decapitado..."
Después el escribir novelas se adecuó a mi vida, vino la divertidísima "Hoy no sale el Sol", una novela de un cuarentón jugando a ser adolescente y sus tramas amorosos, Lisa, que fue una Novela corta de una mujer fría que extraña a su madre, Paris no se lleva con el Sol, que habla del viaje en el tiempo y lo imposible de un romance gracias a esta cualidad tecnológica y Vías, mi única novela para niños que habla de un niño que extraña la llegada del tren a su pueblo y su salida camino a las vías en búsqueda de su destino.
Actualmente escribo "Primer" que es una novela romántica de un hipocondríaco con una mujer harta de la vida y "antes de que me digas adiós" que trata de un hombre viejo que tras recibir las noticias de su próxima muerte redescubre el sentido de la vida
a través de las cosas menos imaginadas.
Puedo decirles hoy que escribir es lo más bonito de mi vida, espero que jamás se me acaben las letras y que, a ustedes no se les terminen tampoco las ganas de leerme.
Sigamos en este círculo vicioso por favor.
Diego
icaro-triste@hotmail.com
¿Por que muchos dicen que no habrán vivido sin jamás haber escrito un libro?
Para muchos resulta intrascendente, aburrido, inútil, inservible, irrelevante o simplemente les causa indiferencia el escribir un libro, sin embargo, a pesar de todo lo que nos muestra el mundo actual existen románticos aún que seguimos creyendo en las letras, en la escritura, en la lectura y en que, para los escritores es un deber crear lectores.
La escritura es un medio de expresión útil y liberador, es un suceso recordable ausente del olvido si se practica, es una terapia, una necesidad para algunos, una gran experiencia para otros.
En esta ocasión les hablaré de mis primeras novelas, de mi primer escrito en el mundo, de mi escrito más "casquivano", y de todo aquello que las obras largas terminadas me han regalado a lo largo de ya -afortunadamente- muchos años amando las letras.
Como lo había mencionado tiempo antes en otro relato en este mismo medio, mi primer escrito fue una obra de teatro. A mi parecer es una obra mala, lenta, con demasiada información, muy engreída y científica, sin embargo jamás -sabiendo lo que esto signifique- escribiré en mi vida algo tan mío, tan natural, sincero y simple.
de esa obra recuerdo una frase demasiado inglesa (y mala) que se encuentra casi al final de la historia:
"...y entonces los que nacemos sabiendo cosas, las olvidamos cuando morimos, porque lo que somos en vida, no es nada en la muerte..."
Quizá lo que rescato de ese entonces es que me atreví a opinar sobre temas universales como la muerte y la justicia con -dicho con toda modestia- una idea inocente de lo que es la vida, con una idea del humano nacionalista y un orgullo por las patrias casi romántico.
Después crecí un poco más, comencé a escribir una novela (jamás finalizada) de ciencia ficción llamada "Soledad" -si, desde el inicio mis pésimos títulos- desarrollada en un futuro no muy lejano en el que la noche se apoderaba de una ciudad y en esta un niño de la que era mi edad entonces, desarrollaba una vida solitaria matizada por la aparición de algunos personajes que desaparecían a la brevedad. En ese trabajo se reflejaba mi innegable miedo a la muerte y a la soledad en ese entonces:
"...sombras se acercaban a mí todo el tiempo, no había noche y todo era noche..."
Actualmente considero que la historia no era mala, si mi forma de abordarla, y al final el hilo y el desarrollo de la trama resultó inconsistente por lo que dejé el proyecto tras tres meses.
En este hilo de escritos, unos meses después comencé una novela corta, jamás terminada también, llamada Susana; trataba de una familia de campo, en específico una niña que tras una pelea con su familia deseó su desaparición y como resultado obtiene misteriosamente el cumplimiento de su deseo. Como en "La dimensión desconocida" resulta que la chica tras el goce de descubrirse sola encuentra anomalías en la realidad y descubre que tras caminar horas fuera de su casa resulta imposible salir del prado. Atrapada en la nada, en un mundo paralelo sabe pues, que su vida llegará a su fin tarde o temprano.
"...algo no estaba bien, el mundo estaba, o demasiado grande, y al mismo tiempo lo sentía muy chico..."
Después me evoqué a la poesía, durante mucho tiempo me volví el típico aficionado tras sentirme derrotado, por mis historias malas, me di cuenta que debía hacer algo por mi causa y me refugié en los típicos poemas que quedaron muy ad hoc para mi adolescencia.
Algunos me gustan, otros no, y cuando me siento de ganas escribo alguno aún, pero debo decir que se me ha pasado el encanto por ellos.
Jamás me gustó declamar, además se prestaba mucho a que (por la misma edad) me pidieran constantemente que "les escribiera algo bonito".
Y fue justamente en el asunto del "caradurismo" en el que retomé las historias; la oportunidad se me presentó ante unos ojos verdes y claros, hermosisimos que un buen día se acercaron a mi:
"Oye, hola, ¿que tu escribes?"
Y entonces, atontado por dos ojos, una boca y un cabello castaño con aroma a violetas que me miraron un cuanto de tiempo y me pidieron como proyecto artístico hippie-un guión en el que "aquella musa", sería el amor imposible de algún tipo feo.
Para mi ese fue un proyecto demasiado coyoacanesco, pero lo hice, entonces metí todo mi resentimiento de ser un jovencito nerd, torpe socialmente y poco popular en la creación de aquel desairado amoroso.
Como resultado salió mi guión para "el espejo", lo escribí en tiempo record de cuatro días del cual rescato una frase:
"...y en todo ese mundo estaba yo en él, pero ausente. Y frente al espejo estaba también yo, que no quería estar en mi..."
Mi siguiente trabajo fue una novela larga llamada "En la nada", sin dudarlo puedo decir, que ha sido la que con más cariño y esfuerzo finalicé, la que más disfruté y con la cual descubrí que amaba escribiry que eso de la literatura sería algo que jamás-bueno o malo- podría dejar.
La historia es la primera de dos partes, de un grupo de sicarios de Ciudad Juarez que hacen de las suyas por toda la frontera del país; la historia comienza con la muerte de uno de los suyos y la trama trata de los problemas morales con los que estos se encuentran a lo largo del camino que recorren al descifrar la razón de la muerte de su compañero.
Cuenta con toques de ficción, es una novela basa sin embargo en la realidad de acción y tardé dos años en finalizarla, cuenta con trece capítulos y de ella rescato una frase:
"Imagina esto: en el Dart color azul Acapulco ibamos cinco matones en los asientos, y un muerto en la cajuela que cuando la abrimos apestaba a vicios de muerte..."
A la par de la realización de esta novela, escribí una novela corta también llamada "Lisa la Imposible", ubicada en la ciudad de chicago en finales de la segunda guerra mundial que trata del amor devoto que tiene un chico de catorce años a una casquivana y coqueta Lisa de 18 años con la que vive el romance de su vida.
"Lisa como la seda, lisa como mi lengua sobre su cuerpo, me mira Lisa y poco a poco cae la noche."
Tiempo después escribí la segunda parte de "En la Nada" esta obra lleva el nombre de "El sentir del silencio" y habla de la vida del hijo de uno de los personajes de la primer novela y la búsqueda de una venganza a ciegas.
"...Al día siguiente el periódico diría en su titular: Asesinato con maña en minisuper, cuatro muertos, uno de ellos decapitado..."
Después el escribir novelas se adecuó a mi vida, vino la divertidísima "Hoy no sale el Sol", una novela de un cuarentón jugando a ser adolescente y sus tramas amorosos, Lisa, que fue una Novela corta de una mujer fría que extraña a su madre, Paris no se lleva con el Sol, que habla del viaje en el tiempo y lo imposible de un romance gracias a esta cualidad tecnológica y Vías, mi única novela para niños que habla de un niño que extraña la llegada del tren a su pueblo y su salida camino a las vías en búsqueda de su destino.
Actualmente escribo "Primer" que es una novela romántica de un hipocondríaco con una mujer harta de la vida y "antes de que me digas adiós" que trata de un hombre viejo que tras recibir las noticias de su próxima muerte redescubre el sentido de la vida
a través de las cosas menos imaginadas.
Puedo decirles hoy que escribir es lo más bonito de mi vida, espero que jamás se me acaben las letras y que, a ustedes no se les terminen tampoco las ganas de leerme.
Sigamos en este círculo vicioso por favor.
Diego
icaro-triste@hotmail.com
miércoles, 10 de junio de 2009
Crònico orìnico de la ciudad
Todos tomamos algunos temas como propios y los defendemos a capa y espada quizà de un modo absurdo; ahì reside la libertad de expresiòn, todo aquello que muchos activistas dicen que no existe, sin embargo lo dicen -sintièndose quizà, hèroes baratejos por decirlo abiertamente- en medio de mitines y espacios pùblicos, como factores de cambio y reflexiòn.
A menudo se tiene la idea de que los jòvenes somos limitados, censurados, relegados y desprotegidos, si a eso le añadimos la idea, de que la juventud en el centro de la repùblica se convierte en una minoria tambièn, debido a la creciente reducciòn en los ìndices de nacimiento entre los que hoy son adultos jòvenes (repito, en el centro de la repùblica unicamente), nos sentiremos pues, ante un panoràma terrible.
En mis ùltimos viajes me he encontrado con ideas diversas, claras y definitivamente pèsimas sobre lo que somos los capitalinos-como en todo, con todos, siempre me dicen que nada es definitivo ni una ley.
Muchos nos ven como ojetes, simplones, fijados, inseguros, agresivos, abusivos y poco èticos.
Muchos piensan que toda la escoria del paìs proviene de la capital, que todos somos entonces, un tipo de ratas humanas, delincuentes-neuròticos, tristes y con malos gustos. (Se me olvidò agregar que crecidos de ego tambièn).
Sin embargo, -tan solo cuando estoy de buen humor- defiendo a la capital como pocos puesto que una simple caminata en ciertas partes de ella me hacen recodar la fascinaciòn que sentì por primera vez al aventurarme a explorarla a pedazos.
En la ciudad, si uno se mete por las partes que debiera y no aquellas en las que la delincuencia crece, y en las que, definitivamente , la mayoria de nosotros crecimos nos podemos encontrar con un aroma a historia, con ambientes bohemios y paisajes bellìsimos en los que la calma se puede alcanzar.
Hoy les hablarè de la plaza de toros, una moda españolìsima que tomò con la mal denominada "charrerìa", toques mexicanos que explican la razòn del paìs para hacer suyas todas las situaciones imaginables adoptadas o infundidas por el destino.
Fuera de cualquier regla moral, ètica o hippie que pudiese entrar en discusiòn respecto a este tema (que no profundizarè en ellos), hablarè de las bases-no de la historia- de la tauromaquia, e intentarè acercar a todos los escepticos, un poco a la comprensiòn de esta tradiciòn (sin descartar que a mi tambièn se me blande el corazòn cuando veo tan abuso y salvajismo involucrado en faenas corridas, motivadas al circo màs sangriento y despiadado).
El arte taurino basa sobre todas las situaciones al desafio que se impone ante la vida propia; pone a prueba el valor de los toreros que salen en pro de demostrar la valentìa y la estètica, a arriesgar su propia vida y poner (como en aquellos famosos circos romanos) su vida en juego contra la de una bestia que tras ser provocada tiende a atacar y defenderse en medio del pànico que el pùblico le causa a defender su vida lastimosamente.
Detràs de la crìa de los toros encontramos la elecciòn de sementales y hembras de clase para que las crìas que daràn su vida en pro del espectàculo, para formar una galante pareja que procrearà a una bandada de toros de lidia que seràn tan solo parte de alguna de las casas de crìa especializadas en este arte.
Generalmente los toros no se dejan broncos, sin embargo hasta unas semanas antes de su corrida se les da una vida de reyes, con cuidados especiales y se les permite contener su bravura.
Se dice que quizà la añoranza de aquella vida de la que son despojados sin màs les da el coraje para embestir al precipicio en la que al final encuentran el sable del torero y su muerte definitiva.
El torero es criado para serlo, desde pequeño, cuando muestra aptitudes crece con la idea y el honor que refiere este arte y es entrenado por alguna escuela o torero retirado, para asì llegar a la fama si es que la merece algùn dìa, si es que la fortuna se lo permite.
Su vida no es muy distinta a la del toro; crece sabiendo que juega la vida, es como en un partido de soccer el eterno local, que si se descuida puede perder o echar a perder su vida por alguna herida que le impida seguir con esta pasiòn.
Al torero todavìa hace un tiempo se le veìa generalmente como un ìdolo que fomentaba todos los valores que el hombre de bien debìa considerar en su vida.
Por eso viste con el traje de lentejuelas, puesto que este representa en su aspecto el honor, la valentìa, la estètica y la luz que representa de entre los demàs hombres al exponer su vida para demostrar sus cualidades.
El estar tan cercano a los cuernos del toro, al tan solo tapar su pobre vista casi al momento del contacto con su propia humanidad, debe entonces, representar un reto y un suceso nada comùn; observas a la muerte de frente, es ella o tù la que al final de dìa darà su ùltimo respiro.
Generalmente las corridas de toros se hacen en la tarde o en mañana, para ser especìficos de entre las doce o tres de la tarde; se vive ese instante como quizà el ùltimo y la postura del traje es un ritual en el que el torero se encomienda a Dios, al destino y a su propia valentìa.
En las corridas generalmente se observan a personajes de actualidad en las primeras filas, el jerez en parvillo es la bebida de tradiciòn en medio de la corrida; comprende un jerez puro añejado en un cuero, lo que le da un sabor màs refrescante y ligero.
Tambièn es tradiciòn la cerveza que hasta los años 60 se tomaba al tiempo, ya despuès, gracias a las tècnicas de congelaciòn, se puede disfrutar en todo su esplendor frìa y en envases de cartòn.
En cuanto a la preparaciòn de esta, tomamos ingredientes base para su preparaciòn:
Agua.
Malta.
Lùpulo.
Levadura.
El agua se calienta junto con la malta, que suelta su cuerpo y sabor dulce, tras este paso, se separa el cereal del lìquido, que tiene ya un color claro y muy dulce.
Tras una segunda exposiciòn al calor, se agrega el lùpulo, cuya inorporaciòn a la receta se debe a los monjes de Escocia, que lo agregaron debido a sus cualidades de conservaciòn, y que, definitivamente fue una apuesta acertada, ya que el lùpulo contiene un grado de amargura que da el sabor definitivo a la cerveza.
Al final, se agrega la levadura en el lìquido, lo cual descompone las propiedades de la bebida y las transforma en alcohol, ademàs de brindarles la gasificaciòn necesaria,para que se pueda llamar entonces la bebida como tal: cerveza.
Al final se retira la levadura, misma que puede ser utilizada en futuras preparaciones y tras dejarla "bien muerta" se puede disfrutar en todo su esplendor.
"chic"
margot-remi@hotmail.com
A menudo se tiene la idea de que los jòvenes somos limitados, censurados, relegados y desprotegidos, si a eso le añadimos la idea, de que la juventud en el centro de la repùblica se convierte en una minoria tambièn, debido a la creciente reducciòn en los ìndices de nacimiento entre los que hoy son adultos jòvenes (repito, en el centro de la repùblica unicamente), nos sentiremos pues, ante un panoràma terrible.
En mis ùltimos viajes me he encontrado con ideas diversas, claras y definitivamente pèsimas sobre lo que somos los capitalinos-como en todo, con todos, siempre me dicen que nada es definitivo ni una ley.
Muchos nos ven como ojetes, simplones, fijados, inseguros, agresivos, abusivos y poco èticos.
Muchos piensan que toda la escoria del paìs proviene de la capital, que todos somos entonces, un tipo de ratas humanas, delincuentes-neuròticos, tristes y con malos gustos. (Se me olvidò agregar que crecidos de ego tambièn).
Sin embargo, -tan solo cuando estoy de buen humor- defiendo a la capital como pocos puesto que una simple caminata en ciertas partes de ella me hacen recodar la fascinaciòn que sentì por primera vez al aventurarme a explorarla a pedazos.
En la ciudad, si uno se mete por las partes que debiera y no aquellas en las que la delincuencia crece, y en las que, definitivamente , la mayoria de nosotros crecimos nos podemos encontrar con un aroma a historia, con ambientes bohemios y paisajes bellìsimos en los que la calma se puede alcanzar.
Hoy les hablarè de la plaza de toros, una moda españolìsima que tomò con la mal denominada "charrerìa", toques mexicanos que explican la razòn del paìs para hacer suyas todas las situaciones imaginables adoptadas o infundidas por el destino.
Fuera de cualquier regla moral, ètica o hippie que pudiese entrar en discusiòn respecto a este tema (que no profundizarè en ellos), hablarè de las bases-no de la historia- de la tauromaquia, e intentarè acercar a todos los escepticos, un poco a la comprensiòn de esta tradiciòn (sin descartar que a mi tambièn se me blande el corazòn cuando veo tan abuso y salvajismo involucrado en faenas corridas, motivadas al circo màs sangriento y despiadado).
El arte taurino basa sobre todas las situaciones al desafio que se impone ante la vida propia; pone a prueba el valor de los toreros que salen en pro de demostrar la valentìa y la estètica, a arriesgar su propia vida y poner (como en aquellos famosos circos romanos) su vida en juego contra la de una bestia que tras ser provocada tiende a atacar y defenderse en medio del pànico que el pùblico le causa a defender su vida lastimosamente.
Detràs de la crìa de los toros encontramos la elecciòn de sementales y hembras de clase para que las crìas que daràn su vida en pro del espectàculo, para formar una galante pareja que procrearà a una bandada de toros de lidia que seràn tan solo parte de alguna de las casas de crìa especializadas en este arte.
Generalmente los toros no se dejan broncos, sin embargo hasta unas semanas antes de su corrida se les da una vida de reyes, con cuidados especiales y se les permite contener su bravura.
Se dice que quizà la añoranza de aquella vida de la que son despojados sin màs les da el coraje para embestir al precipicio en la que al final encuentran el sable del torero y su muerte definitiva.
El torero es criado para serlo, desde pequeño, cuando muestra aptitudes crece con la idea y el honor que refiere este arte y es entrenado por alguna escuela o torero retirado, para asì llegar a la fama si es que la merece algùn dìa, si es que la fortuna se lo permite.
Su vida no es muy distinta a la del toro; crece sabiendo que juega la vida, es como en un partido de soccer el eterno local, que si se descuida puede perder o echar a perder su vida por alguna herida que le impida seguir con esta pasiòn.
Al torero todavìa hace un tiempo se le veìa generalmente como un ìdolo que fomentaba todos los valores que el hombre de bien debìa considerar en su vida.
Por eso viste con el traje de lentejuelas, puesto que este representa en su aspecto el honor, la valentìa, la estètica y la luz que representa de entre los demàs hombres al exponer su vida para demostrar sus cualidades.
El estar tan cercano a los cuernos del toro, al tan solo tapar su pobre vista casi al momento del contacto con su propia humanidad, debe entonces, representar un reto y un suceso nada comùn; observas a la muerte de frente, es ella o tù la que al final de dìa darà su ùltimo respiro.
Generalmente las corridas de toros se hacen en la tarde o en mañana, para ser especìficos de entre las doce o tres de la tarde; se vive ese instante como quizà el ùltimo y la postura del traje es un ritual en el que el torero se encomienda a Dios, al destino y a su propia valentìa.
En las corridas generalmente se observan a personajes de actualidad en las primeras filas, el jerez en parvillo es la bebida de tradiciòn en medio de la corrida; comprende un jerez puro añejado en un cuero, lo que le da un sabor màs refrescante y ligero.
Tambièn es tradiciòn la cerveza que hasta los años 60 se tomaba al tiempo, ya despuès, gracias a las tècnicas de congelaciòn, se puede disfrutar en todo su esplendor frìa y en envases de cartòn.
En cuanto a la preparaciòn de esta, tomamos ingredientes base para su preparaciòn:
Agua.
Malta.
Lùpulo.
Levadura.
El agua se calienta junto con la malta, que suelta su cuerpo y sabor dulce, tras este paso, se separa el cereal del lìquido, que tiene ya un color claro y muy dulce.
Tras una segunda exposiciòn al calor, se agrega el lùpulo, cuya inorporaciòn a la receta se debe a los monjes de Escocia, que lo agregaron debido a sus cualidades de conservaciòn, y que, definitivamente fue una apuesta acertada, ya que el lùpulo contiene un grado de amargura que da el sabor definitivo a la cerveza.
Al final, se agrega la levadura en el lìquido, lo cual descompone las propiedades de la bebida y las transforma en alcohol, ademàs de brindarles la gasificaciòn necesaria,para que se pueda llamar entonces la bebida como tal: cerveza.
Al final se retira la levadura, misma que puede ser utilizada en futuras preparaciones y tras dejarla "bien muerta" se puede disfrutar en todo su esplendor.
"chic"
margot-remi@hotmail.com
martes, 26 de mayo de 2009
Poètica, subjetividad, incorporaciòn de los universales y bùsqueda de mi propia naturaleza a travès de las negativas de cuna.
¿Logran leer acaso el gran tìtulo de esta entrada?
¿Da fiaca verdad?
Bueno, sigo entonces en el tren de mis pèsimos tìtulos.
La poètica es parte de nuestras vidas,
existen palabras como: bonito, morado, sombras, cine, empalme, mar, silencio, burdeles, pena y clemencia que dan sentido a la vida.
Un minutero que camina como segundero, minutos que pasan como horas que sin darnos cuenta nos limitan a observar la cosas que no debieramos apreciar. En estado de hipersensibilidad, podemos saber a lo que sabe cada sonido que escuchamos y entonces podrìamos empalmar letras con nombres, onomatopeyas, sabores, colores, visiones, sensaciones en general, vista, tacto, gusto y miedo.
Miedo que se convierte en monotonia, como todo lo que algùn dìa nos asombrò y despuès se vuelve costumbre.
A muchos los sueños se les vuelven pesadillas -advierto- esto no va dirigido a suicidas ni a muertos vivientes que se observan en la orilla del mar pensando en lo que podrìan hacer si fuesen felices.
Hablar de infelices no me hace pensar en gente con certezas, muchos genios caminan por las calles presumiendo su rostros feos y sus olores rancios. Entonces en un mundo subjetivo los bonitos con un poquito menos de estupidez que los demàs son considerados geneticamente superiores. Nadie soporta el olor a humedad en un humano.
-dime la verdad-
-dime la verdad-
Se escucha en las miradas de mucha gente que camina en esas calles tambièn, ¿de quièn son ellos hijos?, ¿a quièn aman?
¿de donde viene su mala cara?, ¿còmo sobreviven cada noche? cuando esos minuteros que parecen cuentan horas hacen uso del miedo de todos.
Y despuès se mueren lento, lento, y reviven en segundos a presa de los minuteros que avanzan como centellas y poco lo dejan a uno soñar.
Pensando el otro dìa en que me alejo de mi naturaleza, encontrando mis primeros textos, en el mundo que contaban relatos de lugares que existieron en mi cabeza, tan solo por segundo recuerdo mi amor al surrealismo y mis primeros toques con el mismo, hechos con un èxito modesto,quizà algo mediocre y me leo hoy:
¿Me vale la pena ser comprendido, si divierto y me divierto, pero no me libero?
¿vale màs la pena ser incomprendido, si no divierto, me divierto y me libero?
Eso depende de mi señores, de mi y de Margot, que a ratos me regaña en la lìnea del ser o no ser, y me dice que odio a los hippies pero que me gusta la filosofia por eso: por filosa y poco fiable. Que me dice que soy igual pero menos filosofo y mas infalible, que las imàgenes de àrboles misteriosos en el paisaje no son obras de arte dependientes de Eolo que muestra su hiperrealismo como ensayo a lo visible a los que somos ciegos a lo mìtico.
Muchos se sientan frente a espejos y ven còmo envejecen, se concentran tanto, que envejecen en minutos un año o dos, aburridos lloran por la indiferencia del destino, lloran por las pausas o el tiempo indefinido, esos momentos que parecen suspendidos en lo inmòvil. Momentos de angustia que debajo de la cobija de una hermosa lluvia, se dicen cosas incomprensibles, se cantan amores acuosos, imposibles, se recuerdan sucesos tràgicos y se escuchan sonidos que no se pueden ubicar y se vuelven casi mìticos tambièn.
Algùn domingo en medio de la impasibilidad, escuchè a un niño llorar a lo lejos, fue completamente poètico, pues su llanto era de origen desconocido y parecìa venir del cielo. Un-algo que desconocìa lloraba por algo màs (desconocido tambièn) y ese llanto se lo podìa adjudicar a lo que yo quisiera: esa manzana mordida lloraba entonces por una estocada mortal dada por los labios de una jugosa mujer con vestido rojo: "el amor es un vestido rojo".
Tambièn regalè a mi sombra el llanto que venìa de los cielos, una sombra que llora por racismo y ruega a los cielos por vitiligo.
Una sombra blanca y no afroamericana.
Que se harta un dìa de su dueño, y viaja a buscar el amor ora de otra sombra, ora de una mujer de vestido rojo mientras su dueño se queda en un rincòn debajo de un chorro de agua tembando de frìo.
¿es el alma una sombra?
Jamàs sabremos para què sirve puesto que son de niños, nuestras mejores amigas, de adultos, esclavas africanas que jamàs son usadas ni amadas, jamàs son apreciadas y si se pudiera se venderian sin el menor remordimiento.
Las sombras son la poètica ignorada en todos.
La verdad es que dudamos de todo, de lo que hacemos en sitios que no deseamos y de lo que hacemos en esta vida.
¿debemos dudar de lo que hacemos aqui?
¿hacemos algo aqui?
Quizà el buscar significado a todo es tan solo una ilusiòn al gran vacìo que es la existencia de todos, no podemos procesar la idea de que desde que llegamos estamos muriendo y nos toca divertirnos o aburrirnos, o ser lo que podamos, en el mejor de los casos, que podamos para ser presas de los masones.
¿Da fiaca verdad?
Bueno, sigo entonces en el tren de mis pèsimos tìtulos.
La poètica es parte de nuestras vidas,
existen palabras como: bonito, morado, sombras, cine, empalme, mar, silencio, burdeles, pena y clemencia que dan sentido a la vida.
Un minutero que camina como segundero, minutos que pasan como horas que sin darnos cuenta nos limitan a observar la cosas que no debieramos apreciar. En estado de hipersensibilidad, podemos saber a lo que sabe cada sonido que escuchamos y entonces podrìamos empalmar letras con nombres, onomatopeyas, sabores, colores, visiones, sensaciones en general, vista, tacto, gusto y miedo.
Miedo que se convierte en monotonia, como todo lo que algùn dìa nos asombrò y despuès se vuelve costumbre.
A muchos los sueños se les vuelven pesadillas -advierto- esto no va dirigido a suicidas ni a muertos vivientes que se observan en la orilla del mar pensando en lo que podrìan hacer si fuesen felices.
Hablar de infelices no me hace pensar en gente con certezas, muchos genios caminan por las calles presumiendo su rostros feos y sus olores rancios. Entonces en un mundo subjetivo los bonitos con un poquito menos de estupidez que los demàs son considerados geneticamente superiores. Nadie soporta el olor a humedad en un humano.
-dime la verdad-
-dime la verdad-
Se escucha en las miradas de mucha gente que camina en esas calles tambièn, ¿de quièn son ellos hijos?, ¿a quièn aman?
¿de donde viene su mala cara?, ¿còmo sobreviven cada noche? cuando esos minuteros que parecen cuentan horas hacen uso del miedo de todos.
Y despuès se mueren lento, lento, y reviven en segundos a presa de los minuteros que avanzan como centellas y poco lo dejan a uno soñar.
Pensando el otro dìa en que me alejo de mi naturaleza, encontrando mis primeros textos, en el mundo que contaban relatos de lugares que existieron en mi cabeza, tan solo por segundo recuerdo mi amor al surrealismo y mis primeros toques con el mismo, hechos con un èxito modesto,quizà algo mediocre y me leo hoy:
¿Me vale la pena ser comprendido, si divierto y me divierto, pero no me libero?
¿vale màs la pena ser incomprendido, si no divierto, me divierto y me libero?
Eso depende de mi señores, de mi y de Margot, que a ratos me regaña en la lìnea del ser o no ser, y me dice que odio a los hippies pero que me gusta la filosofia por eso: por filosa y poco fiable. Que me dice que soy igual pero menos filosofo y mas infalible, que las imàgenes de àrboles misteriosos en el paisaje no son obras de arte dependientes de Eolo que muestra su hiperrealismo como ensayo a lo visible a los que somos ciegos a lo mìtico.
Muchos se sientan frente a espejos y ven còmo envejecen, se concentran tanto, que envejecen en minutos un año o dos, aburridos lloran por la indiferencia del destino, lloran por las pausas o el tiempo indefinido, esos momentos que parecen suspendidos en lo inmòvil. Momentos de angustia que debajo de la cobija de una hermosa lluvia, se dicen cosas incomprensibles, se cantan amores acuosos, imposibles, se recuerdan sucesos tràgicos y se escuchan sonidos que no se pueden ubicar y se vuelven casi mìticos tambièn.
Algùn domingo en medio de la impasibilidad, escuchè a un niño llorar a lo lejos, fue completamente poètico, pues su llanto era de origen desconocido y parecìa venir del cielo. Un-algo que desconocìa lloraba por algo màs (desconocido tambièn) y ese llanto se lo podìa adjudicar a lo que yo quisiera: esa manzana mordida lloraba entonces por una estocada mortal dada por los labios de una jugosa mujer con vestido rojo: "el amor es un vestido rojo".
Tambièn regalè a mi sombra el llanto que venìa de los cielos, una sombra que llora por racismo y ruega a los cielos por vitiligo.
Una sombra blanca y no afroamericana.
Que se harta un dìa de su dueño, y viaja a buscar el amor ora de otra sombra, ora de una mujer de vestido rojo mientras su dueño se queda en un rincòn debajo de un chorro de agua tembando de frìo.
¿es el alma una sombra?
Jamàs sabremos para què sirve puesto que son de niños, nuestras mejores amigas, de adultos, esclavas africanas que jamàs son usadas ni amadas, jamàs son apreciadas y si se pudiera se venderian sin el menor remordimiento.
Las sombras son la poètica ignorada en todos.
La verdad es que dudamos de todo, de lo que hacemos en sitios que no deseamos y de lo que hacemos en esta vida.
¿debemos dudar de lo que hacemos aqui?
¿hacemos algo aqui?
Quizà el buscar significado a todo es tan solo una ilusiòn al gran vacìo que es la existencia de todos, no podemos procesar la idea de que desde que llegamos estamos muriendo y nos toca divertirnos o aburrirnos, o ser lo que podamos, en el mejor de los casos, que podamos para ser presas de los masones.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Nostalgias
Siempre me dieron miedo los lugares cerrados, los completamente obscuros y terribles, aquellos en los que lo más lejos que uno percibe es el largo de la nariz, llegas a pensar que en cualquier momento te darás un golpe en la nariz o caerás en un precipicio invisible para morir irremediablemente. Cada noche, desde que tengo uso de razón me enfrento a ello hasta que el sueño me vence, me veo atrapado en abismos, inmerso en la nada, en lugares completamente vacíos e inmensos.
Todas esas ideas obedecen -definitivamente- a la educación derrotista que recibí de parte de mis padres, siempre he creído que soy carne de esclavos y que moriré así. Esta mañana no fue la diferencia.
Recostado sobre la cama con la mirada impasible hacia el techo mientras pensaba en la vecina Milagros, escuchando el rechinar de su catre ya que ella estaba en ese momento en pleno acto amoroso con Luis: un desempleado astuto del 422 que se tramó con la melancólica Milagros recién abandonada por su pareja de años.
Odio los domingos que desde hace tres semanas me remiten a este momento de ocio: de un hueco en la barriga pesado mientras un haz de luz entra por la ventana y me deja ver las diminutas partículas de polvo que levantan mi despertar.
Es mi alma que se vuelve vieja y que nadie en años ha recogido para darle reposo.
Los niños del edificio adjunto que juegan en el patio desde temprano y ríen mientras hacen travesuras.
Treinta y siete años he pasado viendo cómo todos son protagonistas de su propia vida mientras en la penumbra hoy me masturbo pensando en la patética Milagros y el canalla de Luis.
A lo lejos suena el carro de las paletas con la bocina vieja y medio quebrada de Samuel el jovato nevero que abastece a los niños no castigados en época de calores.
El rechinar del catre vecino se detiene y me levanto de mi lecho de nostalgia a la que siempre me remiten los domingos lentos y calurosos. "Son días de guardar".
Más tarde, cuando comienza el partido de béisbol de la temporada mexicana, escucho los gritos de los niños que rompen un cristal, ausente del mundo, con una cerveza en la mano siento en carne viva el trueno que se desprende de su travesura. El vidrio quebrado atraviesa y pone mi pelos de punta, siento profundo el sonido atravesar mi cráneo y quizá por achaques de la edad comienzo a tener una jaqueca.
Sucio, apático y sudoroso, apago el televisor y me dispongo a tomar una ducha, las cervezas que me habían provocado un leve mareo.
Prendo la regadera y mientras se llena la tina me observo en el espejo, ahí estoy borroso, completamente opaco y amarillento, más borroso que ayer. Tomo los anteojos postrados en la jabonera grasosa y e los pongo para apreciarme a detalle:
Amarillentos, feos, con una curva casi nula y profundos, me veía como un sapo con ellos, y mis arrugas, y mis patas de gallo, los años que no pasan en vano, todos esos recuerdos, esa vejez y esa soledad plañidera que domingo tras domingo se había acentuado tras años de desgaste natural.
El simple roce de los años y del viento al igual que sucede a todas las montañas y creaciones magníficas, me había llegado definitivamente. Me vi como un fósil, como un vejete inútil con reumas leves, poca resistencia al alcohol e incapaz de satisfacer a una mujer desde hace años.
Solo.
Desnudo y escuálido, frente a un espejo enmohecido en un baño sucio, algo ebrio y por lo tanto, nostálgico por mi pasado.
Recordé mi vida entera en minutos, olí a Minerva, el amor de mi vida. Una chica retozante y simpática de costumbres casquivanas que fue vecina mía hasta los 15 años.
De curvas insensatas y faldas cortas que pasaron de ser traviesas en niñez a la causa de mis noches de insomnio en la adolescencia baja.
Recuerdo sobre todo cuando fue mía por primera vez: yo jugaba aún a la rayuela con mis amigos en la vecindad que albergó mis épocas más bellas, esa misma que cayó hace años por ser vieja como yo.
Me llamó pidiéndole ayuda en su buró con una sonrisa maliciosa:
"no puedo bajar mi listón Samuel"-
Y ahí fui como todo un presumido ante la vista incrédula de mis amigos: Rubén, Santiago y Fernando, hoy ya muertos todos. También estaban Miguel y Sabino, el último la vez más reciente que supe de él me enteré de que se encuentra muy enfermo en un loquero. Que come lo que se encuentra y muerde a quien se le acerca, dicen que por una picadura de un bicho raro que lo atacó hace siete años.
Y subí entonces al cuarto de Minerva, cada pasó me acercó a mi adultez, con el corazón a galope, hoy cada paso me acerca a la muerte.
Entonces suena la puerta de mi solitario cuarto:
Toctoctoc.
Y no pienso salir a abrir, hoy no, ni quiero que me jodan ni la tristeza de las viejas vecinas metiches que sienten lástima por mi estampa de solitario sin familia.
Se cansan de tocar tras un rato y retomo mis recuerdos mientras me sumerjo en la cálida tina.
Más cálida que nunca, cierro los ojos y veo dentro de mi cabeza a Minerva cerrando la puerta de la habitación.
Mirándome coqueta:
"No vas a encontrar un listón menso"- Me dice pícara.
Y me quedé mutis e inmóvil; la vi caminar hacía mí mientras mi corazón se aceleraba aún más. Estos recuerdos que hago casi soñándolos me alejan del abismo que veo desde niño cuando cierro los ojos.
Puso sus manos en mi cuello y dejó ir todo su peso contra mí, sentí su joven cuerpo sobre el mío ávido de pasión y exploración, entonces, tras jugueteos logré recibirla como hombre. Recuerdo sus bragas color violeta tiradas junto a mi cabeza mientras ella se movía encima de mi, me sonería y me enamoré. Así de fácil eran esos años, así de fácil venían las cosas y se iban. Ahora no me quedaba más, solo ver como todo se iba, se iba y se perdía en el tiempo para jamás volver, apreciaba y sabía que el pasado no tenía sentido, era una época de nostalgias y fantasmas que tenía poco sentido ya.
Me acuerdo de sus curvas pequeñitas, de sus pezones rosados y de su cara perversa. De su melena china y castaña que le cubría la cabeza como una corona con aroma a lavanda y de su lengua pequeña e inquieta en mi boca. De esas piernas cortitas y carnosas, de esa faldita que usó y después desusó esa tarde.
Del bendito listón.
Milagros me recuerda mucho a Minerva.
La puerta de mi cuarto comenzó a sonar nuevamente mientras yo descansaba plácido en la tina, el agua mágicamente no se enfriaba y tras pensarme entre sueños viejos comencé a llorar.
El baño de azulejos amarillentos, pequeñito con la taza de baño junto a la tina a no más de un metro, el moho en las comisuras del azulejo tipo Veneciano, el techo sucio, el foco que estaba dando sus últimas luces y en el lavabo estaban mis lentes esperándome volver. Tan solo para darme otra vista en el espejo enmohecido.
A lo lejos Don Simón un viejo ambiguo como yo pone una canción a todo volumen que inunda el edificio, las escaleras que parecen un camino a la nada en picada mientras Ibrahim Ferrer le canta a la vida su crueldad.
Yo entendía a ese viejo.
Recordé mis juegos de niño, la sopa de fideos de mi abuela de los Lunes: esos tazones humeantes de caldo de pollo con hierbas de olor y fideos rosados y suaves.
Mis regaños, los años que corrieron más rápido que yo mismo, el tiempo cruel que me comió.
La puerta sonó de nuevo y me sentí con ganas de pasar el resto de mi vida en la tina, como en un líquido amniótico para arrugarme enserio, para recordar todo lo que fui, para llorar con un niñito ante el abrazo del agua y mi desnudez.
Y el sueño me inunda.
Abro los ojos y la imagen es clara.
El agua está roja, bañada de mi sangre.
En la cabeza llevo una corona de vidrios incrustados sobre la calva, sin fuerzas muero en condiciones parecidas a las de mi nacimiento, ahí, detrás de mis pupilas veo el abismo al que siempre he temido irremediablemente.
En unos días saldré en nota roja con el titular:
"Viejo muerto y abandonado"
REmi
Todas esas ideas obedecen -definitivamente- a la educación derrotista que recibí de parte de mis padres, siempre he creído que soy carne de esclavos y que moriré así. Esta mañana no fue la diferencia.
Recostado sobre la cama con la mirada impasible hacia el techo mientras pensaba en la vecina Milagros, escuchando el rechinar de su catre ya que ella estaba en ese momento en pleno acto amoroso con Luis: un desempleado astuto del 422 que se tramó con la melancólica Milagros recién abandonada por su pareja de años.
Odio los domingos que desde hace tres semanas me remiten a este momento de ocio: de un hueco en la barriga pesado mientras un haz de luz entra por la ventana y me deja ver las diminutas partículas de polvo que levantan mi despertar.
Es mi alma que se vuelve vieja y que nadie en años ha recogido para darle reposo.
Los niños del edificio adjunto que juegan en el patio desde temprano y ríen mientras hacen travesuras.
Treinta y siete años he pasado viendo cómo todos son protagonistas de su propia vida mientras en la penumbra hoy me masturbo pensando en la patética Milagros y el canalla de Luis.
A lo lejos suena el carro de las paletas con la bocina vieja y medio quebrada de Samuel el jovato nevero que abastece a los niños no castigados en época de calores.
El rechinar del catre vecino se detiene y me levanto de mi lecho de nostalgia a la que siempre me remiten los domingos lentos y calurosos. "Son días de guardar".
Más tarde, cuando comienza el partido de béisbol de la temporada mexicana, escucho los gritos de los niños que rompen un cristal, ausente del mundo, con una cerveza en la mano siento en carne viva el trueno que se desprende de su travesura. El vidrio quebrado atraviesa y pone mi pelos de punta, siento profundo el sonido atravesar mi cráneo y quizá por achaques de la edad comienzo a tener una jaqueca.
Sucio, apático y sudoroso, apago el televisor y me dispongo a tomar una ducha, las cervezas que me habían provocado un leve mareo.
Prendo la regadera y mientras se llena la tina me observo en el espejo, ahí estoy borroso, completamente opaco y amarillento, más borroso que ayer. Tomo los anteojos postrados en la jabonera grasosa y e los pongo para apreciarme a detalle:
Amarillentos, feos, con una curva casi nula y profundos, me veía como un sapo con ellos, y mis arrugas, y mis patas de gallo, los años que no pasan en vano, todos esos recuerdos, esa vejez y esa soledad plañidera que domingo tras domingo se había acentuado tras años de desgaste natural.
El simple roce de los años y del viento al igual que sucede a todas las montañas y creaciones magníficas, me había llegado definitivamente. Me vi como un fósil, como un vejete inútil con reumas leves, poca resistencia al alcohol e incapaz de satisfacer a una mujer desde hace años.
Solo.
Desnudo y escuálido, frente a un espejo enmohecido en un baño sucio, algo ebrio y por lo tanto, nostálgico por mi pasado.
Recordé mi vida entera en minutos, olí a Minerva, el amor de mi vida. Una chica retozante y simpática de costumbres casquivanas que fue vecina mía hasta los 15 años.
De curvas insensatas y faldas cortas que pasaron de ser traviesas en niñez a la causa de mis noches de insomnio en la adolescencia baja.
Recuerdo sobre todo cuando fue mía por primera vez: yo jugaba aún a la rayuela con mis amigos en la vecindad que albergó mis épocas más bellas, esa misma que cayó hace años por ser vieja como yo.
Me llamó pidiéndole ayuda en su buró con una sonrisa maliciosa:
"no puedo bajar mi listón Samuel"-
Y ahí fui como todo un presumido ante la vista incrédula de mis amigos: Rubén, Santiago y Fernando, hoy ya muertos todos. También estaban Miguel y Sabino, el último la vez más reciente que supe de él me enteré de que se encuentra muy enfermo en un loquero. Que come lo que se encuentra y muerde a quien se le acerca, dicen que por una picadura de un bicho raro que lo atacó hace siete años.
Y subí entonces al cuarto de Minerva, cada pasó me acercó a mi adultez, con el corazón a galope, hoy cada paso me acerca a la muerte.
Entonces suena la puerta de mi solitario cuarto:
Toctoctoc.
Y no pienso salir a abrir, hoy no, ni quiero que me jodan ni la tristeza de las viejas vecinas metiches que sienten lástima por mi estampa de solitario sin familia.
Se cansan de tocar tras un rato y retomo mis recuerdos mientras me sumerjo en la cálida tina.
Más cálida que nunca, cierro los ojos y veo dentro de mi cabeza a Minerva cerrando la puerta de la habitación.
Mirándome coqueta:
"No vas a encontrar un listón menso"- Me dice pícara.
Y me quedé mutis e inmóvil; la vi caminar hacía mí mientras mi corazón se aceleraba aún más. Estos recuerdos que hago casi soñándolos me alejan del abismo que veo desde niño cuando cierro los ojos.
Puso sus manos en mi cuello y dejó ir todo su peso contra mí, sentí su joven cuerpo sobre el mío ávido de pasión y exploración, entonces, tras jugueteos logré recibirla como hombre. Recuerdo sus bragas color violeta tiradas junto a mi cabeza mientras ella se movía encima de mi, me sonería y me enamoré. Así de fácil eran esos años, así de fácil venían las cosas y se iban. Ahora no me quedaba más, solo ver como todo se iba, se iba y se perdía en el tiempo para jamás volver, apreciaba y sabía que el pasado no tenía sentido, era una época de nostalgias y fantasmas que tenía poco sentido ya.
Me acuerdo de sus curvas pequeñitas, de sus pezones rosados y de su cara perversa. De su melena china y castaña que le cubría la cabeza como una corona con aroma a lavanda y de su lengua pequeña e inquieta en mi boca. De esas piernas cortitas y carnosas, de esa faldita que usó y después desusó esa tarde.
Del bendito listón.
Milagros me recuerda mucho a Minerva.
La puerta de mi cuarto comenzó a sonar nuevamente mientras yo descansaba plácido en la tina, el agua mágicamente no se enfriaba y tras pensarme entre sueños viejos comencé a llorar.
El baño de azulejos amarillentos, pequeñito con la taza de baño junto a la tina a no más de un metro, el moho en las comisuras del azulejo tipo Veneciano, el techo sucio, el foco que estaba dando sus últimas luces y en el lavabo estaban mis lentes esperándome volver. Tan solo para darme otra vista en el espejo enmohecido.
A lo lejos Don Simón un viejo ambiguo como yo pone una canción a todo volumen que inunda el edificio, las escaleras que parecen un camino a la nada en picada mientras Ibrahim Ferrer le canta a la vida su crueldad.
Yo entendía a ese viejo.
Recordé mis juegos de niño, la sopa de fideos de mi abuela de los Lunes: esos tazones humeantes de caldo de pollo con hierbas de olor y fideos rosados y suaves.
Mis regaños, los años que corrieron más rápido que yo mismo, el tiempo cruel que me comió.
La puerta sonó de nuevo y me sentí con ganas de pasar el resto de mi vida en la tina, como en un líquido amniótico para arrugarme enserio, para recordar todo lo que fui, para llorar con un niñito ante el abrazo del agua y mi desnudez.
Y el sueño me inunda.
Abro los ojos y la imagen es clara.
El agua está roja, bañada de mi sangre.
En la cabeza llevo una corona de vidrios incrustados sobre la calva, sin fuerzas muero en condiciones parecidas a las de mi nacimiento, ahí, detrás de mis pupilas veo el abismo al que siempre he temido irremediablemente.
En unos días saldré en nota roja con el titular:
"Viejo muerto y abandonado"
REmi
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